Cuestión de prioridades

El pasado miércoles, en una conversación con Berta González de Vega -@martinidemar para los tuiteros- salió a relucir el asunto de las costosas urbanizaciones que se llevan a cabo en nuestras ciudades. Toneladas de granito y otras piedras nobles, cuyo empleo está justificado en entornos patrimoniales, pero no tanto en el resto de zonas de la ciudad. Coincidíamos los dos en que en la situación actual (y en cualquiera) no parecía oportuno emplear ese dineral en infraestructuras que se pueden resolver con menor coste, cuando además, hay otras necesidades que estratégicamente sería más necesario cubrir.

¿Sería una solución que se publicitara en los carteles de obra el coste de las intervenciones? le respondía que eso ya se hace y ni haciéndolo así los vecinos se daban por enterados, no se movilizaban, no pedían la paralización de las obras y la re-orientación de la inversión. Me equivocaba.

El Gamonal de Burgos. El Ayuntamiento paraliza la planificada reurbanización de una avenida para convertirla en bulevar, en la que tenía previsto invertir 8 millones de euros.

Burgos tiene un censo de 18.000 parados. Es la razón principal por la cual la mayoría cree que "ahora" no conviene gastar el presupuesto municipal en un bulevar. Quienes protestan creen que hay otras prioridades en la zona, como arreglar la biblioteca pública, reparar las aceras y ampliar el alumbrado de las calles. "Hay que pagar las deudas, y crear un sinfín de servicios sociales antes de esta reforma que solo embellecerá la ciudad", afirma E. P. R, una vecina.

La ciudadanía, llegado el momento, tiene criterio propio y se manifiesta ante determinadas acciones de gobierno que considera equivocadas. Solo basta que concurran algunas circunstancias para que el asunto explote, para que esa aparente duermevela en la que el sopor de los plenos nos tiene sumidos, desaparezca, y salga a relucir de manera contundente el parecer de la gente en cuanto a cuales son las prioridades que deben tener sus gobernantes.

En general -hay excepciones por supuesto- asistimos a una forma de gobierno en la que se está atento a lo que una decisión provoca en los siguientes 10 minutos (el tuiter ha hecho mucha mella), en vez de preocuparse por intentar gobernar para los siguientes 10 años. Se entra en un ciclo perverso en el que se actúa para obtener un titular de prensa el día siguiente, el cual a su vez provoca decisiones inmediatas para neutralizarlo.

Es el síndrome del dossier de prensa, cortoplacismo lo llaman otros. Los más visionarios llegan a pensar en estrategias e inversiones a ¡CUATRO AÑOS!, plazo que se va recortando irremisiblemente a medida que se acerca la fecha de las elecciones. Y así nos va.

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16 de enero de 2014 - 05:00 h