El futuro de los cines de verano
El artículo 4 de los estatutos del Instituto Municipal de Artes Escénicas (IMAE) de Córdoba señala textualmente como uno de sus fines “la difusión cultural en el sentido más amplio, como competencia irrenunciable que corresponde a las Entidades Locales para la satisfacción de las necesidades y aspiraciones vecinales, particularmente a través del teatro y espectáculos conexos y afines”. El IMAE nació a principios de los años ochenta para gestionar el Gran Teatro de Córdoba, el gran proyecto cultural del primer ayuntamiento tras la restauración democrática en la ciudad. Fue, es y será un instituto público con una vocación: que Córdoba tenga grandes espectáculos teatrales.
En la ciudad apenas sobreviven otras dos salas privadas, pequeñas y con una programación más modesta, el Avanti y El Brillante, que abrió en 2021. Pero el teatro en las capitales de provincias, al margen de Madrid o Barcelona, sobrevive gracias a organismos como el IMAE, destinados a satisfacer “las necesidades y aspiraciones vecinales”.
Hasta la irrupción del cine, el teatro era el gran divertimento de la ciudadanía. Su producción y promoción era exclusivamente privada. Pero el estallido del séptimo arte no mató al teatro, aunque sí que le hirió. Al igual que el vídeo no mató a la estrella de la radio, ni la tele a la radio, se sobreentiende, las plataformas tampoco se han cargado a las salas de cine, aunque las han herido de muerte.
Córdoba, por suerte, sigue teniendo salas de cine (de invierno, como decíamos en mi pueblo). Y tendrá cine de verano. Uno solo, el Coliseo, gracias a otro enamorado de este espectáculo tan singular, José María Casado, que ha estado muy cerca de quedarse con los que este verano no abrirán: ni el Fuenseca ni el Delicias. El Olimpia no lo ha vuelto a hacer desde el día en que murió Martín Cañuelo.
Quiero pensar que el futuro del Coliseo no dependerá de la salud o de la paciencia de José María Casado, pero sí que sé que no se trata de una actividad especialmente lucrativa. El cine de verano, ese oasis cultural en el estío cordobés, que nos refresca desde hace un siglo, solo tiene un futuro: que lo conserve un organismo público como el IMAE. El propio IMAE acoge proyecciones de películas, en espacios como el Góngora, por lo que esta actividad cultural que satisface las “necesidades y aspiraciones vecinales” encaja perfectamente en sus estatutos.
Esto hace incomprensible el papel del Ayuntamiento en, primero, la renuncia a adquirir tres cines de verano a un precio de saldo (300.000 euros) y, después, una vez comprobado el error que fue aquello al menos intentar pujar por un precio justo. Siempre está la defensa del interés público. Caballerizas Reales, por ejemplo, ha sido expropiada a todo un Ministerio de Defensa. La ley lo permite. E incluso el interés general por encima del particular es algo que está en la sacrosanta Constitución Española.
Otra cosa es que se quiera atender una demanda vecinal, que además lograría mantener una singularidad cordobesa. Y no dejar morir una actividad cultural que mantiene vivo un verano cordobés cada vez más muerto.
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
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