Síndrome de Asperger: incomprendidos por su forma especial de ver el mundo

La doctora Pilar Martín en el Hospital Los Morales | MADERO CUBERO

Santiago tiene 16 años. Estudia 4º curso de la ESO en un centro educativo de Córdoba y tiene diagnosticado síndrome de Asperger. “En el colegio hay mucha gente que no entiende mi actuación. Hay quien se mete conmigo. Me gastan bromas que a mí no me gustan. En el recreo no me junto con gente de mi curso”.

La situación de Santiago es incomprendida por la mayoría de quiénes rodean a este chico, con un desarrollo del lenguaje perfectamente normal y su inteligencia en el promedio habitual. Desde fuera, lo único que se detecta es su comportamiento inusual en las relaciones sociales y, ahí, el poco conocimiento sobre qué es el síndrome de Asperger gana terreno para darle de lado.

El síndrome, del que cada 18 de febrero se conmemora su Día Internacional y del que cada año se diagnostican entre una quincena y una veintena de casos en Córdoba, se caracteriza por las dificultades de relaciones sociales y comunicación que conlleva, con alteraciones como comportamientos repetitivos en personas que sin embargo tienen una media o alta capacidad lingüística e inteligencia.

Sus actitudes son vistas desde fuera, así, como meras excentricidades o comportamientos por decisión propia cuando en realidad vienen dados por la patología. De ahí que el conocimiento y la concienciación sobre el síndrome de Asperger sea una de las principales herramientas para aprender a convivir con estas personas.

Los profesores de Santiago son un claro ejemplo de ello: “Les tengo que dar las gracias”, dice. “Se portan muy bien conmigo. Son los que más me ayudan en el colegio”, relata sobre un centro en el que ya ha habido alguna charla para alumnado y profesorado sobre qué es el Asperger para darlo a conocer y sensibilizar a quienes tratan en su entorno a personas con el síndrome. Es esencial para, por ejemplo, prevenir casos de burlas y acoso a estos chicos. “Quienes tenemos Asperger percibimos las cosas de forma distinta”.

La psicóloga clínica que trata a Santiago es Pilar Martín, especialista en el Hospital de Los Morales que escribió el primer libro en España sobre el Síndrome de Asperger. “¿Excentricidad o discapacidad social?” era el subtítulo con el que ya en 2004 llamaba la atención acerca de las características de este síndrome. “No es una enfermedad, de hecho no conocemos la base biológica alterada. Es una forma especial de percibir el mundo”.

Y esa forma especial de percibir el mundo se traduce en dificultades para interactuar socialmente, aunque los diagnosticados de Asperger no sufren problemas de desarrollo en el lenguaje como en otros trastornos del espectro del autismo y, además, cuentan con un desarrollo de su inteligencia medio-alto. Esos factores son los que hacen que, en el entorno social, no sea claramente identificable una persona con síndrome de Asperger y se le tome por un excéntrico o simplemente por alguien con manías.

Alteraciones en las relaciones sociales y dificultad en la interacción se dejan ver ya desde los primeros años de vida, cuando entre los 3 y 4 años se suele diagnosticar el síndrome. Los niños con Asperger a esta edad presentan “falta de interés por jugar con otros niños, ningún deseo de interactuar y son totalmente felices” o bien si se relacionan con otros pequeños intentan imponer su juego, con el previsible y consecuente rechazo de los demás que, a esa corta edad, aún no importa. “No entienden las experiencias sociales y simplemente siguen jugando solos”, explica la psicóloga.

Pero ese rechazo se mantiene en edades posteriores y ahí, la crueldad de la adolescencia, juega en contra de los Asperger, como muestra el ejemplo de Santiago. “La adolescencia es cruel y cualquier diferente del grupo es objeto de bromas que un Asperger no entiende porque las interpreta literalmente”, señala.

“Esa alteración en la reciprocidad social se mantiene durante toda la vida, aunque con fases favorables”, edades a las que ya es posible explicar al paciente qué le ocurre, por qué tiene ese comportamiento y cómo aprender herramientas útiles para relacionarse. Juegos, conversaciones y conductas son algunas de esas herramientas sobre las que trabajan en grupo para mejorar sus habilidades sociales desde la Unidad de Salud Mental Infantil y Juvenil del Hospital Reina Sofía.

Y, además y sobre todo, la “atención psicopedagógica, humanista y comprensiva” que los expertos defienden como la mejor forma de acercarse desde la sanidad, la familia y el entorno para conocer este síndrome y hacer posible una mejor convivencia entre los Asperger y el resto de la sociedad.

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