El viaje del espectador

La noche del jueves Juan Carlos volvió a hacer el mismo viaje que hace 15 años, aunque esta vez apenas tuvo que recorrer quinientos metros para llegar su destino y no cuatrocientos kilómetros como entonces. De nuevo llegó puntual al patio de butacas de un pequeño teatro.

Como aquella vez, en el escenario apareció una mujer casi desnuda. La de antaño, joven, plena de sueños de grandeza; la del jueves, madura, rebosante de sabiduría.

De nuevo, el telón dejó al descubierto su peor pesadilla: imaginar que aquella bella actriz no viera cumplidas sus expectativas, advertir en sus movimientos cualquier atisbo de frustración.

Hace década y media temió que la actriz olvidara el texto que Jean Genet escribiera para su Balcón, que no supiera interiorizar el personaje de aquella puta del barrio chino barcelonés. El jueves temblaba al pensar que el resto del público no riera las bromas del monólogo cabaretero escrito por la actriz, que tropezara enredada en las ligas que sujetaban sus medias.

Como antaño, todas sus preocupaciones se esfumaron con la primera palabra pronunciada por aquella actriz que dejó de soñar con Pedro Almodóvar y despertó al éxito del aplauso cercano y sincero del público de provincias.

Como hace 15 años, Juan Carlos sólo logró ver tras el telón a una niña interpretando al leñador del cuento de Blancanieves ante la clase de Tercero y entonces se dio cuenta que su viaje había sido mucho más largo de lo que creía y que su hija había llegado a su destino: ser artista.

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Publicado el
9 de febrero de 2013 - 07:45 h
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