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Sobre este blog

Manon y Julio han recorrido medio mundo en bicicleta y están empeñados en montar al otro medio sobre dos ruedas para propagar los beneficios de la movilidad activa. Discípulos de Malabrocca, llevan lustros investigando sobre intermodalidad, urbanismo, mecánica o educación. Siempre en y sobre sus velocípedos. Como profes que son, les encanta aprender. Están convencidos que esto de la movilidad activa es la solución a la insoportable levedad del ser en la era del petróleo. Para ello han puesto a pedalear todo lo que han aprendido en su formación en sociología, economía, pedagogía, turismo o gestión cultural. Y han metido todo en una coctelera para fundar Revelociona SCA. Los de Cordópolis les han dejado esta esquinita para compartir los paisajes, análisis y resultados que ven desde su manillar.

Balutia desde dentro (episodio 1)

'Ride the land'.

Julio Díaz Sánchez

4 de noviembre de 2026 20:03 h

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Día 2: Medianoche.

En la suavidad del paisaje, una figura extraña surge como una aparición. Lleva una lámpara frontal encendida sobre la cabeza y el rostro marcado por el cansancio y el polvo. La ropa está agujereada. Probablemente ha sufrido una caída. Con gesto lento pero sin demora, consigue apostarse en el bar de la plaza de Valsequillo cuando ya ha pasado la medianoche. Parece un trabajador del carbón que, tras un duro turno picando en la mina, baja al pueblo.

Aunque la indumentaria delata otra cosa, durante unos segundos resulta imposible no pensar en un minero saliendo de las entrañas de la tierra. Pero nuestro protagonista va de licra. Lleva el frontal aún encendido y no pide un trago. Pide una cerveza sin alcohol, una bebida isotónica y dos bocadillos. El día ha sido duro y en su cara se adivina que el turno de noche aún puede alargarse.

Si viniera de la mina, quizá el desconcierto entre los pocos lugareños no sería tan evidente. La propia camarera, que observa atónita a un nuevo desconocido apareciendo entre las tinieblas, confiesa que esta escena se repite desde hace varios días. Ya ha perdido la cuenta de los bocadillos que ha servido y los bidones de agua que ha llenado. Y nos advierte, ante la esperada pregunta, que los alojamientos en varios pueblos a la redonda están completos por los ciclistas que nos preceden. Por lo tanto, habrá que improvisar algún cobertizo para cobijarse del frío o, en su defecto, pedalear toda la noche hasta que se haga de nuevo de día.

Es la segunda noche de Balutia. Las horas, los paisajes y los estados de ánimo cambiantes se agolpan y es momento de decidir. Desechada cualquier opción de encontrar una ducha y una cama calientes, y puesto que las baterías están llenas, nos lanzamos a la noche en una huida hacia adelante antes de que el cansancio imponga la lógica y el sentido común. Las dos ciencias que, a estas horas, dictan que es momento de parar y tomar un descanso.

Balutia.

Crepúsculo

Hay muchas maneras de afrontar una prueba de ciclismo de larga distancia, pero casi todas coinciden en el hecho diferenciador que supone pedalear de noche. Pedalear de noche es llevar el ciclismo, y sobre todo a la mente y al cuerpo, a otra dimensión. Especialmente en primavera. Cuando la noche se despoja del frío y la lluvia y tan solo aporta soledad, silencio y oscuridad. Nada más. Nada menos.

Nuestro ciclista no viene de la mina pero, después de Valsequillo, sí que hace el camino inverso. Apenas una docena de kilómetros después se abre en plena noche el complejo minero-metalúrgico más importante de Europa a comienzos del s. XX. Los vestigios del mayor centro de fundición de plomo del mundo y la principal cuenca de carbón de España. Un polo de riqueza y gente que un buen día se acabó, extenuado. Ahora pedalear por aquí produce la sensación de atravesar una geografía agotada, como si a la tierra se le hubieran secado los senos después de siglos de extracción. Y que ha dejado paisajes de la España Vaciada y minas a cielo abierto, chimeneas, imponentes montañas negras de escoria, enormes edificios abandonados que se suceden por Peñarroya y Pueblonuevo del Terrible. Y de aquí, por la Vía Verde de la Maquinilla, que conecta con Belmez y más allá.

Un más allá que es hacia Fuente Obejuna. Lo que supone dos horas más de pedaleo y varios bidones más de agua. Una fuente. Sudor y frío. Y la promesa de un descanso insuficiente al poco abrigo que ofrece este escenario teatral sin actores ni público, a las tres de la madrugada.

Día 1. Amanecer

Por definición, los eventos de ultraciclismo son en autosuficiencia, pero la teoría apenas tarda unos kilómetros en chocar con la realidad. Liberada en buena medida del componente competitivo, la larga distancia se convierte en una forma de ciclismo más primitiva, más cercana al viaje que al deporte, casi a la epopeya antigua del ciclista. Y ahí surge un código ético difícil de definir desde fuera, que va más allá de los buenos modales: empatía, apoyo mutuo y una complicidad espontánea entre desconocidos que comparten cansancio e incertidumbre, algo que en muchos casos también se extiende a los lugareños.

En Balutia hay mucho de esto. El sentimiento de pertenencia aparece desde antes incluso de la salida y atraviesa cada metro del recorrido. Ya a apenas unas docenas de kilómetros del inicio, sin apenas discusión, se forma una cadena humana ciclista para salvar la crecida de un arroyo que se ha venido arriba con las últimas lluvias. El agua no es dramática pero puede comprometer la estabilidad y la mecánica. Y acabamos de empezar, así que mejor no improvisar. Sin premeditación, espontáneamente, se forma una cadena de ciclistas y bicicletas que pasan de mano en mano. Y el último sabe que deberá esperar al siguiente como los demás lo han esperado a él. Han pasado cinco minutos pero la imagen de cooperación desordena la marcha y uno se convence a sí mismo de que aquí tan solo se compite contra el reloj, el cansancio y uno mismo. Los demás humanos, sin importar edad, idioma, género o forma física, son tan solo compañeros de viaje o, quizá, nomás que paisaje.

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Manon y Julio han recorrido medio mundo en bicicleta y están empeñados en montar al otro medio sobre dos ruedas para propagar los beneficios de la movilidad activa. Discípulos de Malabrocca, llevan lustros investigando sobre intermodalidad, urbanismo, mecánica o educación. Siempre en y sobre sus velocípedos. Como profes que son, les encanta aprender. Están convencidos que esto de la movilidad activa es la solución a la insoportable levedad del ser en la era del petróleo. Para ello han puesto a pedalear todo lo que han aprendido en su formación en sociología, economía, pedagogía, turismo o gestión cultural. Y han metido todo en una coctelera para fundar Revelociona SCA. Los de Cordópolis les han dejado esta esquinita para compartir los paisajes, análisis y resultados que ven desde su manillar.

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