Los 3 RRMM

Sus tres magníficas majestades majaras y magas han tenido a bien traerme dos regalos. He debido ser bueno –o algo parecido al concepto, en el buen sentido de la palabra, bueno-.

Hay una paradoja matemática en esto: tres magos, dos regalos.

Supongo que habrá habido debate entre ellos. Y que no habrá sido sencillo. Habrán negociado, hablado, confrontado ideas, opciones… qué sé yo; es sólo una suposición.

Alguno debió ceder. Echarse a un costado, como decimos en Argentina como si fuéramos argentinos.

Al despertar, junto a mis zapatos, había, por un lado, un libro: "La obra completa bilingüe de Arthur Rimbaud"; por otro, un mueble de esa empresa sueca que hay que montar a cachos deslomándote para que todo siga unos renglones torcidos.

Creí leer todo un símbolo en todo eso: ¿por qué hay instrucciones para montar el puto mueble y no para adentrarse en las páginas del poeta gangrenoso? ¿Por qué esas instrucciones no las entiendo? ¿Por qué este mundo necesita a Rimbaud casi tanto como a los trastos de una franquicia escandinava? ¿Por qué he escrito "casi tanto"?

Tres reyes, dos regalos. Alguien negoció o los camellos eran bípedos en vez de cuadrúpedos. Yo qué sé.

Majestades: agradezco sus regalos, pero háganselo mirar, parece una decisión rara.

Pero, bien es cierto, las rarezas molan. El mundo está lleno de señales: sólo hay que descifrarlas.

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Publicado el
8 de enero de 2017 - 02:00 h
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