La pandemia ha reducido la contaminación del aire en Córdoba en más de una tercera parte

Panel de control del aire | ÁLEX GALLEGOS

Es probable que sea de las pocas cosas buenas que ha traído la pandemia a la ciudad de Córdoba: el aire que respiran sus vecinos está mucho menos contaminado. Un informe elaborado por Ecologistas en Acción, que ha analizado los datos diarios de todas las estaciones de medición de la contaminación que hay en la ciudad, certifica que desde que se declaró el estado de alarma sanitaria y hasta el 31 de octubre la calidad del aire ha mejorado de manera notable en la ciudad de Córdoba.

En estos siete meses, la reducción de las partículas de NO2 (asociadas al tráfico) en la ciudad de Córdoba ha sido del 38% con respecto a la media de los cinco años anteriores. Este descenso se asocia, directamente, a la caída también de los movimientos dentro de la ciudad. De hecho, durante el estado de alarma la presencia de las partículas de NO2 se redujeron en un 60%, una cifra desconocida desde que se mide la calidad del aire en la ciudad de Córdoba.

El informe de Ecologistas en Acción señala que una vez que se activó la nueva normalidad volvió el tráfico a las calles de la ciudad, pero siempre a un nivel muy inferior al de la media de los años anteriores. En verano, la caída ha sido del 21%. En otoño, del 22%, según este documento, que analiza los datos de las tres estaciones que hay en la ciudad.

Según los estudios del equipo de Julio Díaz y Cristina Linares, del Departamento de Epidemiología y Bioestadística del Instituto de Salud Carlos III, la mortalidad atribuible por la exposición a corto plazo a las partículas, el dióxido de nitrógeno (NO2) y el ozono, por causas naturales, respiratorias y circulatorias, ascendería en conjunto en España a una media de 10.000 muertes anuales. Pequeñas reducciones en los niveles de estos contaminantes pueden ser determinantes para salvar vidas, en el corto plazo.

El informe elaborado por Ecologistas en Acción analiza los datos oficiales de NO2 recogidos en 129 estaciones de medición, repartidas entre las 26 principales ciudades del Estado español entre ellas Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla y la Bahía de Cádiz, entre marzo y octubre de 2020 y de los siete años anteriores.

En un comunicado, la organización ecologista señala que los niveles de dióxido de nitrógeno en las principales ciudades andaluzas y la Bahía de Cádiz cayeron cerca de un 50 % durante el primer estado de alarma respecto a los valores medios de los últimos siete años, y añade que este descenso se redujo al 16% en verano (21 de junio a 31 de agosto), notándose más en los municipios del interior y se ha mantenido en un 18% durante el otoño (septiembre y octubre).

Apunta que el informe concluye que la reducción drástica del tráfico ha provocado “una mejora sin precedentes” de la calidad del aire en las ciudades españolas, muy por debajo de los límites legales y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, pero advierte de que estas mejoras “pueden revertirse rápidamente con la vuelta a la actividad económica habitual”.

Así, entre las principales conclusiones de este informe, que muestra el efecto del confinamiento en la calidad del aire urbano y la evolución de esta a lo largo de las diferentes fases de la desescalada y la “nueva normalidad”, destacan también que la reducción de la contaminación es generalizada para todas las ciudades, aunque oscila entre el 23% de Cádiz y Málaga y el casi 50% de ciudades como Vigo, Palma, Vitoria, Alicante, Valencia, Santander y A Coruña. En Madrid y Barcelona el descenso de las concentraciones de NO2 es del 41%, mientras que Córdoba muestra una reducción del 39% y Sevilla del 36%.

Señala que tras la declaración del primer estado de alarma, el 14 de marzo, se produjo una reducción “drástica” de los niveles de contaminación atmosférica por NO2 en las principales ciudades andaluzas, y que la reducción fue notable en estas fechas (14 de marzo a 20 de junio), cuantificada en hasta un 49% en promedio llegando hasta un 60% y 54% en Córdoba y Sevilla, respecto al mismo periodo de los últimos siete años.

“Los niveles de NO2 registrados durante el primer estado de alarma son los más bajos para los meses de marzo, abril, mayo y junio de la última década en todas las ciudades analizadas”, destaca Ecologista en Acción, que añade que se mantienen además “muy por debajo del valor límite legal, incluso en las estaciones orientadas al tráfico donde se superan estos umbrales con frecuencia”.

El informe agrega que con el fin del primer estado de alarma y el inicio del verano, el 21 de junio, empiezan a verse más diferencias entre ciudades, que podrían estar motivadas por los distintos ritmos de vuelta a la actividad habitual según los sectores predominantes.

“Esta conclusión viene reforzada por la vuelta a niveles parecidos a los habituales en las ciudades costeras andaluzas y del País Valenciano, que tienen un fuerte sector turístico”, precisa.

Para otras ciudades como las gallegas o como Palma (dependiente de un turismo extranjero que apenas ha existido este año), “la diferencia con la media de los años anteriores es del 40%” y en el conjunto de las ciudades estudiadas, “en verano de 2020 los niveles de NO2 fueron un 28% inferiores a los de la década anterior”.

Asimismo, Ecologistas indica que la reducción total de la contaminación en septiembre y octubre es del 29 % respecto a la década anterior, pero mientras en ciudades como Málaga la calidad del aire es muy parecida a la habitual (solo un 4% menos de NO2 en 2020), al tiempo que señala que en particular en el mes de octubre, se han producido más puntas de contaminación por NO2 y aunque las medias mensuales siguen estando por debajo del valor límite anual legal, se observa “una clara tendencia al alza en la mayoría de ciudades”.

El dióxido de nitrógeno es el contaminante típico emitido por los tubos de escape de los automóviles (además de por las calderas industriales y domésticas), por lo que su evolución está directamente ligada a las emisiones del tráfico motorizado. Es esta su principal fuente en las ciudades y el principal factor que influye en la calidad del aire urbano.

El NO2 provoca cada año en España alrededor de 6.000 muertes prematuras, según el Instituto de Salud Carlos III y la Agencia Europea de Medio Ambiente (datos del último año disponible, 2018).

Es un gas irritante que agrava las enfermedades respiratorias y merma la resistencia a las infecciones. “Diversos estudios están relacionando la mortalidad de la enfermedad Covid-19 con la contaminación atmosférica”, aseguran desde Ecologistas.

Cambios en la movilidad

La organización manifiesta que la crisis de la Covid-19 demuestra que la reducción estructural del tráfico motorizado y los cambios en las pautas de movilidad “son la mejor herramienta para rebajar la contaminación del aire en las ciudades”, toda vez que señala que el final del periodo más agudo de la crisis “no puede llevar a una vuelta a la normalidad en lo que a movilidad se refiere, y mucho menos a un aumento del uso del vehículo motorizado privado en detrimento de formas de movilidad más sostenibles, como parece indicar el aumento de los índices de tráfico para casi todas las ciudades en los últimos meses”.

En definitiva, esta dramática situación creada por la Covid-19 “viene a corroborar algo en lo que viene insistiendo Ecologistas en Acción y toda la comunidad científica, que la reducción del tráfico motorizado en las ciudades tiene claros efectos en la disminución de la contaminación, algo que a su vez supone una importante mejora de la salud pública”.

Ecologistas subraya que durante la desescalada que siguió al primer estado de alarma se establecieron algunas medidas beneficiosas para la salud y el bienestar general, como la ejecución de carriles bici y carriles bus en algunas ciudades, pero esa política “no ha sido generalizada e impulsada con decisión por las instituciones”, y afirma que la infundada percepción del transporte público “como un lugar no seguro debe contrarrestarse mediante el refuerzo de las líneas de autobús, metro y cercanías ferroviarias, procurando tasas de ocupación razonables” y que la viabilidad del transporte colectivo “debe asegurarse asimismo mediante una ley de financiación”.

Por último, la organización, para evitar la vuelta a patrones de movilidad insostenibles, propone que en la nueva normalidad se establezcan y consoliden buenas prácticas como la compra de proximidad, el teletrabajo voluntario, la administración electrónica o el escalonamiento de horarios laborales.

Además, “debe potenciarse la movilidad activa peatonal y ciclista, cediendo más espacio para estos medios y estableciendo el límite de velocidad urbana en 30 kilómetros por hora, como primer paso hacia la implantación de zonas de bajas emisiones ambiciosas en todas las ciudades mayores de 100.000 habitantes”, concluye.

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