ENTREVISTA
Araceli Álvarez, la guionista cordobesa de 'Machos Alfa': “Somos un país que está perdiendo el humor”

Araceli Álvarez de Sotomayor.

Araceli Álvarez de Sotomayor tenía 34 años cuando dio un carpetazo a su vida. Dirigía con éxito un bufete de abogados en Marbella y fue allí donde, en un cursillo municipal de interpretación, se acabó decidiendo a dar el paso. Su historia da para una sitcom como las que escribe hoy esta cordobesa, una de las guionistas de Machos Alfa, el nuevo fenómeno de la comedia española, esta vez en Netflix, y otro golpe sobre la mesa por parte del equipo de Alberto Caballero.

La guionista cordobesa lleva casi 15 años integrada en ese equipo. Entró en La que se avecina justo cuando la serie comenzaba su espiral desternillante hacia el humor pasado de rosca, dejando atrás el tono más blanco de su predecesora, Aquí no hay quien viva. Álvarez de Sotomayor reconoce que fue aquella primera serie, aquel divertidísimo y exitoso remedo de13 rue del percebe, la que le robó el corazón. Así se lo dijo a Alberto Caballero la noche que se conocieron en un bar.

Hoy, muchos años después, forma parte de un tándem que, con muchos más defensores que detractores, ha hecho historia de la comedia en España desde la televisión generalista, y parece que tiene intención de seguir haciéndolo desde las plataformas. Pero, ¿quién es Araceli Álvarez de Sotomayor y cómo ha acabado esta cordobesa diciendo barbaridades en una sala de guionistas?

Hacer humor es muy divertido y también muy exigente

Araceli Álvarez de Sotomayor Guionista

PREGUNTA. La primera es de cajón: ¿Cómo acaba la directora de un bufete de abogados a la sala de Guionistas de LQSA?

RESPUESTA. La cosa es que, desde pequeñita, me gustaba todo lo artístico. El piano, la danza, la interpretación… pero cuando acabé COU, que había sido una estudiante buenísima, le planteé a mi padre que quería estudiar Arte Dramático y me dijo que eso mi prima la de Burgos. Que eso no era una profesión, que eso era un hobby. Y efectivamente, estudié Derecho un poco obligada, y bueno, acabé montando un despacho en Marbella y estuve regentándolo nueve años. Pero nunca se me quitó el mono de actuar y me apunté un curso de arte dramático del Ayuntamiento en Marbella, y ahí ya lo decidí. Entonces, vendí mi parte del despacho y me vine a Madrid a estudiar arte dramático.

P. ¿Qué edad tenías entonces?

R. Pues 34 años. Yo era la abuela de la clase. La gente tenía 18, 19… De hecho, me bautizaron La Abu. Pero como yo era la más marchosa, porque salía todos los fines de semana, mis compañeros siempre estaban: “Llama a La Abu, que La Abu sale seguro” (Se ríe). La cosa es que monté una compañía de teatro y tuve una función que nos compró la Comunidad de Madrid y estuvimos dando bandazos por toda España con ella. Y además, era una cosa de una compañera que era muy buena actriz y mía. O sea, que nosotros actuábamos, producíamos, montábamos escenario y los desmontábamos. Era una cosa de titiriteros. Una compañía como las de antes. 

P. ¿Y cómo acabas en La que se avecina?

R. Pues porque yo tenía un novio que era muy amante de La que se avecina. Y un día, que volvíamos de Murcia de hacer una función, me escribió porque estaba con los productores y guionistas de la serie en un bar. Y él estaba todo el rato: ¡Que te vengas! Y yo: ¡Que no! Total, que me acabó recogiendo en moto y me llevó al bar. Y acabé conociendo a Alberto Caballero y le dije que me encantaba la serie. Que había sido una de las motivaciones por las que había ido a estudiar a Madrid. Y él, muy amable, me dijo que le mandara el videobook por si quería hacer un papel. Y yo le dije: ¿Y de guionista? No sé por qué me iluminó ahí el Espíritu Santo. Y él me dijo: ¿Pero tú escribes? “Yo tengo una obra de teatro ahora mismo por toda España y soy monologuista”. Así que Alberto me dijo: venga, hazme una prueba, que guionistas mujeres de comedia no hay, es dificilísimo. Total, que ahí que fui yo. Recuerdo que me encerré en mi casa de Marbella a escribir un guión de televisión, sacando de internet información de lo que era una escaleta, porque yo no había escrito un guión de televisión en mi vida.

P. ¿Y le gustó?

R. Pues le mandé la prueba y tardó mucho en responderme. Me acuerdo que estaba de los nervios. Pero al final me respondió que le había gustado mucho y que me quería hacer una segunda prueba y, si la superaba, estaba dentro. La segunda prueba fue escribir una trama entera de uno de los personajes y yo me metí en una trama comunitaria. Y esa también le gustó. Y entré. Y ahí he estado más de once años.

P. Historia de la televisión en España

R. Sí, total. Yo de la que estaba enamorada era de Aquí no hay quien viva. Pero esa ya no existía. Yo entré en La que se avecina en la temporada sexta. Pero, a lo tonto, pues son once años. 

P. Salvando Cuéntame, no ha habido una serie más longeva en España en las últimas dos décadas

R. No, no la habido. De comedia no. El mérito es que es comedia, porque una serie de comedia que se sostenga con episodios de ochenta minutos, que es lo que dura prácticamente una película… Ahí es dónde la gente dice: ¿Cómo lo hacéis?

Ahora mismo, 'La que se avecina' no podría nacer, porque cualquier cosa que dices se malinterpreta

Araceli Álvarez de Sotomayor Guionista

P. Venga, pues ¿cómo se hace?

R. Pues trabajando sin parar. Cuando yo me incorporé, el trabajo se hacía todo junto. Desde el principio al final. Yo eso, aunque lo entendía, no lo tenía claro. Por un lado, que estuvieran todas las cabezas pensantes juntas en la misma sala era la fórmula de su éxito, pero por otro lado veía a mi alrededor muchos amigos guionistas que, en el ciclo de preparación, pues escriben por separado y luego mandan su material. Entonces, con los años, hemos hecho un híbrido: juntos escribimos las escaletas de las tramas y luego, cada uno en su casa, escribe los diálogos de sus tramas. Finalmente, volvíamos a encontrarnos de nuevo y se ponía en común. Ahí ya se monta el capítulo y se repasan los diálogos, que se afinan en tiempo real.

P. O sea, que hacer humor es un trabajo muy serio y mecanizado.

R. Ufff… Te diré y te contaré. Y con mucha tensión. A veces los tiempos apremian, tienes que entregar y vas mal… Hacer humor es muy divertido y también muy exigente. La gente me dice: Joe, te pagan por decir chorradas. Y yo, sí, ojalá. De eso nada, monada.

P. Además, las series de vuestro equipo ha hecho un humor muy bestia, a pesar de que vivimos tiempos de ofendiditos. 

R. Eso ha sido una suerte. La verdad es que Telecinco nunca ha censurado nada de lo que decíamos. Ahora mismo, La que se avecina no podría nacer, porque cualquier cosa que dices se malinterpreta, todo el mundo se echa encima, todo el mundo se ofende, cuando no es uno es otro… Ahora nos llegan cartas de 50.000 gremios, que si hemos dicho no se qué, que si hemos dicho no sé cuántos… La verdad, siempre hemos hecho lo que nos ha dado la gana y ha sido porque nunca nos han censurado. Hemos tenido esa suerte que, me consta, otras series no han tenido. Y creo que, precisamente, eso es lo que le sigue gustando a la gente de La que se se avecina, que no nos cortamos ni con un cristal, que hacemos humor con lo que nos da la gana.

P. Y aún así, se habrán quedado chistes y gags en la sala de guionistas…

R. Hombre, a ver, claro. Es que nosotros tres, Alberto, Dani y yo, decimos unas burradas… Pero claro, es nuestro humor, nos entendemos y sabemos con qué intención lo decimos. Muchas veces pensamos que, si nos oyera la gente, nos echarían del gremio. Porque, si nuestro humor es negro y cruel, en petit comité, decimos las cosas sin tapujos, más a lo bestia. El humor es que se presta a eso: va subiendo y subiendo hasta que desvarías y a ver quién dice la mayor burrada. Y hay cosas que decimos que sabemos desde primera hora que no va a ir al guión, porque es inviable. 

P. ¿Cómo cambia eso con Machos Alfa? La serie ha sido un pelotazo brutal. ¿Esperabais este éxito?

R. Aunque suena mal, yo sí lo esperaba. Yo internamente sabía que iba a funcionar por varios motivos. El primero y principal es que se necesitaba una comedia española de plataformas. Y con un tema muy concreto, porque a veces las comedias se dispersan, no sabes lo que están contando. Pero, en este caso teníamos el tema de la masculinidad tóxica, que está tan en boga que es un tema que se me hace hasta pesado. 

P. ¿En qué sentido?

R. Evidentemente a mí me parece súper bien que se vayan resolviendo escollos que había respecto al machismo que eran brutales. Pero, pienso como en todo: las cosas son mejores con mesura y con progresión, y que no sea aprovechar las circunstancias para irse de madre. Nosotros lo que hablamos es que los pobres hombres ahora mismo sienten una presión social increíble. De hecho, hay una frase que me encanta de Machos Alfa, cuando uno de los protagonistas dice: “Ahora mismo, si tienes polla, eres el diablo”. Yo realmente, ahora mismo pienso: “Pobrecitos los hombres, que no se les ocurra decir cualquier cosa”. Pero, también pienso que sigue habiendo mucho machirulo retrógrado que necesita un curso de reconstrucción o reprogramar su mente. Lo que ocurre es que pagan justos por pecadores. Hay gente que está en otra onda. Pero esto es lo que pasa con los movimientos sociales, que no discriminan. Cuando hay un movimiento se mete a todo el mundo en el mismo saco. 

P. Pero es que eso es pura comedia. La guerra de sexos lleva siendo uno de los principales temas de la comedia clásica. 

R. Totalmente. Es que lo tenéis jodido.

P. ¿Cuál es tu comedia favorita?

R. Buff… qué difícil. No podría decirte… Pero, a ver, a mí me sigue pareciendo una obra maestra Friends. Yo me la sigo tragando siempre que la echan. Lo vuelvo a ver y lo vuelvo a ver. Y digo: Hay que ver esta serie que era súper sencilla… Es que no se comían nada la cabeza, eran cuatro gags, entrar y salir. Y funciona como un tiro. A mí me encanta Friends. Me parece una obra de arte.

Yo ahora pienso: “Pobrecitos los hombres, que no se les ocurra decir cualquier cosa”. Pero, también pienso que sigue habiendo mucho machirulo retrógrado que necesita un curso de reconstrucción

Araceli Álvarez de Sotomayor Guionista

P. ¿Y qué cambia al trabajar en una plataforma como Netflix?

R. En el trabajo diario, la sensación es la misma. Yo no he notado una gran diferencia en eso. La gran diferencia es que las plataformas pagan mejor que las cadenas generalistas (Se ríe). Y luego me gusta mucho que tienen mentalidad americana. Yo soy una fan de los americanos a nivel negocio. Los españoles somos unos chapuceros de narices para todo. Los americanos tienen una mentalidad de industria brutal. Te tratan con generosidad, mientras que la mentalidad del español es más la de “coger, coger, coger”. Los americanos son muy listos, saben que ellos dependen del talento. Es que ellos han bautizado a estas cosas como talento y es porque saben que la gallina de los huevos de oro eres tú. Eso me gusta mucho. Me gusta cómo piensan y que te cuidan muchísimo.

P. Araceli, ¿qué personaje de todos los que has escrito tiene más de ti?

R. Pues te diría que Fermín, de La que se avecina, el de Fernando Tejero (Suelta una gran carcajada). Fermín para mí es especial. Yo siempre me pido las tramas de Fermín y las de Menchu y Yoli. Porque tengo una maruja dentro, como Menchu y Yoli. Son dos personajes maravillosos. Sobre todo Menchu, porque me parece maravillosa esa maruja liberada casi a los 70 años. Pero me gusta mucho Fermín porque tiene esas raíces andaluzas nuestras, esa picardía, esa gracia, ese creerse uno más de lo que es, ese algo tan de nuestra tierra, que somos muy fanfarrones y fantasmas. Me encanta Fermín, no porque me identifique con él, sino porque como he visto tantos Fermines a lo largo de mi vida, pues me encanta ese personaje. Y además, me recuerda mucho a mi padre (Se ríe)

P. Entiendo que como no trabajaste en Aquí no hay quien viva ese ¡Cipote! tan cordobés que soltaba Fernando no es obra tuya.

R. No. Eso fue creación de Fernando Tejero. El cipote es muy cordobés. Eso quien no sea de Córdoba le suena rarísimo. Nosotros estamos muy familiarizados, aunque se ha perdido el cipote cordobés, yo ya lo oigo muy poco. 

P. ¿Algún otro detallito cordobés que hayas metido en los guiones? 

R. Un montón de palabras cordobesas cada vez que las meto en los guiones, me dicen Alberto y Dani: “Eso no existe”. Y yo: Claro que existe, lo que pasa es que aquí os sabéis cuatro palabras y vais de guays. Entonces muchas veces lo busco en la RAE y les demuestro que existe. Es que en Córdoba sencillamente usamos palabras con nuestro propio uso, que no son cordobismos. Me acuerdo un día que dije: “Espurreo el agua”. Y ellos:¿Espurreo? ¿Eso existe? Y se lo saqué. A Fermín le meto muchas palabras así. O como “acoquinar”, que en realidad es apoquinar, pero en Córdoba decimos “acoquina”. 

P. Y eso que dicen que los cordobeses somos serios

R. Yo no lo creo. Yo a los cordobeses no los veo serios. Yo en Córdoba lo que sí percibo es todavía el clasismo. Toda esa tontería del Barbour, las monterías, cosas desfasadísimas. Eso me chirría cada vez que voy. Macho, siglo XXI, vamos a espabilar un poco. Eso es lo único que me fastidia de Córdoba.

P. ¿Qué dice nuestro humor de España?

R. Pues fíjate, yo creo que éramos un país maravilloso para el humor y somos un país que está perdiendo el humor y que ya no nos reímos de prácticamente nada. Me da pena pero es así. Y eso lo han conseguido los políticos, que han conseguido crisparnos a todos. Yo noto una crispación generalizada y una forma de comunicarse errónea. Hay un mal humor y una susceptibilidad… Se ha perdido mucho sentido del humor. A mí me da mucha pena pero, fíjate, con Machos Alfa ha sido la primera vez que comenzamos a cuestionarnos qué podíamos y qué no podíamos decir. Eso no nos pasaba antes. Y no por Netflix, sino por el público. Y como empieces por ahí, mal vas. El humor tiene que ser libre. 

Con 'Machos Alfa' ha sido la primera vez que comenzamos a cuestionarnos qué podíamos y qué no podíamos decir

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