El mollete
Los que nacimos a partir de 1980 sabemos lo que tocaba cada 28F: una fiesta en blanco y verde. Dibujábamos banderitas, salíamos al patio a zamparnos de desayuno un joyo de pan y aceite (el mollete) y cantábamos el himno. En 1989 llegó Canal Sur. Y nos hicimos de La banda del Sur. Veíamos el Saque bola y en 1992 fuimos a la Expo. Nuestros padres y abuelos ponían Canal Sur por defecto (eran los años de las audiencias millonarias). Y hasta un día podías salir en la tele, en el programa de Tate Montoya que nos enseñaba a todos y cada uno de los pueblos de Andalucía. Sin excepción.
Supongo que así, queriendo y sin querer, también se hace patria. Y crecimos con eso, con una noción de Andalucía a través de la tele que jamás tuvieron las generaciones anteriores. Ni el pobre Blas Infante, al que votaron poquísimo en su época, pudo soñar con algo mejor para formar conciencia.
Ese andalucismo ha eclosionado ahora. El PP lleva explotando el light, el que heredó del PSOE (que fue quien mejor lo entendió en su momento), desde que Juanma Moreno es presidente. Atrás quedan los años del “este no es tu referéndum” o del PP que no entendía muy bien Andalucía, donde se le confundía con los señoritos y donde siempre agitaban banderas de España. Pero hay otro andalucismo cultural que es el que ha explotado Adelante Andalucía. Y ha funcionado.
En una etapa en la que la política es pura emoción no hay nada que se haga más viral que un sentimiento de pertenencia a algo. No hay nada más emocional, y poco racional, que una bandera o un himno. Que una nostalgia. Un pasado en común. El recuerdo de cuando eres un niño que no se preocupa nada más que por saberse la letra que escribió Blas Infante. La infancia feliz. El día de Andalucía.
“Andalucía como la que más” fue el lema del referéndum del 28F. Aquí siempre hubo un sentimiento muy fuerte de pertenencia, pero sin estridencias. Como la que más pero no independiente. No queremos ser más que nadie. Tampoco menos. Es un eslogan ganador.
Adelante ha sabido captar ese andalucismo más hardcore y ha dejado en el PP el más folclórico. Pero ambos no dejan de ser sentimientos y emociones.
A la razón apelaban otros partidos. Quizás ese ha sido el gran error de Por Andalucía. Hay quien decía que Maíllo reñía y que así es difícil pedir que te voten. Quizás.
En estos tiempos, ya no se vota pensando sino con el corazón en la mano. Quizás siempre se votó así. Dicen que Suárez ganó por guapo, no por su trabajo en la Transición. Es probable. Yo siempre echaré de menos los programas, una lista de promesas concretas que hacer en caso de que gobiernes. Seré un antiguo, pero me parece que aunque tengamos tiempo para reírnos las elecciones son una cosa seria. Y yo quiero saber cómo se va a arreglar lo de la sanidad o la educación (no me basta una promesa vaga de que se va a arreglar). Me gustaría que alguien me dijera cuál va a ser la solución. El diagnóstico lo tenemos todos bastante claro.
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
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