Los mercadillos reabren al ralentí, entre la incertidumbre y la falta de clientes

Mercadillo de las Setas | TONI BLANCO

“La gente creía que no había mercadillo. Ahora tienen que enterarse de que ya hay”. Este viernes, los vendedores ambulantes del mercadillo de Las Setas en la capital cordobesa eran los primeros en volver a la actividad después de que la Junta de Andalucía levantara la prohibición para este comercio y dejara que, en Córdoba, pudieran instalarse con el 75% de los puestos.

Después de estar prohibidos desde el domingo pasado y varios días de protestas, la confirmación de la buena nueva les llegaba en la noche de este jueves y, “con falta de información, incertidumbre, hasta última hora no lo supimos”, han vuelto a poner sus puestos, señala a CORDÓPOLIS Antonio, detrás de su mostrador de frutas y verduras. “No podemos trabajar con mucho género, estamos trabajando con el 30% o 40%” explica este vendedor que viene desde Priego de Córdoba -salvando el confinamiento perimetral por su trabajo-, y que ha podido comprar la verdura y fruta a primera hora para venderlas en el mercadillo este viernes.

Al otro lado del mostrador, una señora pregunta precios y elige la fruta que se va a llevar, casi por casualidad. “Sabía que estos días no había mercadillo. Pero al pasar por aquí, he visto que estaban los puestos”. Y es que la noticia de la reapertura aún no había calado entre los cordobeses y los pasillos entre los puestos presentaban pocos clientes aún a media mañana.

Incluso, algunos vendedores ultimaban sus puestos ya entrada la mañana. Era el caso de Fernando, que colocaba los percheros con ropa y era la viva imagen de cómo la noticia de la reapertura de los mercadillos se había conocido pocas horas antes.

“Vivimos al día. Dependemos de lo que vendemos para comer y pagar todo”

A pocos metros, entre los puestos sorteados para cubrir el 75% que se podían instalar, está Susana, que también intenta vender ropa, aunque la clientela se está haciendo esperar este primer día. Ella relata la necesidad imperiosa del sector de la venta ambulante por poder abrir los mercadillos: “Vivimos al día. Dependemos de lo que vendemos en el día para comer y pagar todo”, dice, tras explicar que de ella dependen sus tres niños. La familia ha tenido que ayudarla en estos días que no ha podido poner el puesto. Y ahora espera que los clientes vuelvan al mercadillo: “La gente creía que no había mercadillo. Ahora tienen que enterarse de que ya hay”, confía.

El soniquete típico del mercadillo se va escuchando, entre quienes pregonan su género y las gangas, casi como quienes se animan a sí mismos a remontar un partido tras el marcador adverso de esta semana. Y esperan animar también a quienes, poco a poco, van llegando hasta los puestos, clientes que lo ven al pasar, otros que son vecinos del barrio, algunos que salen del centro sanitario Carlos Castilla del Pino y, los menos, que ya se enteraron anoche de que el mercadillo reabría y no faltan a su cita del viernes en Las Setas.

“Los mercadillos somos seguros”

Entre los vendedores, es común también el argumento que les ha servido como principal reivindicación en estos días de protesta por el cierre decretado por la Junta: “Los mercadillos somos seguros. Estamos al aire libre. Y tenemos derechos, los mismos que otros comercios. No somos un parque, somos una empresa”, reclama Antonio para pedir que se trate a este sector de actividad como al resto.

“El camino es empezar a trabajar. Poco, mucho o regular. Porque el estado no puede pagarnos un sueldo a todos”, opina Miguel, que con 64 años está al frente de su puesto de zapatos. Pide, como el resto de los vendedores, que no se cierre su actividad, que se desarrolle siempre, con las medidas de seguridad oportunas, y con la “ventaja” de estar al aire libre. Porque el sector necesita trabajar para sobrevivir.

“Tenemos que concienciarnos que esto va para largo”

Pese a la falta de clientela este viernes -“hoy habrá muy poca afluencia de público”-, señala que el sector tiene que seguir al pie del cañón. “Ahora mismo trabajamos a pérdidas. Las ganancias no cubren los impuestos”, pero su empeño es mantener la actividad.

“Tenemos que concienciarnos que esto va para largo”, reflexiona, mientras alguna clienta se acerca a ver un par de zapatos, aunque se va sin ellos. “La papeleta es muy difícil”. Pero, como el resto de los vendedores, este viernes, han vuelto a la carga.

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