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Lo imposible

Redacción Cordópolis

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María Belón y Enrique Álvarez, acompañados de sus tres hijos, creían imposible que su viaje de vacaciones de Navidad a Tailandia, en 2005, pudiera acabar en una trágica aventura provocada por un tsunami. Pero así sucedió,y nos lo cuenta Juan Antonio Bayona en la más que publicitada película “Lo imposible”. Como es necesario en todo film que quiere llegar al público americano, todo está endulzado dentro del drama que cuenta. La pareja protagonista, formada por Naomí Watts y Ewan McGregor, así como los actores que interpretan a sus hijos, son de un rubio y azul insultantes Las imágenes a contraluz, o la banda musical, conducen las emociones y envuelven la tragedia hasta hacerla admisible a nuestros ojos. En la película, el tsunami, sus efectos, y la  población nativa, duramente afectada, importan poco.

Los cordobeses que asistan a la proyección podrán criticar la película con la dureza de los cinéfilos o dejarse llevar por la lágrima fácil al celebrar su final, pero se sentirán que viven lejanos a un desastre, en el que incluso le gustaría estar, siempre, claro, que fueran los protagonistas. Nada más lejos de la realidad. Históricamente, Córdoba ha vivido sus tsunamis interiores provocados por el río que le dio sentido y origen. Todos hemos escuchado y leído sobre las inundaciones provocadas en distintas épocas por el Guadalquivir, y que acabaron obligando a levantar los murallones que tanto impedían la relación con el río. Paradójicamente, en los últimos tres años, cuando creíamos que eso era historia de abuelos, y habíamos recuperado el río, estamos reviviendo esas experiencias sin que existan protagonistas rubios, ni música de fondo, ni imagenes edulcoradas.

Cuando visité hace tres años las zonas inundadas por la crecida del río en la zona  de Poniente y de Alcolea, solo sentí la dureza de casas destrozadas, de familias desesperadas y la voracidad de la naturaleza reclamando lo que era suyo. Al margen de la legalidad o no de las casas afectadas, el desastre fue importante aunque, por suerte, no hubo pérdida de vidas humanas. Por entonces, nuestros dirigentes se hicieron fotos con botas e impermeables recien comprados y prometieron soluciones. El trabajo más duro corrió a cargo de los trabajadores públicos, de las empresas contratadas y del vecindario, que tuvieron que intentar recuperar la normalidad. Alguno de ellos, ha tenido que sufrir un juicio al cuestionarse la formalidad del gasto originado, como si en aquella situación se pudieran seguir normas administrativas puras. Por suerte, la justicia ha rehecho, ampliamente, su nombre (amigo Ginés), que había sido abandonado a su suerte por el gobierno pepero, en busca de réditos electorales.

PePe Nieto se lavó las manos de aquella situación y se dedicó a atacar tanto al gobierno de la Junta de Andalucía, que gestionaba entonces los embalses de la cuenca, como al gobierno municipal, y a la propia Junta, por poner en peligro las vidas de cientos de cordobeses. También se criticó el estado de los arroyos, que provocó pequeños tsunamis en otras zonas de la ciudad, algunas de ellas plenamente legales. Prometieron cambios para que no volviera a suceder, promoviendo la legalización de las viviendas, exigiendo la segunda fase de encauzamiento del río al gobierno central y asegurando que se limpiarían los arroyos.

Pero la naturaleza es tozuda y, en estos días, ha vuelto la amenaza de un nuevo tsunami en la ciudad sin que nada se haya resuelto. El fin de semana, se volvió a unir el efecto de las intensas lluvias al de los desembalses de los pantanos, llegando prácticamente al límite de obligar a desalojos masivos, aunque alguno aislado hubo. Tras dieciocho meses de gobierno pepero, las viviendas amenazadas por las crecidas del río siguen en igual situación, e incluso, algunas de ellas en mal estado, han vuelto a ser ocupadas. Ya no se pide al gobierno Rajoy que invierta en la segunda fase de encauzamiento del río y sobre los arroyos se ha entrado en disputa con la Confederación sobre el pago de las obras que ya se han acometido. Hoover Martín, como Don Tancredo, mira al cielo y señala que el problema es... !de la lluvia! Ni siquiera menciona la responsabilidad de los desembalses, porque ahora vuelven a depender del gobierno central.

Lo peor de todo es que, en las horas que publico esta entrada, se anuncian nuevas lluvias, intensas y permanentes. El río baja fuertemente crecido, el suelo ya no absorbe más agua, y los embalses se preparan para volver a soltar agua en cuanto sea necesario. Lo imposible se vuelve a hacer realidad. Como en la película, acabar salvando la vida puede ser un éxito, pero no se nos puede olvidar que para Córdoba el tsunami ya no es algo inesperado. Parece que solo nos toca implorar que la suerte esté de nuestro lado y que San Pedro. o quien sea, no sea cruel. Mientras, nuestra clase política estará comprándose botas e impermeables en cualquier tienda de moda.

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