Yo mientras... moría.

-¡Qué hija de puta, sólo quieres correrte!!!- bah... si fuera eso... Para correrme nada más que necesito escupirme en dos dedos. No te necesito a tí ni a nadie.

...Saliste de mi cuerpo amenazante y visiblemente enfadado.

Yo mientras, moría por ver el gesto de tu rostro cuando nos fundimos. Deseaba gritar; gritar tu nombre y rogarte que me hicieras el amor hasta el infinito.  Y mi mente martilleaba nostálgica todas aquellas frases carentes de sustancia para cualquiera -menos para una conformista merecedora tan sólo de restos- que me fuiste tatuando con los años y que siempre simulé no escuchar...

**************   "Vente a casa y follemos hasta el amanecer"  **************

*****  "¿Cómo puedes ser tan guapa cuando te envuelve el placer?"  *****

******************  "qué ganas tenía de metértela otra vez"  *******************

***   "No te puedo soportar cuando me aprietas... no puedo... no lo soporto"   ***

*********  "moría pensando que no iba a poder comerme ésto una vez más"  *********

...Te encendiste un cigarro y caminaste intranquilo de un lado a otro.

Yo mientras, moría de angustia por el deseo de soltar mis manos entrelazadas a la fuerza para no agarrarte la cara con ansia.  Y encontrar tus labios suaves y cálidos rozando los míos.  Y mirar tus caricias. Y sentirte. También eso. Y sentirte ...pronunciando la palabra "amor".

...Sé que pensabas que la magia había acabado. Que nuestra vida de amantes había llegado al tope de su fecha de caducidad.

Yo mientras, moría  de repente por tus caricias. Los sentimientos entorpecían mi deseo puramente sexual. Si bien no lo habían entorpecido siempre. Mi corazón peligraba y me asustaba de mí misma. Lo que durante años habían sido encuentros fortuitos ahora eran momentos ansiados y deseados.

Porque yo podía vivir sin verte, ¿sabes? Aunque me descolocaras cuando nos cruzábamos, te aseguro que a mi vida nada le faltaba si no te encontraba. Ni siquiera necesitaba desnudarme. Me bastaba bajarme las bragas, sacarme una bota ...y un kleenex para olvidar lo que hubo en mi interior.

Pasé de no correrme a saciarme de ello. A sucumbir en espasmos bañada en gemidos en menos de lo que tarda mi ducha.  Pasé de darme todo igual a presionarme el vientre hasta dejarme la marca muriendo de placer. A pellizcarme hasta sangrar. A perder la dignidad. Todo eso.

...Te ví llorar. Te mantuviste de espaldas, pero supe que llorabas.

Yo mientras, moría al recordar cómo había pasado de cerrar los ojos a preferir verte la cara bien de cerca para luego anclarla en mi mente con la intención de mantenerla en mi recuerdo a solas. Demasiadas veces ya. Cómo pasé de salir corriendo sin despedirme a necesitar un abrazo al final. Que nunca lo hubo, pero te confieso que hoy lo deseé...

...Si no lo he deseado siempre.

...No podía moverme del sillón. No podía. Sentía tu sufrimiento por mi adios, pero te juro que no podía. Diste un puñetazo a la pared y lo sentí en mi pecho. Me gritaste que te estaba destrozando el corazón, que de dónde salía tanta frialdad. Que por qué de repente tu angustia no me conmovía.

Yo mientras, moría recordando cuando me hablabas de cómo sería follar conmigo sin descanso en una cama de verdad entretanto que  yo me preguntaba en mis adentros cómo sería despertar a tu lado. Cuando mencionabas el frío en la noche cuando no tienes a nadie y yo tan sólo escuchaba un eco, pues mi cuerpo estaba deseando acurrucarte en mis brazos y darte todo ese calor que necesitabas. Porque ahora era yo la que te necesitaba.

...Te sentaste a mi lado, y te dí la espalda. Y a su vez me dí la espalda a mí misma. Miré al techo. No quería empezar a sentir. Rabia brotaba por tus poros...

Yo mientras, moría porque, después de tantos intentos frustrados, casi te tenía olvidado. Tantas veces que no quise escucharte porque demasiados recuerdos me llegaban luego sin querer, como para reafirmarlos con palabras. Siempre quise follar y punto.

Y entonces... sonaron los primeros acordes de  Parisienne Walkways... y de nuevo me sentí eternamente mojada. Y ocurrió una vez más.

Aunque en esta ocasión.... olvidé apartarte la boca de mis pezones, como era costumbre cuando decidías que era el instante perfecto y te lanzabas a ellos con el ansia del que echa de menos. Y me reí, eso sí, como siempre hacía. Pero no aquella risa de nervios que duraba minutos eternos evitando así abrirme de piernas tan pronto. Esta vez me reí tan flojito que apenas lo notaste.

No pude evitarlo. No quise. Con lo difícil que me fue siempre gozar tan abierta, tanto rato, no pude. Fui un ángulo de 170 grados desde el momento en que te quitaste los pantalones. Y ni una palabra. Olvidé fingir que contigo necesitaba preliminares. Y en menos de medio minuto me quedé sin bragas y te cedí el interior de mis piernas deseosas de carne. Ya sabes; vegetariana de todo menos de ahí.

Qué poca vergüenza tuve que ni siquiera te aparté como la inercia siempre me hizo actuar. Y volví a sentir por tus ojos cuando me miraste tan cerca. Como alguna vez me he sorprendido haciéndolo, creyéndome tú.

Qué poca vergüenza tuve que juntamos nuestros labios chorreando y no te dije que estaba prohibido. No te recordé que no se mezcla un beso con un orgasmo cuando vives con la duda de si se volverá a repetir. Me tragué tu saliva de pura sed y tuve la misma sensación allá dentro. Que tragaba y tragaba. Que me lo quedaba para mí atrapándote bien en mi vagina.

Me pediste tócate, córrete conmigo, que te juro que aguanto... Y así fue.

Monté en posición árabe sobre tí ensamblando tu sexo al mío, olvidando de nuevo escupirte en la punta porque más empapada no podía estar.  Y en vez de echarme sobre tu torso y esconder mis gestos en tu oído... musité mi deseo adentrándolo en todas las células de tu cuerpo.  Levanté la cabeza y te mostré mis lágrimas de amor por primera vez después de tantos años.  Me apoderé de tu barbilla inmovilizándote, forzándote a contemplar cada movimiento de mis dedos abriendo mis labios y desgastando mi clítoris incendiado... estrangulando tu pene en cada penetración.  No te puedo soportar cuando me aprietas, no te soporto... no... otra vez no... Qué ganas tenía de metértela otra vez...

Te besé y te rodeé con mi aliento, dejando que lamieras mi labio de arriba activando ese lazo invisible de placer que directamente hace circuito con mi entrepierna.  Te embalé con mis sentimientos dentro revueltos entre llanto y saliva. Vente a casa y follemos hasta el amanecer... tapé tu boca.

Retiraste mi cabello para verme suspirar... ¿Cómo puedes ser tan guapa cuando te envuelve el placer? Ahhhh... ahhhhhh....cómo alimentaba mi ego esa frase... Al ritmo de los latidos de tu corazón rompimos el candado de las puertas del Edén.  Desinhibidos... sin importarnos que el sonido atravesara las puertas... y yo sabiendo que era la última vez.

Y ahora muere, ahora muere tú... muere pensando que no vas a poder comerte ésto una vez más.

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18 de mayo de 2013 - 10:40 h