Año 3, capítulo 100

Ponga sobre aviso, que lo que sigue viene bañado en unos 20 galones de almíbar de la mejor calidad del Valle de Guadalupe en la Baja California.

Hace dos años, en el comienzo de curso del año 2012 de nuestro Señor, cuatro pobres desgraciados con el oficio de contar cosas, emprendían un tortuoso camino para seguir comiendo entre 2 y 3 veces al día haciendo aquello que querían. Nació entonces Cordópolis, el que sería primer diario digital de información local en Córdoba. Meses antes, de entre el albero y el aroma rancio de vino reseco que inundaba el Arenal, uno de los susodichos fundadores me proponía como reto hablar semanalmente sobre las cosas del tiempo.

Él, que sabía de mi esquizofrénica afición por la persecución de nubes, y también de mi inmoderada afición a decir barbaridades, pensó que tal vez, la combinación de ambas, en tiempos en que el consumo de narcóticos meteorológicos y cierto hastío por la situación general de las cosas estaba en auge, pudiera interesar a algún que otro despistado. Nació así El Rincón y el que en sombras me persigue convertido en inesperado alter-ego, el Meteofreak. Dos años más tarde aquí sigo con la que pomposamene hace la entrada número 100. Y como yo, que soy ser humano al fin y al cabo, gusto de celebrar las efemérides que logran ciertas cotas difíciles de alcanzar.

100 entradas como 100 soles, en las que les he hablado de huracanes, anticiclones, isobaras, santos de muy diverso pelaje, fiestas patronales, política y un largo etcétera de aburridas ocurrencias. Un tiempo en que muchos han estado puntualmente sentados cada miércoles atentos para leer, aún a sabiendas de la constante incertidumbre a la hora de lanzar pronósticos, los designios que los dioses del cielo tenían preparados para el buen fin de eventos sociales de todo calibre.

Como el que quiera tocarnos a partir de la segunda quincena del presente mes, en que el primer envite auténticamente otoñal quiera mandar el verano al oscuro rincón de los recuerdos. Una disposición atmosférica que traiga desde el Atlántico los primeros frentes propiamente otoñales, que rieguen la mitad occidental ibérica con desigual fortuna. Un comienzo del otoño meteorológico que haga honor a su nombre, refrescando el ambiente y bautizando, como bien merece este Rincón, los 100 largos capítulos de mi deriva meteofriqui.

De bien nacido es ser agradecido, por lo que sirva la que hace 100, para dar los correspondientes reconocimientos a todos y cada uno de los que han compartido afición al exabrupto meteorológico, quiera que la divinidad cordopolita me siga consintiendo el gatillo fácil a la hora de escribir.

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10 de septiembre de 2014 - 08:00 h