La tricotilomania, un peligro en vuestros niños... y mayores (II)

Como vimos la semana anterior, la tricotilomanía es una costumbre morbosa a la que se pueden ver abogados numerosos niños, amén de otros adolescentes y adultos, representando ser una inducción, bien por estrés, por recabar la atención o por costumbre neuro-psíquica no corregida a tiempo. En todos los casos se trata de ejercer una tracción de los cabellos, en muchos casos hasta llegar a arrancárselos, a la vez que se los enroscan entre los dedos, normalmente por zonas muy concretas de la cabeza, aunque puede llegar a otros pelos de cualquier parte del cuerpo, como cejas, axilas, barba, bigote, etc., cuestión esta que solamente sucede en los adultos, ya mayores de los veinte años. Contrariamente, en los niños de entre 9 meses a dos años, es fácilmente corregible, de atenerse a los consejos que otorgué.

También detallé que afectaba a más mujeres que a hombres, quienes en la mayoría de casos ocultan su tricotilomanía, para quienes recomendé ejercitar algunas prácticas que les alejaran de tal padecimiento, en ocasiones por falta de la debida información o, también, por su condicionamiento social, económico o falta de saber relacionarse en ambientes más relajados y propicios para erradicar la tricotilomanía que padecen.

Epidemiología

Aunque no se han divulgado extensamente estudios a grupos grandes de la población hasta el 2009, se estima que la tricotilomanía se presenta en alrededor del 0.6% del total de la población, que se traducen en un máximo de 1.5% en hombres y 3.4% en mujeres. Con un 1% de prevalencia en la población, alrededor de 2.5 millones de personas en los Estados Unidos de América podrían desarrollar tricotilomanía en alguna etapa de su vida, mientras que en España es cercano a los 350.000 pacientes, entre las edades de los 9 a los 17 años la mayoría de ellos, principalmente jóvenes hembras, quizá a causa del largo del cabello, lo que les facilita -por cercanía- la posibilidad de llegar a ellos fácilmente.

Pronóstico

Cuando ocurre en la niñez temprana (antes de los cinco años de edad), esta condición es autolimitada y normalmente no se requiere intervención por parte del especialista. En los adultos, la presencia de la tricotilomanía puede ser secundaria a la de algún trastorno psiquiátrico y los síntomas, generalmente, permanecen mayor tiempo que en los niños. Pueden ocurrir  infecciones secundarias debidas al rascado y los pellizcos, pero estas y otras complicaciones por similares motivos son poco frecuentes. No obstante, sí es importante anotar que las personas con tricotilomanía encuentran de gran ayuda los grupos de apoyo para vivir con y entre ellos mientras se supera el desorden.

Tratamiento

El tratamiento para erradicar la tricotilomanía está basado en la edad del paciente, dado que la mayoría de los niños en edad preescolar se recuperan de la enfermedad si la condición se maneja de manera conservadora, siempre disuadiéndolos de forma tranquila, suavemente, sin regañarles por ello, pero educándolos de manera inflexible, tal como se intenta realizar en aquellos casos en los que se lleva algo a la boca que no le conviene. Contrariamente, en los adultos jóvenes, entre los 16-25 años, debe establecerse el diagnóstico y fomentar la atención sobre dicha condición, ya que es importante para reconfortar a la familia y al paciente, por lo que es recomendable, imprescindiblemente y en primera instancia, la visita al dermatólogo; después, él será el que indique el tratamiento a seguir, incluso la intervención, al menos, por parte de un psicólogo si es que los tratamientos no farmacológicos fallasen.

Psicosocial

El tratamiento de reversión de hábitos tiene la más alta tasa de éxito en el tratamiento de la tricotilomanía. Este ha sido probado como un exitoso adyuvante de la medicación como manera de tratar la tricotilomanía. En dicha terapia, los doctores entrenan al paciente para aprender a reconocer su impulso de arrancarse el pelo y también les enseñan a redirigir este impulso. También se ha probado efectivo en el tratamiento con niños. Otros métodos pueden ayudar a mejorar los síntomas, como la retroalimentación biológica, métodos cognitivos y del comportamiento, así como la hipnosis.

La tricotilomanía no está considerada un trastorno muy común. Son pocos los casos que se conocen, aunque puede llegar a afectar a una de cada veinticinco personas, todo un agravante que debemos considerar. Quienes la padecen experimentan una necesidad casi obsesiva de arrancarse el pelo y advierten los expertos que, si no se controla a tiempo, puede convertirse en una enfermedad muy duradera y compleja de anular por completo.

Existe la posibilidad de que esta se manifieste de manera aislada e individual respecto a otros trastornos, aunque es muy frecuente que se relacione con trastornos del estado de ánimo y trastornos de ansiedad.

La Sociedad Española de Dermatología y Psiquiatría subraya la asociación «manifiesta» entre el estrés emocional y la enfermedad física, derivada de hábitos compulsivos que alivian la tensión a través de la manipulación del cabello. «Los afectados quedan atrapados en pensamientos que no pueden controlar y se ven obligados a repetir ciertos comportamientos como el único medio de aliviar su tensión interna».

Diagnóstico y seguimiento

Los pacientes pueden sentirse avergonzados o tratar frecuentemente de disfrazar sus síntomas. Esto puede hacer difícil el diagnóstico, puesto que los síntomas no son inmediatamente obvios en todos los casos, o bien, pueden estar ocultos deliberadamente por el paciente para que el médico no lo note. Si el paciente admite que se arranca el cabello frecuentemente, el diagnóstico no es complicado, sin embargo, si los pacientes niegan el acto, es probable que resulte un diagnóstico diferente. Estos diagnósticos alternativos (de los que os hablaré en semanas venideras) pueden ser alopecia areata, tinea capitis, alopecia de tracción y síndrome del cabello anágeno suelto. En la tricotilomanía, una prueba del estiramiento y arrancado del cabello puede resultar negativa.

Se puede practicar una biopsia del bulbo piloso, resultando útil en algunos casos, ya que revela folículos pilosos traumatizados con hemorragia perifolicular, cabello fragmentado en la dermis, folículos vacíos y cabello deforme (tricomalacia).

También pueden observarse múltiples cabellos catágenos (salientes o recién nacidos), muy cortos, casi como si fuera un cabello rapado al cero, pero en forma de pelusilla. Una técnica alternativa a la biopsia, particularmente con los niños, es rasurar una parte del área implicada y observar el crecimiento normal del cabello, para lo que suele emplearse tratamientos hormonales.

RESUMIENDO: Observar pacientemente a vuestros niños, mientras los corregimos de forma suave, pacientemente, sin regañina alguna, educándolos –como apunté la semana anterior- de igual manera a cuando suelen introducirse objetos no deseados en su boca, para que  remita en su obsesión por retorcerse el pelo, sea infante o adolescente.  Y, de ser mayor, no aumentar vuestro padecimiento escondiéndolo. En ambos casos, de no aminorar la tricotilomanía, recurrir al médico especialista, bien sea en principio al dermatólogo o directamente al psiquiatra. Ellos sabrán qué técnicas utilizar para que remita el mencionado –y pernicioso- cuadro clínico de la tricotilomanía sufrida.

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Publicado el
7 de junio de 2016 - 10:40 h
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