Ayudar para poder seguir ayudando: un reflejo de las personas en exclusión atendidas por Cáritas

A María, Araceli y Rafael les une más de lo que les separa. En un momento de sus vidas, sus realidades cambiaron y recurrieron a un servicio que jamás pensaron que necesitarían: la ayuda social. La ausencia de unos recursos económicos boyantes acompaña a estas tres personas que hoy día se ven respaldadas por Cáritas en los diferentes programas que tiene en Córdoba, como son la Residencia San Pablo y las iniciativas de ayuda a domicilio y Tejiendo redes. Con una financiación siempre escasa para costear estos recursos, apuntan desde la organización, el patio San Eulogio del Palacio Episcopal acogerá este sábado un concierto para recaudar el mayor número de fondos posible.

Tamara Salas es una de las trabajadores sociales que atiende a María, una mujer de 63 años, vecina del Sector Sur, enferma de lupus y con una úlcera en la pierna; una situación que ha arrastrado su presente y su futuro laboral. Durante años se ha dedicado al campo y a la limpieza. En los últimos meses se encontraba limpiando en una casa, pero las consecuencias cada vez mayores de la enfermedad la obligaron a dejar el empleo. Y con ello llegó su exclusión.

Ante la ausencia de una red familiar fuerte, acudió a la parroquia del barrio, donde fue atendida por Laura Cabello, una trabajadora social de Cáritas, que la derivó al programa Tejiendo redes, “enfocado a personas mayores en situación de vulneración fuerte y con escasos recursos económicos”, explica Salas. María ha solicitado la Ley de Dependencia pero, hasta que llega, recibe el apoyo de Cáritas en su día a día. La organización, afirma María emocionada, la está ayudando en todo, “desde comida” hasta en la compra de medicamentos para tratar su enfermedad. “Cáritas ha sido mi salvación”.

Actualmente, Cáritas realiza un seguimiento continuo a 13 personas a través de Tejiendo redes y ha atendido a otros 15 usuarios con acciones puntuales, trabajo en el que también colaboran cinco voluntarios.

Por otro lado, la Residencia San Pablo es la respuesta de Cáritas a la necesidad de un hogar para personas mayores de 60 años en situación de exclusión social, muchas de ellas muy vulnerables no solo por su edad, sino por la carencia de lazos familiares y sociales, escasos o nulos recursos económicos y la precariedad o la inexistencia de vivienda.

La residencia lleva prestando servicio desde 2009 con una estructura definida como centro asistencial para personas mayores válidas para la vida diaria, lo que hace que sea un centro residencial de características especiales. En la actualidad cuenta con 40 plazas disponibles aunque no todas están cubiertas, apunta la directora de la residencia, Berta Mantas, que ocupó el cargo poco antes de la pandemia. Aunque la mayoría de los residentes aún mantiene sus capacidades para ser autónomos, hay otros que sí necesitan un mayor apoyo, especialmente aquellos que ya han solicitado la Ley de Dependencia y que están a la espera de su valoración. 

Araceli y Rafael son la cara de una misma moneda. Ella apenas lleva tres meses en la residencia; Rafael, una década, tras pasar otros diez años viviendo solo. En este servicio de Cáritas han encontrado un hogar que no cucam

A María, Araceli y Rafael les une más de lo que les separa. En un momento de sus vidas, sus realidades cambiaron y recurrieron a un servicio que jamás pensaron que necesitarían: la ayuda social. La ausencia de unos recursos económicos boyantes acompaña a estas tres personas que hoy día se ven respaldadas por Cáritas en los diferentes programas que tiene en Córdoba, como son la Residencia San Pablo y las iniciativas de ayuda a domicilio y Tejiendo redes. Con una financiación siempre escasa para costear estos recursos, apuntan desde la organización, el patio San Eulogio del Palacio Episcopal acogerá este sábado un concierto para recaudar el mayor número de fondos posible.

Tamara Salas es una de las trabajadoras sociales que atiende a María, una mujer de 63 años, vecina del Sector Sur, enferma de lupus y con una úlcera en la pierna; una situación que ha arrastrado su presente y su futuro laboral. Durante años se ha dedicado al campo y a la limpieza. En los últimos meses se encontraba limpiando en una casa, pero las consecuencias cada vez mayores de la enfermedad la obligaron a dejar el empleo. Y con ello llegó su exclusión.

Ante la ausencia de una red familiar fuerte, acudió a la parroquia del barrio, donde fue atendida por Laura Cabello, una trabajadora social de Cáritas, que la derivó al programa Tejiendo redes, “enfocado a personas mayores en situación de vulneración fuerte y con escasos recursos económicos”, explica Salas. María ha solicitado la Ley de Dependencia pero, hasta que llega, recibe el apoyo de Cáritas en su día a día. La organización, afirma María emocionada, la está ayudando en todo, “desde comida” hasta en la compra de medicamentos para tratar su enfermedad. “Cáritas ha sido mi salvación”.

Actualmente, Cáritas realiza un seguimiento continuo a 13 personas a través de Tejiendo redes y ha atendido a otros 15 usuarios con acciones puntuales, trabajo en el que también colaboran cinco voluntarios.

Por otro lado, la Residencia San Pablo es la respuesta de Cáritas a la necesidad de un hogar para personas mayores de 60 años en situación de exclusión social, muchas de ellas muy vulnerables no solo por su edad, sino por la carencia de lazos familiares y sociales, escasos o nulos recursos económicos y la precariedad o la inexistencia de vivienda.

La residencia lleva prestando servicio desde 2009 con una estructura definida como centro asistencial para personas mayores válidas para la vida diaria, lo que hace que sea un centro residencial de características especiales. En la actualidad cuenta con 40 plazas disponibles aunque no todas están cubiertas, apunta la directora de la residencia, Berta Mantas, que ocupó el cargo poco antes de la pandemia. Aunque la mayoría de los residentes aún mantiene sus capacidades para ser autónomos, hay otros que sí necesitan un mayor apoyo, especialmente aquellos que ya han solicitado la Ley de Dependencia y que están a la espera de su valoración. 

Araceli y Rafael son la cara de una misma moneda. Ella apenas lleva tres meses en la residencia; Rafael, una década, tras pasar otros diez años viviendo solo. En este servicio de Cáritas han encontrado un hogar que no cubre únicamente sus necesidades básicas, como tener un techo donde dormir y un plato de comida, sino que también les da el calor de una familia.

Además, se han “liberado” de un sentimiento de “estorbo” que sentían al barajar la posibilidad de vivir con sus respectivos hijos. “Por el momento me he hecho amiga de dos personas, aunque con todos los residentes me llevo estupendamente”, asegura Araceli, madrileña de nacimiento que llegó a Córdoba por trabajo. Por su parte, Rafael es vecino del barrio y fue el párroco de la zona quien, en 2012, le informó que la residencia ya había empezado a funcionar. En febrero de aquel año, Rafael se convirtió en uno de los usuarios, logrando permanecer en su barrio.

Ambos también comparten la falta de recursos económicos, pero la labor de Cáritas les ha permitido disfrutar de una vida digna como recompensa a tantos años de esfuerzo, dedicación y trabajo.

ente sus necesidades básicas, como tener un techo donde dormir y un plato de comida, sino que también les da el calor de una familia.

Además, se han “liberado” de un sentimiento de “estorbo” que sentían al barajar la posibilidad de vivir con sus respectivos hijos. “Por el momento me he hecho amiga de dos personas, aunque con todos los residentes me llevo estupendamente”, asegura Araceli, madrileña de nacimiento que llegó a Córdoba por trabajo. Por su parte, Rafael es vecino del barrio y fue el párroco de la zona quien, en 2012, le informó que la residencia ya había empezado a funcionar. En febrero de aquel año, Rafael se convirtió en uno de los usuarios, logrando permanecer en su barrio.

Ambos también comparten la falta de recursos económicos, pero la labor de Cáritas les ha permitido disfrutar de una vida digna como recompensa a tantos años de esfuerzo, dedicación y trabajo.

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