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Volver a creer en el Festival de la Guitarra

Paco Peña tocando la guitarra.

Victoria Fernández Domínguez

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Hablar del Festival de la Guitarra de Córdoba es hablar de uno de los grandes referentes culturales de la ciudad. Durante décadas ha sido un escaparate internacional que convirtió a Córdoba en la capital mundial de la guitarra, reuniendo a los mejores intérpretes de flamenco, clásica, jazz, blues, rock y otras músicas. Un festival que no solo programaba conciertos, sino que generaba identidad, orgullo, formación y prestigio.

Sin embargo, en los últimos años resulta difícil evitar una sensación de pérdida de ambición. El Festival sigue siendo un acontecimiento importante, pero ha dejado de liderar para conformarse con mantener el tipo. Y esa diferencia es enorme cuando se trata de un evento con cuarenta y cinco años de historia.

La programación continúa ofreciendo nombres de calidad, pero cuesta encontrar esos grandes artistas internacionales que convertían cada edición en una cita imprescindible. Antes, el Festival era noticia porque reunía a figuras únicas; hoy, demasiadas veces, la sensación es la de un cartel correcto, modesto sin ambición y sin el efecto llamada que caracterizó sus mejores años. Con todo el respeto que merecen todos los artistas invitados y sus trayectorias, no es un problema de cartel, es de modelo. Potenciar iniciativas privadas con presupuesto público que contraprograman a los “buques insignia” de la cultura cordobesa, es un modelo, un modelo al que hay que combatir. 

Tampoco parece existir una apuesta económica acorde con la dimensión histórica del Festival. La cultura no puede entenderse únicamente como un gasto; también es una inversión en imagen, turismo, economía local y proyección internacional. Córdoba posee uno de los festivales especializados más prestigiosos de Europa, pero mantener ese prestigio exige recursos, planificación y una estrategia cultural clara. Los grandes festivales no sobreviven gracias a la inercia: necesitan una apuesta decidida.

En este contexto tienen especial relevancia las recientes declaraciones de Paco Peña, fundador e impulsor del Festival de la Guitarra. Sus palabras no nacen de la crítica fácil, sino del conocimiento de quien creó este proyecto y lo vio crecer desde sus primeras ediciones.

Paco Peña ha lamentado que el festival haya perdido parte del ambiente humano que lo hizo único y ha criticado la coincidencia de otros grandes eventos musicales impulsados por la misma administración durante las mismas fechas. “Lo veo fatal” y “si es la misma autoridad, la misma institución, ya lo entiendo menos”, afirmó al referirse a la competencia con otros ciclos musicales.

Sus reflexiones van mucho más allá de un problema de calendario. Plantean una cuestión de modelo cultural. Si una ciudad dispone de un festival internacional consolidado, parece lógico concentrar esfuerzos para fortalecerlo en lugar de fragmentar la oferta con iniciativas que compiten por el mismo público y los mismos recursos.

También resulta especialmente significativa otra de sus observaciones: la pérdida del espíritu de los primeros años, cuando el Festival era un lugar de encuentro entre estudiantes, músicos, vecinos y aficionados llegados de todo el mundo. Aquella convivencia convirtió al Festival en una experiencia cultural irrepetible, más allá de los conciertos.

El reto no consiste únicamente en contratar artistas. Consiste en recuperar un proyecto cultural con personalidad propia, capaz de volver a situar a Córdoba como referencia internacional de la guitarra. Eso implica reforzar los cursos, abrir espacios para jóvenes intérpretes, atraer grandes nombres internacionales, favorecer el contacto entre artistas y público y convertir la ciudad, durante esos días, en un auténtico escaparate de la guitarra que consiga no solo poner el foco en la ciudad sino consolidar procesos que consigan atraer a los jóvenes a la cultura, a la música en directo, a la guitarra como artefacto cultural y social. 

Córdoba posee patrimonio, historia y tradición suficientes para liderar este proyecto. Lo que necesita es ambición, ganas y una apuesta política y presupuestaria acorde con esa aspiración.

El Festival de la Guitarra no merece sobrevivir únicamente gracias a su pasado. Merece construir un futuro a la altura de la ciudad que representa. Escuchar a quienes lo hicieron posible, como Paco Peña, no debería entenderse como una crítica incómoda, sino como una oportunidad para recuperar la ambición de un certamen que durante muchos años fue motivo de orgullo para Córdoba y referente cultural dentro y fuera de España.

Apunto una idea al estilo de Belmonte según Chaves Nogales: parar, templar y mandar. Traducido: definir el modelo que marque la estrategia, implementarlo haciéndolo “convivible” con las iniciativas privadas y hacerlo, sin olvidar quién manda, para despistados, manda lo público. Con esto recuperaremos el alma de este festival y volveremos a creer en él. 

Victoria Fernández Domíguez es parlamentaria andaluza PSOE

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