Cuando marzo mayea...

Acaba de comenzar un mes dominado por la sabiduría popular, un mes de transición entre estaciones, que igual pudiera ser muchas y ninguna a la vez. "Cuando marzo mayea, mayo marcea". Lo habrán repetido sienes de veces, más cuantas más canas peinen frente al espejo. El dicho resume la variabilidad meteorológica que puede darse en el presente mes. Uno sabe que en julio hará calor, en enero frío, y en marzo un vayausteasaber.

Recordarán los cronistas de acrisolada prosa, de los que con ahínco gongorino beben su verbo de las aguas del Betis, que en Córdoba marzos hubo muchos, de los que regaban en abundancia los campos de la tierra yerma, y de los secos que invitaban al paseo y la calma sombría que conforma a las gentes de la ciudad. Ambos son caras de la misma moneda, la que con tanto tino describiera Don Pío Baroja a comienzos del siglo XX, la Córdoba de los discretos, de quienes gritan sin alzar la voz. Marzo, como Córdoba, es blanco y negro a la vez.

Abandonamos casi definitivamente el intento de invierno que por estas tierras nunca llega al final. Una ciudad extraña donde las hojas de los árboles no acaban de caer, y que ya va mirando al buen comportamiento del cielo para salvar en algo las cifras de la macroeconomía local. Anticipar el tiempo venidero es harto complejo y de escasa  fiabilidad según donde nos encontremos, pero hay ocasiones en que las piezas son tan rematadamente claras, que con alegría cortijera quienes atisbamos el futuro podemos llamar insensatamente a la alegría. Como dijese hace unas semanas, miren a Rajoy.

Lo cierto es que después de un invierno relativamente húmedo por estas tierras, con los consabidos frentes cantábricos, se intuía ya hace una semana, que el comienzo de la primavera meteorológica sería algo más calmada. Efectivamente, nuestro amigo el Anticiclón de las Azores vuelve a asomarse vigorosamente, extendiendo su influencia sobre buena parte de la Europa Occidental. Al menos en los próximos siete días, sobre la Península Ibérica dominarán las altas presiones, lo que además de cielos despejados, nos volverá a poner el mercurio en valores más que curiosos. No dará para hacer la foto imbécil del termómetro callejero, pero sí para tostarse al sol en cualquier terraza con buena orientación.

De momento esa es la certeza. Pero esto es marzo, y pensar en estabilidad como tendencia general, es harto arriesgado. Lo cierto es que la desestabilización ártica debería comenzar a hacer ya de las suyas, desgajando el poderoso núcleo polar y mandando alguna que otra bolsa fría al sur del paralelo 40. Es precisamente, de la guerra que se establece entre las diferentes masas de aire, de donde marzo y sus refranes adquiere sentido. Vendrá el sol igual que vendrá la lluvia torrencial. Vendrá el buen tiempo igual que vendrá el malo. Y si no, al tiempo, que mayo ya mismo está aquí.

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5 de marzo de 2014 - 07:00 h