El presente en perspectiva

Uno de los principales problemas a resolver por la realidad democrática occidental es el continuo clima preelectoral y su principal consecuencia: el cortoplacismo. Me pregunto si queda alguien que piense a largo plazo. Puede parecer un lujo en tiempos como el nuestro, pero no hacerlo es tan absurdo como intentar hacer historia sin perspectiva. Vivimos en un presente absoluto. Un presentismo en el que el futuro es sustituido por tener un montón de cosas que hacer (valga la versión libre de una frase de la canción "Darkness", del último disco de Leonard Cohen).

El descontento con el sistema es general, pero cuando llega el momento de poder decidir por el cambio, en cualquier ámbito, el sistema se encarga de hacernos creer que no es el momento, que los males sobrevenidos superarán los presentes. En los próximos meses veremos cómo a medida que se acerquen las elecciones europeas se multiplicarán los enésimos argumentos para convencernos de que un voto fuera de las dos opciones mayoritarias pondría en peligro la gobernabilidad de Europa, ahora que (esta vez sí, por supuesto) su parlamento va a tener más competencias y decisión para afrontar nuestros problemas. El desgaste de los dos grandes partidos es tal que, lejos de intentar convencernos de sus virtudes, ponen el empeño en los desastres de las otras opciones. Jamás se preguntan por qué crecen las opciones antieuropeístas, por que se multiplican las opciones de movimientos ciudadanos, por qué Gamonal, por qué se van a multiplicar los Ortega Lara y Rosas Díez, los Ciudadanos y las plataformas independientes... Sería mucho más sencillo conseguir votos ofreciendo más bienestar. Una política para las personas. Y menos profesionales de la autoperpetuación. Menos regate corto y más juego colectivo. Menos listos. Más inteligentes.

Los brotes verdes anuncian una salida de la crisis ya inminente a costa de haber acentuado las desigualdades. Insistir en la desigualdad es favorecer que el ciclo positivo sea corto. Ya que tanto gustan los argumentos económicos como razón objetiva, es fácil comprender que si crece la desigualdad, el consumo mayoritario no se reactivará lo suficiente. Y es el consumo de muchos lo que genera realmente crecimiento. Las personas necesitan dinero en su bolsillo, y es lo que más crecimiento (y satisfacción) produciría. Eso, y que la educación sea formación y no adoctrinamiento. A largo plazo, por supuesto. Hace falta un presente en perspectiva.

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3 de febrero de 2014 - 07:00 h
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