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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

La vida de Tulia. El día de la marmota. Los macetones

En Azafate

Magdalena Entrenas

18 de abril de 2026 20:34 h

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Tulia ha sido asesinada. No, la responsabilidad no es de su señoría, que dictó adecuadamente una orden de alejamiento de 500 metros y señaló un juicio inmediato. No, la responsabilidad no es de la policía, que acompañó al agresor hasta su casa para retirar sus pertenencias y lo llevo hasta el domicilio de un familiar, donde debía quedarse. No, no creo que la responsabilidad sea siquiera del sistema, por más que este sea mejorable. Habrá que seguir trabajando en ello.

La responsabilidad es de ese monstruo que, incumplimiento la orden, fue directo al corazón de Tulia (que ya no palpitaba por él) y le asestó una certera y mortal puñada partiéndoselo en dos. Y es que nadie puede evitar la maldad humana cuando un monstruo como este te espera, con premeditación y alevosía, en cualquier rellano.

Dicho esto, me planteo si, en realidad, no seremos todos responsables de la muerte de Tulia por dejar que a nuestro alrededor sufran cada día tantas otras Tulias sin hacer nada. Ayer mismo escuché en el Juzgado de Violencia el testimonio de dos testigos que explicaban con sentimiento, dolor y tal vez con remordimiento, cómo durante años vieron y escucharon a otro monstruo someter hasta lo insoportable a otra mujer sin denunciarlo. 

No conozco nada de la vida de Tulia, ni del monstruo que la mató, pero mi imaginación es poderosa. Seguramente vino a Córdoba a trabajar duro para dar mejor vida y educación a sus dos hijos. Seguramente conoció en ese mismo rellano al vecino del edificio que, solo, viudo o divorciado, la roneo hasta que iniciaron una relación afectiva. Seguramente estuvo ilusionada y hasta muy enamorada hasta que dejó de estarlo. Y, seguramente, hubo muchos que supieron cuando la relación se convirtió en tóxica y dañina. Eso no ocurre de repente.

Por eso también imagino como antes de esa puñalada algunos oyeron golpes por esas paredes de papel por las que se escucha hasta respirar; o que hubo quien la vio triste y desorientada en la frutería, o el autobús que cada día cogía; puedo hasta imaginar como hubo amigos o familiares que supieron de su dolor y hasta soy capaz de imaginar como el monstruo le confesó a un amigo un día “si me deja, la mato”, tomándoselo este a simple bravuconada.

Todos somos responsables. Unos por negar que la violencia machista existe y otros porque, sabiendo que existe, conocen a Tulias, Marías o Rosarios que están pasando por un auténtico horror y no hacen nada. 

Mientras no nos sintamos todos responsables y seamos capaces de actuar sin declinar esa responsabilidad, habrá muchos otros monstruos (el encubrimiento también existe) y muchas otras Tulias muertas, porque el sistema (ese cajón donde todo cabe) no podrá impedir que esto vuelva a ocurrir una y otra vez. 

Ya saben, el día de la marmota. También ha vuelto el calor, el olor a azahar, las terrazas llenas, los caracoles, el Rally de Sierra Morena y su infumable espectáculo de estrangulamiento del tráfico en las arterias centrales de Córdoba y, lo peor, han vuelto los horripilantes e inservibles macetones. Habrá que amortizarlos. Dirán algunos. Dios que pesadilla. 

Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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