Y entró al Templo en un Día del Libro

Y entró Joshua, de Galilea de toda la vida, en el templo hecho un basilisco o como se diga y blandió el látigo de su verbo y el que llevaba en su mano y dijo: hostia ya, fuera de aquí los mercaderes y los fariseos

sepulcros blanqueados, ya está bien joder de que os lo llevéis caliente a cargo de la limosna de los demás. Y el látigo chasqueó en el suelo de mármol y en los mostradores que exhibían la obscena mercancía, su lengua también chasqueó y de su boca salió un esputo como una exhalación o cómo se diga y con el envés de su mano se limpió la boca y se detuvo. Y se vio en un bosque de arcos de herradura y pareció confortarse en la penumbra y miró al suelo y luego al techo y a su izquierda y a su derecha y sintió paz, o lo que él definió como paz en su espíritu, y fresco en su epidermis perlada de sudor. Y soltó el látigo.

Ya más calmado tuvo a bien desplazar sus pies enfundados en humildes sandalias por el laberinto de arcadas, fustes y capiteles. Estaba solo y el eco de su respiración seguía rebotando entre el alabastro de columnas y las nobles vigas de madera del techo.

Desplazóse al lateral del templo y se detuvo en una capilla y en la capilla una tumba y en el sepulcro los huesos y los versos de un tal Góngora. Ah, don Luis, musitó Joshua, y se arrodilló y oró diciendo (esto que sigue es figurado): Don Luis, principal príncipe de las letras, tú que cantaste soledades infinitas, que hiciste penar de amor al cíclope Polifemo hijo de Neptuno, tú que dominaste ritmo, rima, significados, tú que deberías haber alcanzado la santidad antes que los novatos de hoy, don Luis, danos a todos el don de la Palabra, que sepamos sumergirnos en su profundidad, que sepamos acompañarla en su viaje por el tiempo.

Aluego, Joshua, reconfortado, salió despacio del templo, cruzó un patio perfumado y después una puerta y se alejaba de allí cuando una mujer le tendió hojas de romero diciéndole hermoso, detente, que te leo la buenaventura en tu mano. Y Joshua

contestó no hace falta ya me la sé. Y fuese y no hubo nada.

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27 de abril de 2014 - 13:23 h
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