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Una pequeña Babel en el aula o cómo aprender en la multiculturalidad

Alumnado del IES Alhaken II

Carmen Reina

21 de marzo de 2026 20:19 h

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Es media mañana en el Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Alhaken II de Córdoba y en uno de los grupos de 1º de ESO dan clase de Inglés. En los pupitres, junto a alumnos cordobeses, destaca cómo también hay otros cuya nacionalidad o el origen de sus familias está en Georgia, Rusia, Colombia, Nicaragua o China, entre otros países. Es una pequeña Torre de Babel en el aula, el día a día de distintos centros educativos donde aprenden en la multiculturalidad y se trabaja la integración del conjunto del alumnado.

Este instituto es uno de los centros de Córdoba que muestran una mayor diversidad de nacionalidades u orígenes entre sus alumnos. Es así desde hace ya varios años y se muestra como reflejo de los cambios en la población de los barrios a los que el centro da cobertura educativa: zona de la avenida del Aeropuerto, Poniente Norte y Ciudad Jardín. Hasta el instituto llegan hijos de migrantes, de primera y segunda generación, que conforman sus familias aquí.

Los primeros alumnos de origen distinto al local que empezaron a llegar a este instituto hace años fueron asiáticos y, poco a poco, se han ido sumando de distintos países de Sudamérica, llegaron también ucranianos tras la invasión de su país y, asimismo, otros procedentes de diversas nacionalidades, como marroquíes, explica a Cordópolis el director del centro, Manuel Muñoz. El trabajo que realiza el instituto con estos alumnos tiene una doble vertiente: de un lado, la atención e integración de estos, pero, de otro lado, también el fomento de la riqueza cultural entre el alumnado cordobés, que puede aprender de cerca distintas culturas.

Alumnado del IES Alhaken II

Cuando los alumnos de otros países llegan al instituto -“muchas veces esto se produce en medio del curso”-, hay un programa de acogida que se pone en marcha. Se realiza una valoración inicial “no solo sobre sus necesidades educativas, sino también económicas y de integración social”, dice Muñoz. Ese es el momento de ver si existe un desfase curricular o no y de integrarlos en el aula correspondiente por su edad, salvo casos excepcionales en los que se debe atender su nivel académico.

Con todo, cuentan con un programa de refuerzo en las distintas materias en el caso de ser necesario y con el programa Atal, con una profesora para facilitar el aprendizaje del idioma. Y si hay “algún caso en que las necesidades del alumno están más acentuadas, entonces hay un apoyo intensivo” y unas horas de clase con una profesora de Pedagogía Terapeútica.

La figura del alumno mediador y los recreos inclusivos

Dentro del programa de acogida, existe la figura del alumno mediador, donde “los delegados o estudiantes con más sensibilidad por la integración, trabajan en que los nuevos alumnos llegados de fuera no se sientan ni se encuentren solos” en el centro.

Alumnado del IES Alhaken II

Para esa integración sirven también los llamados 'recreos inclusivos': actividades dispuestas en ese tiempo de esparcimiento para fomentar la socialización entre el alumnado y beneficiar a aquellos que necesitan conocer a otros estudiantes y hacer nuevas amistades.

Los lunes, por ejemplo, el recreo tiene un cinefórum, los martes hay un coro, los miércoles se desarrollan los desayunos de convivencia y los viernes hay ajedrez y dibujo artístico. “Es una manera de socializar y de que los alumnos se sientan partícipes del centro”, constata Muñoz.

Con todo ello en marcha, el día a día del centro discurre como cualquier otro -“sin problemas de convivencia”, asegura el director-, entre clases, idas y venidas al gimnasio y ese bullicio propio de los chavales de instituto. Entre todos ellos, rasgos físicos que distinguen los orígenes de algunos o en otros casos sus nombres o apellidos al pasar lista. Más allá de eso, en los pupitres, unos y otros comparten aula, estudios y unos años de su vida en los que aprenden a ver cómo de diversa es la ciudad, el país y el mundo.

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