Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández.

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Cada año cuando llega San Valentín nos inundan las olas de corazones, flores y chocolates; los anuncios de enamorados y puestas de sol y una oferta de regalos cada vez más sesuda para dejar atónito al amado. Pero también llega nuestro Obispo Don Demetrio, ese coach del amor y su “filípica” sobre el que, como la pila de alcatel, sigue y sigue y jamás se agota.

Las frases de este año son impagables. En Vivan los novios -el título es de salsa rosa- Don Demetrio asegura que, cuando el amor de los novios se queda solo en deseo, será pasajero y los frustrará… ¡Ay Dios! Señala, también, que la “castidad” es el gran secreto, la panacea del sacramento del matrimonio y continúa exhortando, que “no le es lícito al hombre o a la mujer tomar al otro sin que Dios te lo de”.

¡Pues como pida el carnet de castidad a la puerta de las Iglesias, veremos a ver cuantos novios le quedan! ¡Hasta San Valentín era más moderno! Ese Valentín sacerdote romano que dicen fomentó el matrimonio estando prohibido por el emperador Claudio II porque los solteros sin hijos eran mejores soldados. Decapitado acabó… ¿Real? No sé, en 1960, el Concilio Vaticano II, reorganizó el santoral y retiró su celebración del calendario litúrgico. Ahí lo dejo. 

Pero don Demetrio, más antiguo que un luto, sigue con sus cartas por San Valentín, eso sí, desvaídas siempre de cualquier atisbo de realidad sobre el amor y las parejas. 

Don Demetrio, el amor no es infalible, ni lo hay de primera o segunda. Es un cheque en blanco y a veces hasta uno sin fondos; es una montaña rusa y una noria que te da vértigo, pero te eleva; un cuponazo que le toca de verdad a muy pocos; es llorar porque no puedes querer como te quieren; es una noche oscura en la que corres abandonada y también un día de sol que de repente se nubla. 

El amor no es blanco o negro; no es varón y hembra, no es unívoco; es pasión, fuego, mariposas en la barriga y deseo, mucho deseo; el  amor no es sacrificio, ni renuncia, ni hacerlo en nombre de nadie y menos de Dios. Es disfrute, goce y alegría y si te entregas que sea a ti mismo, porque amarse a uno mismo es lo primero.

El amor es un jamón que aunque sea de pata negra, hasta que no lo pruebas no sabes si te gusta.

Hay que sentirlo para expresarlo y hay que haber llorado para poder hablar de su pérdida. El amor, don Demetrio, no es como el brazo incorrupto de Santa Teresa. Ni es para siempre, ni es amor lo que algunos dicen tener desde siempre. Aferrarse y vivir una mentira es mucho peor que cerrar la puerta. El amor, Don Demetrio, se hace, sin más, por eso comprendo que usted no me entienda. 

Usted habla de noviazgos de pata negra dirigidos por la gracia, yo de amores de chóped que están ahí afuera. Tan reales, maravillosos.

Como diría el que mandaba y sabía mucho de deseos y pasiones … “porqué no te callas”.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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