Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Divorcio y violencia (III)

Guarda y custodia.

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Un poco más allá del meridiano de estos 40 años desde la Ley del Divorcio de 1.981, llegó la revolución, la bomba legislativa que dio contenido a la igualdad y a la decidida protección ante las situaciones de violencia. Y así vio la luz la Ley de Medidas de Protección contra la Violencia de Género en el 2004; la nueva Ley de Divorcio, - el exprés - en el 2005, cuando se aprobó la modificación del código civil que también reguló el matrimonio entre personas del mismo sexo y en el 2007 la Ley de Igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Quién hoy eche la vista atrás y cuestione la necesidad - la idoneidad - de estas leyes puede estar ciego, o sencillamente haber sucumbido a las arengas políticas, a la demagogia barata, de los que abanderan la vuelta a un pasado que ya no existe. España ya no es lo que fue y no cabe vuelta atrás. Saberte siempre en la oposición te permite demasiada falacia. 

La ley de violencia de género afectó transversalmente el ordenamiento jurídico y la ley del divorcio exprés lo descausalizó. Solo bastaba el deseo de un cónyuge. Dejar de amarse. El acento recayó entonces en la igualdad real de los progenitores para ejercer la guarda y custodia de los hijos comunes. Y así llegó la guarda y custodia compartida y el péndulo una vez más. La custodia compartida por obligación abrió paso a una nueva virulencia en las rupturas. Mujeres que se oponían a ella sin motivo y hombres que la utilizaban con interés meramente espurio.

En este nuevo panorama en la justicia desde el año 2004 da tiempo a ver que así sucede. También que en los Juzgados de Violencia no son víctimas algunas de las que están y que realmente no están todas las que desgraciadamente lo son. El compromiso con la violencia de género y con la verdad debiera ser de todos. Pero no es así. La violencia de género es una lacra, una realidad, un mantra que no se arregla por repetir que existe, o que no, una vergüenza, una desgracia, un auténtico fracaso social cuando son cada vez más jóvenes los hombres - niños a veces - que insultan, agreden y hasta matan a las mujeres - niñas algunas- a las que dicen que amaban. 

Virginia no sabía siquiera si quería divorciarse. Si dejar atrás una historia que intuía no había sido la historia romántica con la que soñó. Emilio le controlaba hasta su propio dinero, la callaba en público, le supervisaba la ropa que debía ponerse cada día. El consideraba si era decente, o parecía “una puta”. Muchos días la zamarreó y alguno que otro le dio puñetazos. Como cuando llegó bebido de madrugada y quiso obligarla a tener sexo - eso no era amor - y presa del miedo se hizo la dormida. La llamaba “inútil”, “loca” y a cada rato “hija de puta”. La castigaba, la dejaba fuera de la casa… sencillamente la despreciaba. Aun así, Virginia lloraba mucho creyendo ser ella la culpable de no ser la esposa perfecta. A él lo absolvieron, pero ella por fin cogió fuerzas para seguir su camino. 

Porque la justicia a veces es ciega y la balanza depende en ocasiones de factores que no están en los libros… ¿un culpable absuelto o un inocente condenado? No, no es fácil, nadie dijo que lo fuera. Cuando he sido testigo de algún error en la justicia humana, por Dios que eleve recurso de súplica a la divina. Nunca se sabe. 

- continuará-

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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