Ausencias que matan

Un Plan de Usos es un documento de carácter reglamentario o normativo, que es redactado por el Ayuntamiento tras un proceso de participación ciudadana, en el que se implican todos los colectivos que tengan algo que decir sobre el lugar en particular. Posteriormente ha de ser aprobado por el órgano competente, lease, Consejo de Gerencia Municipal de Urbanismo, Junta de Gobierno o Pleno, y se culmina el proceso introduciéndolo cuidadosamente en un cajón. Cajón del que no debe salir jamás.

Al menos eso es lo que entendemos aquí por Plan de Usos o, al menos, eso es lo que ha pasado con el de la Plaza de la Corredera, que se quedó trabado en su fase de Avance y del que nunca más se supo. Del porqué de esta ausencia nos podrían dar pistas los gestores que han tenido que ver con el urbanismo cordobés en los últimos 10 años, puesto que la redacción del Plan data de abril de 2003.

Lo cierto es que, ante la ausencia de un Plan que ordene las actividades de la Plaza, potencie las más idóneas y regule de manera racional lo que sucede en su seno, los veladores han colonizado el espacio, los bares han ganado la partida. El monocultivo hostelero se extiende por los soportales desplazando a otros usos que serían bienvenidos en este patio grande de Córdoba.

Se echa en falta una diversificación de usos estables que visibilice la riqueza social de la ciudad, incluyendo y potenciando, por ejemplo, la artesanía. El lugar tiene un marcado carácter lúdico y además de ser sitio de encuentro frecuente para los de dentro, es paso obligado para el visitante. Por ello, esta justificado que se incentiven actividades de artesanía que bien pudieran ser sostenibles.

El movimiento vecinal que reclamó con vehemencia la redacción y aprobación del Plan, parece que revive. Todo sea por una Corredera aún mejor.

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21 de marzo de 2013 - 05:00 h
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