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El tiempo devuelve a Córdoba una Semana Santa plena tres años después

Calle llena de gente para ver a la Virgen de Las Angustias

Alejandra Luque

5 de abril de 2026 20:10 h

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Córdoba ha vivido una Semana Santa plena. Sin matices. Con todas las hermandades en la calle, cumpliendo sus recorridos y devolviendo a la ciudad una imagen que no se repetía desde hacía tres años. El cielo, tantas veces protagonista inesperado de estas fechas, ha dado esta vez una tregua completa que ha permitido el normal desarrollo de todas las estaciones de penitencia.

No ocurría algo así desde 2023, cuando, pese a una Semana Santa bastante estable, el Domingo de Resurrección quedó marcado por la imposibilidad de salida de Nuestro Señor Resucitado debido a problemas estructurales en su paso. Aquella excepción rompió una dinámica que este 2026 se ha cerrado con una Semana Santa íntegra.

La climatología ha sido, sin duda, el factor determinante. Las previsiones, que durante los días previos apuntaban a cierta inestabilidad, se fueron corrigiendo hasta dibujar un escenario prácticamente ideal: cielos despejados o con intervalos nubosos, temperaturas suaves -en algunos momentos, altas- y ausencia total de precipitaciones. Un contexto que ha permitido no solo la salida de todas las cofradías, sino también una vivencia continua en la calle, sin sobresaltos ni decisiones de última hora en los templos, a excepción de los 30 minutos que el Martes Santo pidió la Hermandad de la Universitaria debido a fallos técnicos. Finalmente, la cofradía de San Rafael puso un pie en la calle 14 minutos después de lo previsto.

Procesión de la Hermandad de Los Dolores

Ese buen tiempo ha tenido un reflejo directo en la afluencia. Córdoba ha estado llena. Las imágenes de los alrededores de la carrera oficial completamente abarrotados se han repetido jornada tras jornada. Da igual el día. Calles como San Fernando, La Espartería y Cardenal González, o la Cruz del Rastro han vuelto a convertirse en puntos de paso prácticamente intransitables por momentos, evidenciando el tirón de una Semana Santa que, cuando el clima acompaña, se transforma en un fenómeno masivo tanto para cordobeses como para visitantes.

La sensación de éxito contrasta con la incertidumbre que marcó los días previos. En los días anteriores al Domingo de Ramos, tanto el Ayuntamiento como la Diputación de Córdoba alertaron del impacto que podía tener el corte de la conexión de AVE con Málaga en plena campaña turística. El propio Consistorio llegó a calificar la situación como “un duro golpe” para la ciudad y el sector turístico, reclamando soluciones urgentes ante lo que consideraban un perjuicio directo en fechas clave. En esa misma línea también respondieron los hosteleros de Córdoba, que avisaron de la “pérdida de trabajo de muchos años” debido a estos problemas ferroviarios.

Sin embargo, la percepción que se ha vivido en la calle ha sido otra, por lo que habrá que esperar el balance que realizan tanto las instituciones públicas como los hoteleros y los hosteleros. Este domingo, una vez que la Hermandad del Resucitado pasó por la carrera oficial, el delegado de Fiestas y Tradiciones del Ayuntamiento -Julián Urbano- ofreció un balance muy suscinto. Para el edil, el resumen de esta Semana Santa es “muy positivo” y ha agradecido el trabajo “de todas Fuerzas y Cuerpos que han participado en su organización”, así como “la madurez de las distintas hermandades y cofradías”, y “el comportamieto que han tenido todas las personas que han venido”.

Paraguas en la procesión del Cristo del Amor, en 2024

La lluvia, una amenaza constante en los últimos 20 años

En este contexto, resulta especialmente revelador echar la vista atrás. Gracias al trabajo realizado por El Relicario Cofrade, podemos recordar cómo ha sido la Semana Santa de los últimos 20 años en Córdoba; dos décadas en las que la lluvia ha sido una constante amenaza para esta celebración.

De 2006 a 2025, son numerosos los ejercicios -14 de 20- en los que varias hermandades se vieron obligadas a suspender su salida, modificar recorridos o, incluso, refugiarse a mitad de estación de penitencia debido a la lluvia. Hay años marcados por jornadas completas sin procesiones y otros en los que solo una parte de las cofradías pudo completar su itinerario. Especialmente en la última década, la irregularidad meteorológica ha sido evidente: semanas rotas por la lluvia, tardes enteras pendientes del radar y decisiones tomadas a última hora en los templos forman parte de la memoria reciente. Frente a ese escenario, los años completamente “limpios” han sido escasos y casi anecdóticos. Tan solo cuatro: 2009, 2015, 2017 y 2023.

Paraguas en San Nicolás un lunes santo

Sin embargo, el primer gran paréntesis llegó en 2020 y 2021, cuando la pandemia del covid obligó a suspender completamente las procesiones. Fueron dos años sin pasos en la calle, sin carrera oficial y con una ciudad privada de su principal celebración colectiva. A partir de ahí, la normalidad regresó, pero no la estabilidad. La climatología ha seguido condicionando de forma determinante el desarrollo de la Semana Santa. El ejemplo más claro es 2024, considerado la más lluviosa desde que hay datos.

Aquel año dejó una imagen inédita en la ciudad: de las 39 hermandades, solo nueve salieron a la calle, pero no todas completaron su estación de penitencia. Las que lo consiguieron fueron la Entrada Triunfal, el Císter, la Sentencia, el Vía Crucis, las Penas y la Expiración. El Domingo de Ramos, la Vera Cruz y el Amor tuvieron que refugiarse en la Mezquita Catedral, al igual que lo hizo la Agonía durante el Martes Santo.

Por eso, lo vivido este año adquiere un valor añadido. No solo por el impacto económico o turístico, sino por la imagen global: todas las cofradías en la calle, los días de sol y calor y una ciudad volcada.

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