Sálvanos, Jimi Hendrix

"¿Tiene usted entrada de grada?"

           (Guarda jurado del concierto de Bunbury)  

Es urgente saber en qué momento de la historia alguien decidió que los conciertos de rock debían ser empaquetados, segmentados, domesticados y pasteurizados. Es decir: quién decretó y por qué razón que había que encriptar la zona de pista, enjaularla con una valla, separarla del resto de espectadores y, en definitiva, rebajar con gaseosa una liturgia que vive del caos purificador.

En medio de ese absurdo, es normal que se acerque el guarda jurado de turno para recordarte que no puedes aproximarte a la valla ni mucho menos permanecer de pie para ver a Bunbury. "¿Tiene usted entrada de grada? Pues tome asiento". En ese momento te asalta la duda sobre si realmente te has colado en un concierto de Plácido Domingo. O de Parrita de Jerez.

Cuándo el Teatro de la Axerquía dejó de ser el Teatro de la Axerquía para convertirse en un establecimiento plastificado, jerarquizado y amansado es algo que quizás nunca lleguemos a saber del todo. Las cosas suceden y punto. Y allí gobernaba un orden que nos recordaba a los años gloriosos del Cabrera Vistarama, cuando un acomodador nos abría paso con una linterna en medio de la oscuridad.

El asunto es estratificar, compartimentar y tarifar (hasta el ridículo) en función del poder adquisitivo del personal. Sí, vale, de acuerdo, pero si Jimi Hendrix levantara la cabeza os hundía la guitarra eléctrica en el lomo, pandilla de insensatos.

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16 de julio de 2016 - 08:00 h
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