Te meto en el grupo de wasap...

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Un grupo de wasap es el diablo. La primera vez pasa sin que te des cuenta, como todos los caminos de perdición, los amigos para quedar, los padres y madres del colegio, cualquier bienintencionado te mete en esa sima sin salida y tú aceptas descuidado. Piensas que es estupendo comunicarte con todos tan rápido, después ya ves que unos cuantos lo ocupan,  igual con una angustia, una broma, o una confesión, y empiezas a pensar que  no quieres compartir eso, que hay cosas que no quieres conocer, que eso era sólo para quedar.

Los grupos de wasap son el anuncio del delirio global que empezamos a padecer. Comienzas con unos cuantos grupos, algún error, alguna confusión, después empiezas a dudar si algo lo sabes porque te lo han contado, o lo has leído, o lo has imaginado; después ya no sabes quién habla, crees que has leído o que alguien te lo ha dicho, pero ya no sabes de quién son esas voces, son solo voces.

Y no se van las voces. Intentas trabajar o jugar con tus hijos, y no se van, te interrumpen, te insisten para que les sigas y no sabes evitarlas, voces que te cuentan naderías, rutinas, o enfados por malentendidos, porque no les atiendes. Te paras a pensar y te das cuenta de que tardas mucho en hacer cualquier cosa, apenas lees más de unos cuantos párrafos seguidos, no ves una película, ni mantienes una conversación. Al tiempo no hay más que voces, las de wasap, telegram, face, la propia televisión, tu monólogo interior constante, las que esperas escuchar y no escuchas, las palabras que deseas y a las que temes,  una avalancha que empieza a no dejarte descansar, retrasa tu hora de dormir, a sacarte de la cama por ese zumbido que necesitas porque significa que alguien quiere decirte algo.

¿Crees que exagero? Entonces aún estás a tiempo. Corre.

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Publicado el
10 de marzo de 2015 - 01:13 h
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