#HÉROES SIN CAPA | Atención en Violencia de Género: “No se puede abandonar a las mujeres vulnerables”

Mariló Damián, educadora en el Centro de Emergencias para víctimas de violencia de género.

Mariló Damián acaba de llegar a su puesto de trabajo en la noche del viernes. Tiene turno en el Centro de Emergencias del Instituto Andaluz de las Mujeres (IAM) para víctimas de violencia de mujeres donde trabaja desde 2002. Y en el estado de alarma ante la pandemia del coronavirus, ella forma parte de este servicio esencial, que no puede dejar de atender a quienes tienen en estas instalaciones un refugio para poner punto y final al maltrato, y una ventana para emprender un futuro mejor. “No se puede abandonar a las mujeres y los menores vulnerables”, señala.

El coronavirus no ha dejado en casa a esta educadora que atiende a mujeres víctimas de violencia de género y a sus hijos, para “ofrecerles ayuda, reducir su angustia y sacarlos de un entorno de maltrato”, pero sí ha cambiado las rutinas de su tarea. Con su uniforme, guantes y mascarilla, ahora afronta turnos adaptados al confinamiento, con solo dos personas trabajando a la vez en este centro donde acuden una psicóloga, una abogada, una trabajadora social y la directora, además de las educadoras como ella.

Las mujeres que se alojan allí, por su seguridad, antes podían salir en muy contadas ocasiones si las profesionales así lo determinaban o debían acudir al juzgado. Pero ahora, no hay ninguna salida. Y pese a que el Centro de Emergencias está pensada como un lugar donde las mujeres que salen de una situación de violencia de género y sus hijos menores están de manera transitoria, entre 15 días y un mes, ahora tampoco es posible ningún traslado a otro centro ni a otro lugar de residencia. “Bajo ningún concepto”, explica Mariló.

Son medidas de protección ante la propagación del coronavirus que afectan también a las posibles entradas  en el centro. Ante una situación de emergencia que viva una mujer en su domicilio, las puertas de este Centro de Emergencias están abiertas, pero con todos las normas establecidas por el Covid-19. “Tenemos una habitación y un baño aparte, reservados para un posible ingreso, donde seguiríamos un protocolo de higiene y prevención”, cuenta esta trabajadora.

Clima de seguridad y tranquilidad

Se trata de mantener la seguridad de las mujeres, la de sus hijos menores y la de las trabajadoras de este centro donde “tratamos de ofrecer un clima de tranquilidad, de seguridad, reforzando también la adquisición de hábitos” para su futuro. Un futuro que ahora, las mujeres ven “preocupadas” por la situación general. “Tienen contacto por teléfono con sus familias, con sus hijos mayores”. Pero ven un poco más lejos la salida de este túnel, al haberse ralentizado todos los procedimientos, “la burocracia” y no haber posibilidad de traslado ahora mismo.

El centro, “esencial y prioritario” para atender a estas personas pese al estado de alarma decretado, sigue su marcha así día a día gracias a trabajadoras como Mariló. “Es lo normal, es mi día a día, no me preocupa mi trabajo”, dice, aunque confiesa que la posibilidad de contagio o el no poder ver a sus padres por el confinamiento sí le ocupa la mente en estos días.

Nada comparable, tiene bien presente, a lo que viven las mujeres a las que atiende: “Abandonan su casa, dejan toda su vida atrás”, por tener una nueva oportunidad lejos de quien las agrede. Y, por eso, por apoyarlas, atenderlas y poner un granito de arena para que vivan alejadas de ese entorno de maltrato, Mariló y el resto de trabajadoras de este centro siguen adelante. También durante el estado de alarma.

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