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Sobre este blog

Hay quien tiene que aprender a vivir con los pies demasiado grandes o la nariz exageradamente puntiaguda o unos ojos minúsculamente dibujados en su rostro. Yo hace años que acepté mi patológica propensión a espiar a la gente, a meterme en sus conversaciones, a observarla, a escuchar atenta la sabiduría de la calle. Al principio ocultaba mi defecto de la misma forma que mi vecino del tercero usa zapatos de vestir que disimulen su talla 48 de pie; o mi seño Doña Matilde usaba gafas de aumento para hacer crecer su mirada. Llegué incluso a crear un seudónimo bajo el que esconderme. Me hice llamar Mujer Cero. 
Con la edad, claro, he aprendido a disfrutar de esta tara que arrastro desde la infancia. En Cordópolis he salido del armario y he decidido profesionalizar mi propensión al espionaje, convirtiéndome en la Agente Lázaro, una cotilla en la city. Si nos cruzamos por la calle, disimulen, les estaré observando.

La fatigada enmascarada

Elena Lázaro

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- ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es…

- Cámbialo. Me parece que esta superheroína no vuela

- Uy, pues es verdad. ¿Es una radical? ¿Es una negacionista? No, es… ¡la fatigada enmascarada!

- Mejor, pero a ésta ¿qué araña le ha picado?

- Ha sido un BOE.

- No sabía que los boletines tenían el superpoder de transformar a la gente.

- Bueno, es que no ha sido uno, han sido unos cuantos y se ve que por acumulación pues ha desarrollado un sexto sentido.

- No fastidies ¿en ocasiones ve fantasmas?

- No, qué va, aunque lo suyo, al principio le pareció una pesadilla.

- ¿Ya no?

- No

- ¿Entonces?

- Entonces nada. No hace falta ser wonderwoman para acostumbrarse.

- Pues menuda heroicidad

- Ah ¿qué no? Pero mírala bien. Ha sido capaz de digerir decretos y bandos municipales a marchas forzadas sin chistar y ahí sigue, de una pieza.

- Pero oye ¿y una superheroína sin capa?

- Le podemos poner un mantón de manila si eso ayuda, pero, vamos, que con la mascarilla ya le llega y encima no tiene que esconderse en una cabina para cambiarse.

- O sea que es una heroína fuera del armario

- Sí, salió ayer

- ¿Y eso?

- Que ya no aguantó más y tuiteó

- Vaya por dios

- Una pena, sí. Ahí ha estado la campeona, meses sujetándose los pulgares. Bueno, al principio no, al principio chocaba los pulgares y toda la mano en el aplauso de las ocho. Con el tiempo, los movió para guasapear información sobre evidencias científicas, consejos, desmentidos de bulos y, vale, admitámoslo, algún meme que otro, pero es que es mitad humana mitad piltrafa.

- No te pases

- Sí, sí, piltrafilla exhausta de tanto resistir.

- ¿Resistir ante el villano?

- No, no, resistirse a abrazar.

- Y a tuitear

- Sí, eso también. Hasta ayer, como decía

- ¿Qué pasó?

- Que se agotó

- Pues menuda superheroína

- Y tanto que lo es…mira, añade música épica y repite conmigo…

 

¿Es una radical? ¿Es una negacionista? NO. Es ¡LA FATIGADA ENMASCARADA!

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Hay quien tiene que aprender a vivir con los pies demasiado grandes o la nariz exageradamente puntiaguda o unos ojos minúsculamente dibujados en su rostro. Yo hace años que acepté mi patológica propensión a espiar a la gente, a meterme en sus conversaciones, a observarla, a escuchar atenta la sabiduría de la calle. Al principio ocultaba mi defecto de la misma forma que mi vecino del tercero usa zapatos de vestir que disimulen su talla 48 de pie; o mi seño Doña Matilde usaba gafas de aumento para hacer crecer su mirada. Llegué incluso a crear un seudónimo bajo el que esconderme. Me hice llamar Mujer Cero. 
Con la edad, claro, he aprendido a disfrutar de esta tara que arrastro desde la infancia. En Cordópolis he salido del armario y he decidido profesionalizar mi propensión al espionaje, convirtiéndome en la Agente Lázaro, una cotilla en la city. Si nos cruzamos por la calle, disimulen, les estaré observando.

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Publicado el
1 de abril de 2021 - 07:40 h
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