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El sur

Redacción Cordópolis

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Hace treinta años, Víctor Erice nos entregó su segunda película, El Sur, protagonizada por Omero Antonutti e Iciar Bollaín. La idea inicial era una película pensada con una primera parte, en el norte, con tonos sombríos, y una segunda  parte en el sur, plena de luz. Pero la película quedó inacabada porque el productor. Querejeta, dejó sin rodar esta última parte por falta de medios económicos, quedando el sur, en la película, como un lugar fantástico, evocado como algo que pudo ser y que no fue.

De forma similar, en nuestra ciudad, el sur también ha quedado preso de la falta de medios económicos e inacabado el proyecto de su integración total con el resto de la ciudad. Durante años, el distrito aparecía como incomunicado, separado de los demás barrios de la ciudad debido a la escasez de puentes que cruzaran el río. El Guadalquivir actuaba como un muro que mantenía el carácter de arrabal del Campo de la Verdad o el Sector sur. El desarrollo del PGOU de 1986 y del Plan del Río de 1992 consiguió romper ese aislamiento y conseguir que el Sur se mostrara como una parte más de la ciudad.

La gran inversión y dedicación que se hizo para eliminar el otro dogal que aprisionaba a la ciudad, las vías del tren, trasladó el centro de la ciudad hacia el norte y quedó descompensada la ciudad.  Por esa razón, se decidió que, tras acabar el desarrollo del Plan Renfe, Córdoba debería dedicar la mayor parte de las plusvalías públicas generadas al sur.  Así se consiguió el Balcón del Guadalquivir o el Parque de Miraflores, complementados con la inversión estatal en el encauzamiento del río. Pero no era suficiente, había que conseguir darle una nueva actividad, una nueva funcionalidad a ambas orillas del río, pero, en especial, a la izquierda.

Surgió entonces el proyecto del sur cultural, y los proyectos emblemáticos de Palacio del sur-Centro de Congresos, el C-4 o el nuevo Museo de Bellas Artes. Cada uno de esos proyectos correspondía a una administración pública diferente, pero, hoy por hoy, el proyecto está inacabado. Lo que iba a ser un Koolhas mastodóntico, nuestro Guggenheim particular, ha acabado siendo un solar convertido en erial sobre el que se ha gastado el ayuntamiento 9 millones de euros y que nadie defiende ya. El C-4 de la Junta de Andalucía sí se ha acabado de construir, pero sigue sin tener claro para qué va a servir y cuándo va a abrirse a la ciudad. Por su parte, el museo de Bellas Artes que debería ubicarse a la derecha de la Calahorra, sobre el río, ha quedado como un proyecto fantasmal que el gobierno central ha mandado al limbo.

Complementariamente a estos grandes proyectos, el anterior gobierno municipal creyó en la posibilidad de desarrollar un nuevo Plan Urban en la ciudad, tras el qyue sirvió para iniciar la recuperación de la Ribera, dedicado a la zona sur, con la cultura como eje reactivador del distrito. El proyecto formó parte de la “maldita” herencia recibida por el gobierno pepero, del que ahora tira sin reparos, para justificar inversión o empleo. El buque insignia debería ser la recuperación del antiguo edificio de la Normal para convertirlo en un equipamiento cultural que se dedicara a la empresa cultural. De las partes que componían el Urban, se han desarrollado los de mejora de algunas calles y plazas, no sin retrasos, como actualmente sucede con la Avenida de Cádiz, y algunos de carácter sociocultural y de dinamización económica, pero nada se sabe de qué va a ser finalmente la antigua escuela de Magusterio.

El sur ha quedado, pues, inacabado, sin rumbo, fundamentalmente, después de perderse la carrera por la capitalidad y tras la fuerte incidencia de la crisis económica. Al igual que el personaje de Antonutti, los convecinos del distrito se pueden ver abocados a un exilio interior, mientras el sur parece quedar condenado a la existencia de índices altísimos de paro y de exclusión social. Una vez más, esta ciudad está a punto de abandonar un proyecto antes de que se complete. Mr. Chance Nieto se ha empeñado en que la inversión reducida de centro de congresos se marche al extrarradio de Poniente, y la Junta de Andalucía, con el Padrino Durán como autonombrado comisario político, renuncia también a la península de Miraflores, al menos a corto plazo. El C-4 tiene pinta de que no se abrirá hasta la próxima campaña electoral andaluza, y el Museo de Bellas Artes reaparecerá en las próximas generales, sin que pase de ilusión óptica.

Córdoba necesita mantener su apuesta por la transformación del sur y seguir confiando en su caracterización cultural. Se cuenta con el acuerdo vecinal y empresarial para hacerlo. Evitar que quede inacabado debe ser el objetivo de todas las fueerzas políticas y de todas las instituciones, porque El Sur de Erice quedó convertido en obra maestra aún sin terminar, pero el sur real no podrá hacerlo hasta que se acaben los proyectos que tanto costó consensuar.

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