Chari

Estuve el otro día en el patio de la calle Parras, 6. Es patrimonio inmaterial de la humanidad, y qué. No está lejos de San Agustín, donde la ciudad es el cogollo de las cosas.

En el patio hay hortensias y claveles y geranios y un pozo que esconde historias.

Junto al pozo hay un galápago que mide el tiempo.

Dicen que en este patio jugó el párvulo Pablo García Baena hasta los siete años.

Ese niño se hizo mayor y nos dejó un mar de esdrújulas: "el patio es ágora, asamblea reducida y pública, huerto fértil, umbrosos arcaduces sonantes que rodean la ciudad en gentílico abrazo floreal de pámpanos y racimos".

Ese niño en el patio de la calle Parras tenía el ritmo, el zumbido de la abeja, el murmullo del agua y el silencio del galápago.

Chari dice que puede lloverle más un puñado de fideos al caldo de almejas y gambas que está preparando.

Chari mantiene todo esto y a mí, que estudié inglés y tuve una novia del Campo de Gibraltar, no se me olvida que "Chari" suena casi igual que "Shared": compartido.

Pues eso.

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13 de mayo de 2018 - 03:00 h
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