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Historia versus memoria histórica: el caso de Antonio Gant Carbas

Digitalización consejos de guerra de cordobeses

Patricio Hidalgo Luque

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El 31 de marzo de 2020, en lo más duro del confinamiento durante la pandemia, CORDÓPOLIS publicó un artículo titulado “La vida bajo techo (IX): Antonio Gant y su historia inédita”. Se trata de una historia escrita por José María Báez basada en su conocimiento y trato personal con el señor Gant. El caso me interesó y, como suelo hacer en estos casos, guardé cuidadosamente el artículo.

Gracias al proyecto Concord, auspiciado por la UCO y la Diputación Provincial de Córdoba, contamos con la posibilidad de estudiar los procedimientos que se encuentran archivados en el Tribunal Militar Territorial nº 2 de Sevilla, que tras ser digitalizados se han colgado en Internet. Y allí está el procedimiento sumarísimo de urgencia nº 3410 (legajo 305, expediente 12419) instruido contra Antonio Gant Carbas por delito de rebelión. Es decir, podemos comparar lo que aparece en el procedimiento con los recuerdos transmitidos por el señor Gant y recogidos por el señor Báez.

Comienza el artículo relatando la huida de Gant a Cerro Muriano, en zona republicana, movido por el miedo a la represión desatada durante el verano del 36, como, por otra parte, hicieron muchos cordobeses. Se alistó en el Ejército Popular, ascendió a teniente tras superar el correspondiente curso, fue herido en la batalla del Ebro y hospitalizado en Barcelona. Allí se encontraba cuando las fuerzas de Yagüe entraron en la ciudad. El médico que le trataba le ofreció eliminar la graduación de teniente de su ficha “puesto que la condición de oficial suponía pena de muerte”. Ofrecimiento que Gant rechazó.

Prosigue el artículo narrando el traslado de Gant a Córdoba y su estancia en la prisión provincial: “…y quedó a la espera de que, cualquier noche, su nombre sonara en la lista de condenados a muerte y lo situaran frente al pelotón de fusilamiento”. Luego, y de forma casi milagrosa y mediando el españolísimo amiguismo, su hermano consiguió que su nombre fuese incluido de matute en una lista de “indultos” que se pasaría a la firma del gobernador civil. No se detectó esa falsificación y Gant salió libre.

Pero el procedimiento nos cuenta otra historia. Comenzaron las actuaciones el 31 de mayo de 1939 y por el delito de rebelión, como era habitual. Su primera declaración ante un juez fue el doce de julio en Barcelona, y manifestó que trabajaba en la empresa de Gas y Electricidad de Córdoba y que pertenecía a la UGT; se evadió el 16 de agosto y, ya en Cerro Muriano, se alistó voluntario en el batallón de milicias Bautista Garcés. Posteriormente fue llamada su quinta y fue destinado como soldado a la 44ª Brigada Mixta. En diciembre de 1937 ingresó en la Escuela Popular de Guerra de Paterna (Valencia). Tras obtener el empleo de teniente en campaña fue destinado a la 46ª División. Fue herido y hospitalizado en Barcelona y permaneció allí hasta la entrada de las tropas enemigas “pues se negó a seguir a los rojos a pesar de la orden de evacuación que había para ello”.

El 17 de septiembre de 1939 llegó a la cárcel de Córdoba. Para entonces se habían pedido informes al Ayuntamiento, a la Secretaría de Orden Público del Gobierno Civil, a la Comandancia de la Guardia Civil, a la Comisaría de Investigación y Vigilancia, a la Delegación Provincial de Información e Investigación de Falange y a sus antiguos jefes, Joaquín Carbonell Trillo-Figueroa en la empresa de Gas y Electricidad y Daniel Aguilera Camacho en el periódico “El Defensor de Córdoba”. Los informes coincidían en que era de buena conducta, tanto pública como privada, y reservado en sus manifestaciones; si bien tenía ideas izquierdistas y mostraba simpatías por el Frente Popular, no se le conocían actividades políticas. Sólo Aguilera Camacho informó negativamente sobre la actividad laboral de Gant.

El 28 de noviembre de 1939 se le concedió la prisión atenuada en su domicilio, medida habitual para detenidos que no estaban acusados, en principio, de cargos graves y que contribuía a paliar el problema de la masificación de las cárceles.

El 1 de marzo de 1940 el juez titular del Juzgado Especial de Prisioneros, Francisco Zurita Romero, emitió un auto-resumen según el cual Gant huyó a zona republicana, se alistó en el batallón Garcés, fue promovido a teniente, herido y hospitalizado en Barcelona donde le sorprendió el fin de la guerra. Ni una sola alusión a su conducta, ideas o actuaciones políticas ni, muchísimo menos, a crímenes o desmanes que claramente el investigado no había cometido. El juez declaró concluidas las actuaciones y elevó el sumario al auditor, quien el 3 de mayo declaró el sobreseimiento de la causa por no apreciar hechos delictivos, si bien, y habida cuenta de los antecedentes izquierdistas de Gant lo destinó por doce meses a un batallón de Trabajadores. No consta claramente en el procedimiento, pero parece ser que Gant no llegó a ingresar en el citado batallón al aplicársele como abono la prisión preventiva que había sufrido, según estaba ordenado.

Entre la memoria y la historia hay grandes diferencias. La primera que debemos hacer notar es que por el simple y único hecho de haber sido oficial republicano de bajo rango no se solía fusilar a nadie. Y esto vale también para comisarios políticos, guerrilleros y agentes del SIEP, que eran los elementos más buscados como queda patente en las fichas clasificatorias que se hacían a prisioneros y presentados. Por otra parte, en 1939 y 1940 ni el gobernador civil ni su delegado de Orden Público firmaban listas de indultados ni de condenados, pues esas cuestiones ya eran competencia de la justicia militar.

Debemos tener, pues, mucho cuidado con las cosas que nos han contado porque pueden llevarnos a equivocaciones. Afortunadamente, gracias al proyecto Concord hoy podemos consultar los procedimientos que se han digitalizado. Que cada cual busque el que le interese y lo consulte para comparar con la “memoria”.

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