Urbanismo rechaza una discoteca junto al avión cultural

Recreación virtual del proyecto en el avión cultural | CORDÓPOLIS
Se trata de la segunda fase de la concesión del entorno del avión cultural, previsto como centro polivalente de ocio | El proyecto, cuyo plazo de ejecución concluye este año, ya ha sido rechazado tres veces en un año por los técnicos de la GMU

Los técnicos de la Gerencia de Urbanismo han vuelto a decir “no” a la concesión de la licencia de obras para el proyecto de un “Centro Polivalente” en el entorno del avión cultural, en el Balcón del Guadalquivir. El motivo es claro: lo que se está planteando no es otra cosa sino una discoteca o sala de fiestas que “no se puede asimilar”  ni por cuestiones de aislamiento acústico, ni por los usos en este emplazamiento en concreto ni por tratarse de una zona en suelo no urbanizable, para lo que se necesita informes del servicio de planeamiento y del gabinete técnico de la GMU, para justificarlos, reza el documento al que ha tenido acceso este medio y que se produce como respuesta a un documento presentado por la empresa el 19 de enero.

Con ésta, van tres negativas en un año a las pretensiones de la empresa adjudicataria, a la que los técnicos que han elaborado el informe recuerdan que no está respondiendo a las peticiones de aclaración y usos que se le llevan planteando desde el mes de enero del pasado año. Antes, en diciembre de 2013 ya se reclamó que se ajustasen a la normativa en materia de espectáculos públicos, ya que el proyecto contempla gradas, así como justificación de los aspectos concretos de esta segunda fase de las obras, antes se había instalado un bar en el entorno.

El proyecto, con un coste de 414.000 euros, lleva desde ese momento viajando desde la Gerencia Municipal de Urbanismo al buzón de la empresa adjudicataria que recibe la primera comunicación en marzo de 2014 en la que, atendiendo a los usos previstos en el Plan Especial del Guadalquivir no se puede autorizar una “sala de fiestas”, ya que solo están permitidos usos deportivos, educativos, aparcamientos, sociales, quioscos para bares y restaurantes, teatros y equipamientos de interés para la ciudad.

La empresa responde en junio de ese mismo año y aporta una memoria en la que especifica los usos que pretende implantar en el entorno del DC-7: tres salas polivalentes dedicadas a conferencias, exposiciones, bar con música y eventos teatrales. Junto a esto, proyecciones audiovisuales en el avión, una terraza-bar y teatro al aire libre. La respuesta llega en el mes de julio y, una vez más, Urbanismo rechaza conceder la licencia porque “con independencia de los usos mencionados en la memoria, se mantienen referencias a usos no permitidos como discoteca” y que esas tres salas polivalentes “tienen una distribución propia de salas de fiestas”. Una vez más, de vuelta a la empresa.

A la vista de esta situación, en el mes de diciembre la adjudicataria solicita trámite de audiencia para tratar de explicar de nuevo el proyecto y defiende que, en el pliego de licitación se justificaban las actuaciones musicales “para promover y generar entre los artistas y público la marca musical en Córdoba”. Junto a esto, aseguran cumplir con toda la normativa en materia de horarios y muestran su desacuerdo con el término “sala de fiestas”, señalando que se ha cambiado por la calificación de “bar con música”-recomendado por lo técnicos de la GMU- y que la distribución de las salas polivalentes da para mucho más que para una discoteca; motivos por los que no entraría en conflicto con los usos de la zona ni con la calificación del suelo.

El plazo expira este año

La respuesta de Urbanismo es la mencionada del mes de enero de este año. Los técnicos siguen viendo una discoteca donde la empresa dice “bar con música”. El proyecto sigue, por tanto paralizado y los plazos comienzan a agotarse, ya que el pliego de adjudicación preveía una duración máxima de tres años para la conclusión de la obras. La fecha tope en el último trimestre de este año y, por el momento, del proyecto original solo hay un bar, ejecutado en la primera fase. ¿Qué ocurriría con este establecimiento en el caso de que no se ejecutase este segunda fase del proyecto?

El proyecto se adjudicó en octubre de 2012 y preveía una inversión de 1,2 millones de euros, la creación de 18 puestos de trabajo directos y un canon anual de 12.500 euros para las arcas municipales.

En ese proyecto, se planteaba una terminal-auditorio como una prolongación del propio avión con una construcción de arquitectura “semiefímera”. El objetivo era la construcción de unos 800 metros cuadrados más en la zona sobre la que está el avión. La terminal-auditorio aprovechará las terrazas del montículo sobre el que descansa el DC-7 para disponerse como una especie de finger en rampa. Es decir, se imitarán los brazos articulados por los que acceden los pasajeros al interior de los aviones. El objetivo fundamental de esta terminal-auditorio, que estará abierta en un espacio diáfano, es el de convertirse en una terraza-mirador hacia el casco histórico de la ciudad.

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