Dignidad

 

"Aquí murió un bicho"

(Pintada aparecida en la pasarela donde fue acribillada Isabel Carrasco)

Es irrelevante su nombre, su apellido y el cargo que ocupaba en la administración provincial de León. No nos interesa su identidad política, ni si era pelirroja o calzaba botines de tacón alto. Ignoramos los errores que cometió en el desempeño de su labor

y los reproches éticos que quizás pudo merecer por sus actos. Lo importante, lo verdaderamente importante, es que fue tiroteada por la espalda, rematada en el suelo y abandonada en la pasarela del río Bernesga como un fardo de castañas secas.

Lo peor del asesinato de un ser humano, de cualquier ser humano, es el aluvión de argumentos que florecen en twitter para justificar la ignominia. Ya la muerte es demasiado grotesca por sí sola como para encima ser acribillado por el odio abstracto de gente que ni siquiera te conoce. Si el finado es de los nuestros, estamos ante una violación inaceptable de los derechos humanos. Si el muerto es de nuestros adversarios, estamos ante un accidente previsible de estos tiempos canallas.

La frase entrecomillada que abre esta página fue escrita ayer con espray negro en el acerado donde cayó inerte la mujer a quien no queremos poner nombre. Aquí murió un bicho. Hiere como una cuchillada el uso del verbo morir, escrito en su acepción más cínica, como si la mujer tiroteada hubiera sido víctima de un accidente doméstico cualquiera.

Si hay algo que establece una línea infranqueable entre los seres humanos es la construcción de una ética de la dignidad. No la de los nuestros. Sino la de todos. Lo demás es hojarasca.

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17 de mayo de 2014 - 02:20 h
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