Vómitos de realidad

Álvaro está que no está. El jueves madrugó como de costumbre para llegar a tiempo a la oficina. Paseó hasta ella y dirigió sus pasos, diligente, hasta su mesa. Como cada mañana, hojeó la prensa, preparó el prescriptivo informe e hizo un descanso para desayunar.

A media mañana comenzó a sentir los primeros síntomas. Al principio fue sólo un leve mareo. Se sintió desorientado, agotado, deseoso de detenerse a descansar.

Más tarde quiso dejarlo todo y huir, pero, como siempre, aguantó, se sentó y siguió trabajando.

Al día siguiente fue peor.

Nada más encender el ordenador llegó el correo que esperaba desde hace un par de semanas. La beca para su pequeña, con necesidades educativas especiales, había sido denegada. Al parecer una madre en paro y un padre mileurista sobran para criarla sin ayuda alguna.

Entonces Álvaro recordó el día anterior y el leve mareo se convirtió en un vómito permanente. Sólo entonces se dio cuenta que leer la prensa el día que asoman las miserias de quienes mandan perjudica seriamente la salud. Entonces quiso dejarlo todo y huir. Esta vez lo hizo.

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Publicado el
2 de febrero de 2013 - 07:45 h
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