“Sólo queremos ayuda”: 12 horas en patera, una parada en Córdoba y otro viaje para sobrevivir

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Mohamed Sanoh está sentado junto a uno de sus 45 compañeros de viaje. Hace días se conocieron en una triste travesía en patera en la que tenían puestas todas sus esperanzas. Buscaban un futuro mejor y decidieron poner en riesgo su vida. El todo o nada en un viaje de 12 horas para cruzar el Estrecho de Gibraltar. Corrieron nada más llegar pero de nada sirvió. Ahora están en el Centro de Educación Ambiental de Córdoba, donde reina el silencio y el ruido se esconde en pequeños corrillos. Sanoh habla por teléfono con su padre. Le cuenta que está perfectamente, que está en Córdoba y que todo irá bien. Lo explica mirando al infinito y sin creérselo él mismo.

En los últimos días, Córdoba ha recibido cerca de un centenar de inmigrantes que ha llegado a Algeciras o a Tarifa. El colapso de los centros gaditanos que se encargan de dar cobijo e información a los extranjeros es total y Córdoba está sirviendo como paso fronterizo hacia otro lugar. Por primera vez, el Centro de Educación Ambiental ha hecho las labores de hogar para estos extranjeros, que fueron trasladados directamente desde las aguas del Mediterráneo.

Cuesta bastante que alguno de los 47 jóvenes quiera hablar con los medios de comunicación. Sanoh y su compañero nos dicen que no. Los trabajadores de Cruz Roja consiguen que uno, que se encuentra en el jardín, acepte. A los segundos, hasta siete jóvenes quieren contar la situación que les ha llevado a jugarse la vida en el Estrecho. Éste sí es el verdadero efecto llamada: el querer hablar para poder ser escuchados.

Sanoh, de 24 años, cruzó el Estrecho junto a su mujer. Ella se quedó en Tarifa y él fue enviado a Córdoba. La pareja tiene un hijo de cinco años que no viajó a España, sino que se quedó en Mali con la hermana mayor de su mujer. Ella y Sanoh huyen en busca de un futuro mejor que les permita vivir su matrimonio en plenitud. Las familias de ambos no consintieron el enlace y lo han perdido todo. Ella, incluso, su tienda de costura.

Tiene poco tiempo para la entrevista y Sanoh corre para contar todo lo que tiene que decir. Respira cuando se le pregunta dónde comenzará su nuevo presente. “Mi mujer sólo quería salir de allí para buscar una vida mejor fuera, nada más. No tenemos a nadie en España. Sólo nos tenemos a nosotros dos y no quiero que mi mujer viva en la calle. Buscaremos asociaciones o a gente buena que nos quiera ayudar”.

Yanouh Fabrice y Abukamara Ebuka son dos testimonios de la situación dramática que está viviendo Camerún, azotada por guerras internas de independencia y por el terrorismo de Boko Haram. Fabrice, de 32 años, vivía en el sur de Camerún y se dedicaba a la venta de productos de segundo mano. Desde comienzos de año se ha recrudecido la insurgencia separatista en la región anglófona de Camerún. Huye por temor a ser asesinado.“Tengo miedo a que me maten”, asegura. “¿Por qué?”. Silencio. No quiere ahondar más en el motivo pero sí tiene claro que pedirá asilo político en España.

Ebuka afronta su supervivencia como Fabrice, en la más estricta soledad. Es de los más jóvenes que ha llegado a Córdoba. Tiene 18 años y con 16 abandonó Nigeria por la matanza atroz del grupo terrorista Boko Haram. Sus padres han fallecido y convivía con un tío, pastor armado nómada. Ante el miedo de ser asesinado por el vínculo familiar que les une, Ebuka decidió huir. Ya en España pedirá asilo político para conseguir su primer objetivo: “Educación”. Ebuka quiere estudiar todo aquello que le han impedido.

Ni Sanoh, ni Fabrice ni Ebuka están ya en Córdoba. Durante el pasado martes, los 47 jóvenes que llegaron a la capital pusieron rumbo a otros lugares elegidos por ellos mismos. Los más afortunados tienen a familiares o a amigos repartidos por España. A otros sólo les queda vagar y no saben muy bien cómo será ese peregrinar. Atendidos y asistidos por Cruz Roja y el Colegio de Abogados de Córdoba, a este centenar de extranjeros le toca ahora ser inmigrante en otro lugar. Pero no serán los últimos en llegar a España. Por tierra o por mar, la desesperación llevará a más extranjeros a buscar las vías para llegar a tierra firme y poder luchar por un destino que sea, al menos, realizable.

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