¡Hola!

Tras los acontecimientos sucedidos durante la pasada semana, hay gente que puede pensar que algo cambia, que van a pasar cosas nuevas o algo así. Lo entiendo. Nos movemos entre la esperanza y el caos, entre lo posible y lo irremediable. Es natural.

Ha muerto Drácula y no acabo de creérmelo. Si ha sucedido una cosa así, qué nos puede pasar. Cualquier cosa, porque ahora sí que parece que nadie es inmortal, ni él, ni Elvis, ni siquiera Jordi Hurtado.

Pero, ahora bien, entre la extraña manía que nos acontece de querer elevar a categoría de real toda una virtualidad de tuits, facebook, linkedin, juegos de tronos y demás asuntos más o menos fútiles, una bocanada de verdad satinada nos llega desde las eternas páginas de la revista "¡Hola!": es más que posible que Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa mantengan algo más que una vieja, elegante y cómplice amistad.

Oh, maravilla. Esa señora elegante que parece flotar sobre baldosas de porcelana parece unir a su colección de cromos (un mediocre portero del Real Madrid que cambió los borceguíes por el micrófono meloso, un aristócrata vinatero, un ministro socialdemócrata –o como se diga-…) una nueva estampa: un nobel de literatura.

Me gusta la cosa, aunque no sea del todo verdad; eso no me importa: vuelvo a creer en los semanarios de papel en colores, vuelvo a creer en el amor desinteresado, vuelvo a creer que nuevas cosas pueden pasarnos.

Hasta vuelvo a creer que Drácula es inmortal, aunque ya no tenga el rostro de Christopher Lee con colmillos postizos y capa negra, sino que se vista de Caprile y su dentadura sea, sencillamente, perfecta. Y cara.

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14 de junio de 2015 - 03:37 h