Papel de fumar

Como si de un chiste se tratara, mi amigo en el bar me dijo que se estaba agotando el papel de fumar en el estanco del barrio.

Es verdad, concluimos, el papel de fumar se está usando demasiado en estos tiempos, tiene mucho predicamento y, tal vez, tenga que ver con la desforestación de los bosques o el deshielo.

Nos cogemos las cosas con papel de fumar para escuchar a un rapero, para leer a un tuitero majara, para ver la portada de una revista, para escuchar a una chirigota.

El compositor debe ser hoy un abogado. Un abogado de la parte buena, quiero decir.

Una ley mordaza no puede salvar el Amazonas, no puede evitar la tala de los árboles, no puede dejar a la gente sin sombra: esos seres humanos que trabajan o no o van al bar o no o van a casa o no.

Demasiado papel, parece decir la Ley.

En IFEMA se la cogieron con papel de fumar y retiraron una exposición de una pared. En ARCO, ahora, las fotos se las hacen a una pared en blanco.

Curioso, lo mejor del Arte Contemporáneo en España y sus circunstancias es una pared vacía.

Yo llenaría la pared de papel de fumar, hoja a hoja, lamiéndola una a una. Y sería reconocido como artista.

Y para colmo, Forges casca y no puede decir esto mejor.

Nos vamos a la mierda (o como se diga) envueltos en papel de fumar.

Si aún queda.

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25 de febrero de 2018 - 02:00 h
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