Madres

El martes, en mitad del enésimo partido del siglo, con las calles vacías y los salones plenos de forofos, Xabier consiguió lo que llevaba 14 años buscando.

Mientras medio país pegaba la nariz al televisor y el otro medio lamentaba el adormecimiento del pensamiento crítico provocado por el balompié -palabro aún empleado por quienes abominan del deporte estrella. Mientras se sucedían ambas escenas, digo, Xabier salió a caminar junto al río.

Sus pasos habían conseguido esa tenue levedad de quien anda impulsado por la seguridad que ofrecen las certezas. El origen de su alivio ocurrió exactamente cinco minutos antes del inicio del partido. Su hijo, con el que ha vuelto a convivir hace poco menos de un año, había invitado a casa a cinco amigos. El plan era perfecto: hormonas adolescentes y tensión futbolística. Sólo había olvidado un detalle: avisar a su padre de la ocupación pubescente de su sofá. La discusión fue inevitable y concluyó con dos goles a favor de Xabier y ninguno en el marcador del contrario.

El primero fue de vaselina. A cambio de permitir la visita, su hijo lo acompañará al teatro la semana que viene. Con el segundo alcanzó la gloria. Ocurrió exactamente cuando el adolescente pronunció las cinco palabras con las que todo padre sueña después de haber interpretado durante años el triste papel de secundario y que se arriesga a firmar el contrato de la paternidad a tiempo completo: "jóder, papá, pareces una madre".

Mañana, primer domingo de mayo, saldrán juntos a celebrarlo. Felicidades Xabier.

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Publicado el
4 de mayo de 2013 - 10:31 h
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