CRÓNICA

Las familias de los transportistas se ponen el chaleco amarillo: “¿Si fuéramos minoría, habríamos paralizado el suministro?”

Concentración de familiares de transportistas en las puertas de Mercacórdoba

En la puerta de Mercacórdoba hay colgada una sábana con un viejo eslogan que se repitió hasta la saciedad con la irrupción de Podemos en 2015. “No somos ni de izquierda ni de derecha. Somos los de abajo y vamos a por los de arriba”. Delante de la sábana hay mujeres, madres y niños con chalecos amarillos como los que se levantaron en Francia hasta tumbar la subida del precio del combustible.

Y al otro lado de la carretera, un furgón de Policía Nacional, vigilante de que la concentración no impida la entrada y salida de camiones al principal centro de distribución de la ciudad, que lleva unos días sufriendo las consecuencias de la huelga (o el paro patronal, según a quién se pregunte) que no parece que vaya a terminar mañana.

Detrás de esta escena, un grupo de Whatsapp de familiares de transportistas, que es el que ha impulsado la concentración en apoyo a sus parejas, padres o hermanos. De hecho, una de las manifestantes lo dejaba claro: “Hoy convocamos nosotras, así que tranquilitos”, le decía a los transportistas que también han asistido hasta sumar unas 70 u 80 personas.

Maru, una de las impulsoras, contaba a este periódico su situación: “Es que no tenemos otra opción. Es que nos está costando los dineros salir a trabajar”, explicaba la mujer, con su marido, Ignacio, a un palmo, sin atreverse a intervenir. En un momento dado, hasta les ha entrado la risa: “Me va a costar la separación tenerlo en casa, está de los nervios, no se le puede hablar”, decía la mujer, antes de retomar la seriedad.

“Si pagas el seguro, no puedes el pagar el gasoil, si pagas el gasoil no puedes pagar la letra del camión. Encima, si no metes lo de la letra del camión, el del banco te amenaza y te dice que el de las ruedas y el del gasoil no te quita la casa, pero él sí”, enumeraba la mujer. En sus manos, una pancarta en la que se leía A la calle para que no nos callen.

La Guardia Civil como “seguridad privada de Mercadona”

Otra de las mujeres explicaba a una reportera que su marido tiene nueve hermanos, de los que siete se dedican al transporte. También algunos de los hijos. “Esto no es porque los chavales no tengan estudios. Es vocacional. Mi hijo lo ha mamado y le gusta”, explicaba la mujer, que se sumaba a los cánticos de “camioneros unidos, jamás serán vencidos”.

A su lado, un nene, no tendría más de cuatro o cinco años, portaba una pancarta en la que se leía: “Orgulloso de mi padre, autónomo y camionero”. En otras, la consigna oficial y el núcleo del problema: “Para no ganar, mejor parar”.

Los transportistas, muchos de ellos ojerosos, no podían ocultar el cansancio de varios días de protestas y huelga. Tampoco el enfado. Uno de ellos se acercaba y pedía al periodista que contara lo que estaba ocurriendo en la jornada de este viernes. “Esos que ves ahí -decía señalando a los agentes de Policía Nacional-, están con nosotros. Lo que pasa es que el Gobierno los tiene trabajando para otros. Lo que ha pasado hoy es muy grave: el Gobierno ha puesto a la Guardia Civil a trabajar de seguridad privada de Mercadona. Juan Roig ha tenido a la Guardia Civil escoltando sus camiones gratis”, decía el transportista.

Minutos antes, uno de los agentes se había acercado amablemente a pedirles que no ocuparan la entrada. No tardó en formarse el corrillo, aunque era una mujer, la esposa de uno de los transportistas, la que ha recordado que eran ellas, las madres, hermanas y esposas, las que habían convocado y que no tenían intención de formar piquetes. “Hoy mandamos nosotras”, le llegaba a decir a un par de transportistas. “Hoy y siempre”, le respondía éste.

Las mujeres eran este viernes la mayoría entre esa minoría de la que habla el Gobierno. “¿Minoría? ¿Si fuéramos la minoría habríamos paralizado el suministro? Eso es lo que quieren hacer entender y llevan desde el lunes diciéndolo y sabíamos que era mentira, que esto es serio. Que si hemos llegado a esta situación es porque no podíamos más”, resumía Maru, que avanzaba que ya se estaba pensando en la siguiente manifestación. “Mi hija está ya liada con eso, que lo tenemos que comunicar a la Subdelegación del Gobierno”, advertía. 

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