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Un camino que acerca a Dios

La filial cordobesa del Rocío continúa su camino | ROCÍO LÓPEZ

Redacción Cordópolis

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“Campos y marismas, risa y quejío, lirios y espigas, sol y Rocío, Dios te bendiga”. Así dice el estribillo de las sevillanas que los rocieros cordobeses cantaron ayer martes como hacen todos los años en memoria de quienes ya no están con ellos en el cortijo Bujalmoro, donde se levanta una capilla en honor a María Santísima a la que los de Córdoba se acercaron a media mañana cuando rezaron el Ángelus y tras lo cual el dueño del lugar les ofreció un ágape.

Cuando esto ocurría, los romeros llevaban más de cuatro horas de camino, pues habían salido a las ocho de la mañana. Aunque estaba prevista para la jornada de hoy miércoles, la incorporación de los bueyes para tirar de nuevo de la carreta se produjo ayer después de los días más duros de camino en los que el Simpecado ha sido llevado por mulas. Han sido también días en los que la hermandad de Córdoba ha atravesado la Campiña en solitario. Desde anoche ya se encuentra con otras filiales que van hacia la aldea almonteña, como Utrera, que pernoctó cerca de ella, o Los Palacios, a la que ve hoy por la mañana.

El de ayer fue también un día para hacer, si cabe, más hermandad. Y es que el almuerzo fue comunitario con todas las carriolas juntas y aportando cada grupo, que habitualmente come por separado, algo de alimentos. Lo hicieron ya en La Corchuela, en el término municipal de Dos Hermanas, donde llegaron sobre las cuatro de la tarde y donde esperaron ya a que llegara la noche para pasarla allí. Fue por tanto, una jornada que terminó antes que las previas, más corta y llevadera, y un paso más para ver a la Virgen en su ermita, lo que ocurrirá en solo tres días.

Como cada día, hubo una Eucaristía. Y es que, pese a la imagen que muchos tienen del camino del Rocío como algo meramente festivo, la peregrinación no pierde en ningún momento su sentido religioso. Tomás Pajuelo es el sacerdote que acompaña a la hermandad de Córdoba desde 1999 y hace posible que los rocieros reciban atención espiritual en cualquier momento que lo necesiten y requieran. “Se les brinda la posibilidad de charlar, de hacer preguntas, de confesar”, explica Pajuelo. Es lo mismo que si estuvieran en una parroquia, solo que en este caso es itinerante.

Este sacerdote se lamenta de la imagen “distorsionada” que mucha gente tiene del Rocío, cuando lo cierto es que en él se viven unos momentos en los que quienes acuden “se ponen en paz con Dios”. Y no son pocos los que buscan al capellán de la hermandad de Córdoba para recibir el sacramento del perdón, rezar el rosario o participar de la Eucaristía.

Así, el camino es, según Pajuelo, “una experiencia que recomendaría como vivencia espiritual, comunitaria y de encuentro, por el trato personal que hay durante estos días”. Y de tal manera lo es que muchas personas que han hecho el camino y estaban alejados de la práctica religiosa “han vuelto a ella”, asegura este sacerdote, al que, reconoce, también le hace mucho bien el servicio que presta a quienes no les importa estar nueve días en los caminos con tal de encontrarse con la Blanca Paloma almonteña.

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