Hombres

Tantas veces le repitieron aquello de que "los niños no lloran" que acabaron por secársele los lagrimales. Se volvió adicto a los colirios y un absoluto analfabeto emocional. Borró del hemisferio cerebral correspondiente todas las formas verbales de querer y amar y los sustantivos de las familias correspondientes. Se olvidó de abrazar a sus amigos, besar a sus hijos, sonreír a sus padres y saludar a sus vecinos.

Con los ojos secos y el corazón helado fueron pasando los años. Sólo en contadas ocasiones reconoció padecer una crónica insuficiencia sentimental. Patología que le impedía expresar sus sentimientos y que él entendía como una prueba irrefutable de su masculinidad.

Se hizo viejo, recordó la sonrisa de su madre y empezó a reclamar abrazos a sus amigos, besos a su familia y saludos a todos los que conocía.

Se hizo viejo y entendió que ya no era un niño, era un hombre con permiso para llorar.

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7 de diciembre de 2013 - 06:53 h
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