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Berlín de terapia

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Fidel Del Campo

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Desamores, despidos improcedentes, decepciones... Hay momentos en los que se nos caen toneladas de porquería encima. Viajar es una medicina eficaz para estos casos. Puro Ibuprofeno. Dispongo de un listado de lugares recorridos pero nunca finiquitados para estas situaciones. Berlín es uno de ellos. Su mayor ventaja es que tiene 25.000 caras, lo que supone una cualidad admirable, pues podemos decidir sobre la marcha qué ciudad queremos descubrir. A esto únele su fantástica oferta de ocio y una vitalidad, para nada nórdica, a pesar de que el clima continental la arrase con hielos y penumbras durante los meses más duros del invierno. No supera las tres horas de avión y las low cost, ávidas por traer alemanes con ganas de sol, permiten contar con rutas baratas fuera del verano. Como se trata de cerrar experiencias vitales malas, mi propuesta huye de todo artificio metafísico y pena (para los recalcitrantes en el dolor de “me han dejado abandonado” o “yo esto no me lo merecía” está, por ejemplo, la Venecia de Mann, no por ello menos bella pero eso, es para otros menesteres). Elegida Berlín como medicamento, propongo cerrar el mal rollo “Made in 2012” por Orianienstrasse, en el distrito de Kreuzberg, con alguna recomendación extra…

Oranienstrasse, Kreuzberg

Gran calle y gran barrio, en el centro histórico de Berlín, cruzando el río Spree. En el Este. Mezcla tendencias y el batiburrillo berlinés “del todo a medio hacer”. Allí está la sinagoga, de curiosas reminiscencias árabe-andaluzas. El barrio carece de monumentos pero no salió del todo mal de los bombardeos ni de la fiebre cementera de la RDA, por lo que conserva cierto aire burgués del XIX.

Por Moritzplatz se pueden descubrir rincones curiosos. Una sorpresa es el centro cultural Aufbauhaus, abierto en 2011. ¿Os imagináis algo así en Córdoba?, pues hay ideas para hacerlo en La Pérgola, con miles de obstáculos por parte de nuestros preclaros políticos, lógicamente. Da sitio a creadores y empresas culturales, de diseño y software para que puedan trabajar allí a precios de alquiler razonables. Uno de los espacios que se pueden ver aquí (para que veáis de qué va la idea) es Planet Modulor. Cerca, tiendas tan curiosas como Coledampf’s & Companies, dedicada a libros y utensilios de cocina de todo tipo. Y sin salir mucho de Moritzplatz, otra sorpresa: los jardines Prinzessinnengärten. Meca para los amantes del concepto “huerto urbano”. Una iniciativa de vecinos para cultivar plantas y flores en macro solares abandonados a su suerte, a pesar de la presión urbanística. Venden al público. La zona también tiene rincones de copeteo geniales para dar una vuelta fuera de los circuitos más pisoteados de la ciudad. La casa okupa de Tacheles es un buen lugar para empezar. Un sitio, el Silberfisch, con música rock, indie o grunch. Más de noche no cuento, mejor que exploréis, pero sobra decir que esta ciudad es meca del techno y sigue teniendo algunos de los locales y discos más salvajes de Europa.

Unter den Linden

El corazón de la ciudad. La versión Campos Elíseos de Berlín merece largos paseos, desde la puerta de Brandenburgo hasta la isla de los museos. Destila Reich, cierto, pero guarda también el encanto de lo que no pudo llegar a ser. Es casi lo único de capital centro europea que le queda a Berlín y se nota.

Alexanderplatz

No tan maquillada como Potsdamerplatz, Alexander ha guardado mejor su fisonomía de preguerra cuando ya era una encrucijada comercial y de transporte público. La RDA dio a esta megaplaza un toque moscovita aún no destruido por las hordas Merkelianas. El resultado es el de una explanada soviética, apta para fotógrafos hambrientos. Atención al reloj universal setentero, conservado en medio de la plaza. Y, por supuesto, a la torre de televisión. Orgullo del comunismo pop. Muy cerca, una de las megatiendas Ampelmann, el omnipresente muñeco de semáforo RDA, convertido en mascota de la ciudad y presente en todo tipo de objetos.

Nefertiti

Recién cumplido el centenario de su estancia berlinesa, ir al remozado e impresionante Neue Museum es procesión sagrada. Bien cierto es que los museos adyacentes, con el Altar de Pérgamo, son igualmente fundamentales. Pero ver a Nefer es dar cuenta de que, pasados los milenios, los cánones básicos de la belleza humana se mantienen curiosamente inalterables.

Charlottenburg, languidez del XVIII

Pocos suelen pasarse por este barrio, antaño en las afueras, lleno de parques, bosques y con un impresionante palacio neoclásico que mantiene el aire prusiano del Berlín del XVIII. No es Versalles, ni falta que hace. Lugar perfecto para dar un paseo por entre canales, arboledas y pórticos dóricos.

¿Un perrito caliente?

Hablo de la currywurst. No, no es un perrito cualquiera. Salchicha alemanota con una densa salsa rojiza. Hay puestos ambulantes donde te la hacen y comes con una buena cerveza, por pocos euros. Las verás por todas partes, especialmente en los puntos más turísticos. La inventaron tras la guerra en el sector occidental, pero ha tomado la ciudad como topicazo indispensable. Tomate y curry conforman parte de la salsa. No imagináis lo bien que entra tras una mañana gélida andurreando por la ciudad.

Un hotel diferente

Una propuesta muy cercana a Alexanderplatz nada convencional. El Hotel Camper, del grupo balear de los zapatos, es un escondite perfecto para el escape. Diseño por todas partes sin llegar a la ñoñería. Las ventanas de las habitaciones son geniales, hay luz por todas partes. El resultado es contundente, simple y urbano. Ofrecen servicio de alquiler de bicis para las visitas. Y atención a la fórmula Tentempié. Se trata de una planta-comedor del hotel, habilitada para picoteo y snacks gratis para los clientes a cualquier hora. Desde una ensalada fresca a un yogur o bebida. La comida te la puedes llevar. Perfecto para almorzar de paseo o para matar el gusanillo en las horas de descanso. Hotelazo y modernez a raudales.

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