Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Qatar 2022 (II): 'Homo ludens'

Dos jóvenes persiguen un balón.

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Cuando nos “sacábamos” el carné de conducir, los manuales nos advertían de que si nos cruzábamos con una pelota botando en la calzada había que tener cuidado porque, tras ella, entre dos coches aparcados, podía aparecer un niño persiguiéndola.

Ese niño podía ser hoy usted o yo viendo en tele un partido de fútbol y relamiéndose la espuma de la cerveza en el bigote.

Somos niños cruzando entre dos coches en una angosta calle del barrio. Pongamos entre un Seat 124 rojo y un Simca 1.200 blanco con el techo negro. Ambos carros pagados eternamente a plazos por nuestros padres adultos que coleccionaban en una carpeta azul con gomas el papel timbrado de las “letras de cambio”.

Nos jugábamos la vida sin saberlo por perseguir la pelota. Y si pasara algo, la culpa sería del otro. Así es el juego.

Nos dedicamos a jugar cada día, en la oficina o en el andamio, en la moto, en la casa o en el escenario, en la clase o en el parlamento.

¿Qué no es un escenario? ¿Qué no es una cancha? Es un espacio vacío que debemos rellenar. Y cuando jugamos, interpretamos.

Se dice que no es buena cosa politizar el fútbol. Yo creo que es peor futbolizar la política. Uno ve una sesión del Parlamento y aquello parece un Olympiacos-Panathinaikos en el Olímpico de Atenas (cuna de la democracia, como se dice. Qué cosas).

Cada uno de nosotros es un homo ludens, como nos dijo el antropólogo Huizinga. Somos el que juega. Cada día, a cada hora, disfrazados de padre de madre de presidente de camarera de seleccionador de funambulista de anestesista, de parlamentario o de monitor de pilates... Usted, juega.

Y a veces, cuando la pelota escapa botando entre dos coches aparcados, la vida nos atropella.

Si es que no nos salva un frenazo.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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