Christina Rosenvinge: “Ser letrista significa escribir con un corsé”

Christina Rosenvinge y Juanjo Fernández Palomo | MADERO CUBERO
La cantante participó anoche en Bule Bar, la cita de Cosmopoética en el que los artistas hablan de sus influencias y trabajo

A la eterna pregunta absurda de qué fue antes, el huevo o la gallina, ayer en Cosmopoética se planteó otra no menos difícil: ¿qué fue antes la letra o la melodía de una canción? La cuestión trató de responderla anoche en Cosmopética la cantante y letrista Christina Rosenvinge. “A veces tienes una letra en la cabeza y la adaptas a una melodía. Entonces tienes que sacrificar cosas para encajarla bien con la música. Y cuando es la melodía lo primero que surge, ella misma ya te impone una historia, un tono, una letra”, contaba la artista en la última edición de Bule Bar, una invitación a músicos para hablar de sus creaciones e influencias en la sala Polifemo.

“Hay una parte muy animal en la música; un lugar en el que el cerebro parece que no interviene mucho porque es la intuición quien dirige. Pero, en realidad, es justamente ese momento cuando el cerebro va a más velocidad”, explicaba Rosenvinge. Un cerebro a mil revoluciones, pero acotado a unas reglas muy estrictas. “A diferencia de otros escritores, los letristas estamos sujetos a la rima, a las sílabas y a la melodía. Es decir, escribimos con un corsé, por eso una de las cosas más importantes para mí es que prevalezca la sencillez”, continuó ante un aforo prácticamente lleno de público.

La charla comenzó en italiano. Lo hizo con canciones de uno de sus iconos y también de su compañero de tertulia, el periodista y bloguero de CORDÓPOLIS Juanjo Fernández Palomo. Entraron chapurreando italiano y en seguida comenzó a oírse a Lucho Battisti, que dio paso a otras influencias como Bill Callahan. Los temas ajenos que han dejado poso en su cerebro se intercalaron con otros escritos por ella misma en los que la artista ve referencias a toda la discografía musical que lleva en su memoria.

Entre esas canciones se encuentra una de las victorias personales de Rosenvinge, como ella misma definió mientras sonaba. Se trata de La canción del eco, basada en el mito de Narciso. “La primera vez que la interpreté fue en un pequeño bar de Galicia. Cuando terminé, tres personas del público estaban llorando. En ese momento me di cuenta de que ya había conseguido escribir un clásico”, confesó.

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