Kutxi Romero: “La Movida fueron cuatro pijos haciendo cucamonas”

Kutxi Romero, vocalista de Marea | ÁLEX GALLEGOS

Un caso único en el rock español. Un obrero que un día dijo de ponerse un gorro y subirse a un escenario, y ahí lleva ya más de 25 años. Ese es Kutxi Romero (Berriozar, 1975), un tipo que ha logrado llevar su voz a todos los rincones del planeta, aunque su espíritu, física y mentalmente, sigue habitando en Berriozar, esa pequeña localidad navarra que le vio nacer hace ya 45 años. Esa es su vida. Su familia y la escritura, o mejor dicho, el acto de ésta. Y pese a todo, sus letras, las de los Marea, banda que fundó a finales de los 90 junto a un grupo de amigos (algunos ni habían tocado en su vida un instrumento) y que hoy día sigue siendo uno de los grupos más influyentes del rock español. Pero del rock como él lo entiende.

Una mezcla entre raíces gitanas andaluzas; toques a modo de brochazos de lo más profundo del Rock Radical Vasco; una voz rasgada, rota; y un poeta bukowskiano. Un carisma inconfundible, con letras a menudo incomprensibles y llenas de metáforas. Y sigue considerándose un intruso en donde otros muchos le llaman leyenda. Kutxi ha hecho de su voz un estilo propio. Un timbre tabaquero que deja escapar sin ningún tipo de pudo una honestidad absoluta. No hay nada de personaje en él. “A mí todo me parece normal”, recalca nada más comenzar la sesión de fotos, para luego admitir que se ha dado cuenta que al resto del mundo no es así. Pero ese, sin aditivos, es Kutxi Romero. Un tipo de pueblo que ha hecho música para el mundo. Gritos desgarrados entre los que se palpa una clara influencia flamenca, estilo que le ha acompañado en su día a día desde su infancia, auspiciada con lo más provocativo que han dado grupos como La Polla Records, Barricada o Eskorbuto.

De ahí nacen sus letras. Y de su pasión inescrutable por escribir. Sin más. Un acto en el que denota una atracción punzante, que combina un desarrollo dulce, cálido, para acontecer en una síntesis perfecta, y sin previo aviso, un salvajismo feroz. El calor de un beso y el dolor de una puñalada. Todo en uno. Palabra de Kutxi Romero.

PREGUNTA. Berriozar, un pequeño municipio de Navarra, año 1975. Época de muchos cambios, incluidos en tu familia. Eres el primero que nace allí, creo. 

RESPUESTA. Yo soy hijo del hambre y de la migración andaluza de los sesenta. Mi familia era una familia muy humilde, por no decir pobre, andaluza, la cual, en la migración de los sesenta, pues fueron emigrando al norte a buscar pan y, por cosas de la vida, pues yo nací allí, en Berriozar. Mi abuelo era guardagujas y entonces lo destinaron al paso a nivel que hay en Berriozar, que sigue existiendo, por cierto, y creo que es el único paso a nivel en vía urbana que existe en toda Navarra (risas). Están prohibidos hoy en día, tener un paso a nivel, que el tren, propiamente dicho, pase por zonas urbanas, pero como en Berriozar no hay posibilidad de quitarlo, ni soterrarlo, ni enterrarlo, ni que pasen por encima ni por debajo, porque Berriozar tiene un kilómetro de largo por uno de ancho. Entonces, si lo ponen, digamos, paso de peatones o de coches por encima de la vía, tiene que empezar en el pueblo de al lado, y por debajo hicieron un estudio que no caben los autobuses (risas). 

Pues mi abuelo fue a trabajar a ese paso a nivel cuando era manual, ahora es automático, y en la casa que había antiguamente en los pasos a nivel, que era la casa del guardavías, que vivían dos familias, uno trabajaba doce horas, y el otro otras doce. Mi abuelo y un vecino, y ahí nos fuimos criando, hijos del hambre y de la migración. Ninguno de mi familia quería abandonar su tierra. Pero por algo, por ser los nietos del rojo, pues eso, qué te voy a contar, tío. Pasan los años del hambre, como cuentan mi abuelo y mi padre, y venir pues en tren, que de aquellas la oficina de migración de Jaén te pagaba para la familia unos billetes de tren y una semana de trabajo por adelantado. Y con eso llegaron como Los Santos Inocentes, con colchones enroscados, a la estación de Pamplona, pues mi bisabuela, mi bisabuelo, mi abuelo, mi abuela y cinco hijos, que la mayor era mi madre y tenía doce años. Por eso siempre digo que soy hijo del hambre. Al llegar a una tierra sin nada y desconocida, lejana, y en la cual yo me crié. Entre esas dos culturas, la andaluza, porque era un pueblo que se estaba levantando con las manos de los inmigrantes andaluces albañiles, entre los cuales estaba mi padre, que mis padres se conocieron allá, y entonces se estaba levantando con las manos de los inmigrantes andaluces, y yo fui el primero que nacía allí. Pero yo siempre he dicho que nací en Despeñaperros, en la frontera entre el mundo y Andalucía (risas). 

Yo soy hijo del hambre

P. ¿Cómo recuerdas tu infancia?

R. De puta madre, de puta madre. Porque hemos sido tantos. Tú date cuenta que mi abuelo Martín, el guardagujas, fueron 24 hermanos. No sé si hay una familia más grande en el mundo. De hecho, a día de hoy, tengo 45 años, sigo conociendo familiares míos. Voy de gira, yo que sé, a Barcelona y tal, y de pronto llega y me dice alguien: oye, que hay fuera hay un tío que dice que es primo tuyo. Digo pues…

P. Puede ser. 

R. Puede ser. Y generalmente lo es. Que a lo mejor su padre es primo hermano de mi madre. Todos los años sigo conociendo familiares. No sé si voy a abarcar toda la geografía, pero sigo conociendo familia (risas). Yo recuerdo gente, gente, muchos niños, muchas reuniones. Una cultura muy andaluza, muy familiar. A pesar de estar en el norte, que siempre somos más fríos y de otra manera de ser. Pero yo creo que mi carácter tiene mucho más que ver, a pesar de que siempre he vivido en Berriozar, en la cual solo hay dos estaciones, invierno y la del tren, tengo un carácter, que me lo dice todo el mundo, muy andaluz. De calle. Muy familiar. Muy de proteger a la familia, sí. Y en ello sigo, también. Te quiero decir, tengo un local en el que siempre nos juntamos toda la familia, los colegas, y para mí es la felicidad absoluta. Tener a los míos cerca. Soy muy familiar. Muy, muy, muy familiar. 

P. Y por esa cultura andaluza, tu primer contacto con la música imagino que vendrá por ahí.

R. Ese, sí. Mi abuelo cantaba muy bien. Mi madre canta muy bien. De hecho, ahora ya está retirada, pero hacía más bolos que yo al año. Mi madre tenía un grupo en Navarra que hacían misas rocieras cantadas. Y bodas, bautizos. Había andaluces que se casaban y querían tener una misa cantada, rociera. Entonces, mi madre, con otras cinco compañeras, se dedicaron durante muchos años a hacer ese tipo de trabajo. Y había años que hacía más bolos que yo (risas). Y yo descubrí el Rock and Roll muy tarde, porque en mi casa se escuchaba solamente flamenco. Se escuchaba mucha copla, porque mi madre siempre ha sido muy coplera, mi padre ha sido muy de flamenco arcaico, sobre todo El Cabrero. El Cabrero en mi casa era como un semidiós. Yo me acuerdo, en viajes a Andalucía, en el 131 de mi padre, toda la familia metida, que no sé cómo cabíamos todos en el coche, ahí entraba lo que entraba, claro, y volvía lo que volvía. Los aceites, los alcaparrones, bueno. Entonces, me acuerdo de trece horas de El Cabrero continuamente, ida y vuelta (risas). 

Yo siempre he dicho que nací en Despeñaperros, en la frontera entre el mundo y Andalucía

P. Es curioso, un paisano tuyo como Enrique Villarreal El Drogas, al que admiras, también cuenta que sus primeros contactos fueron las coplas que cantaba su madre. 

R. Claro, tío. Mi madre cantaba y canta como un ángel. Y siempre copla en mi casa. Y luego siempre me fliparon las letras de la copla a mí, como la de las mexicanas, esas letras eran amor desgarrado y tal. Yo lo he intentado alguna vez, pero solo me salen exabruptos y juramentos, así que nada. No soy capaz. Mucho más difícil de lo que parece. A mí las letras de las coplas me parecen flipantes. Amor desgarrado, Marinero de luces y tal. Buah

¡Qué ese lo hizo Perales además! (Se dirige a Jorge, su manager) 

JORGE: ¿Sí? 

R. ¿Marinero de luces? Sí, sí. Otro grande (risas). De Cuenca, además. ¿Quién puede hacer algo en la vida saliendo de Cuenca, tío? ¿No?

A mí me flipa Perales. El año pasado estuve a punto de conocerle. Todo el mundo se creyó que era una puta broma, como siempre, como todo lo que hago en mi vida. Nadie me toma en serio, y es verdad, soy súper fan de Perales. Hay peña que entra en mi local o algo y me encuentra con Perales a todo rabo y dicen: ¿Qué haces, tío? Estoy escuchando Perales, tío. Esas melodías, buah, y además cómo contaba, con esa tristeza, levantando los hombros como si no le importarse (lo imita), como “bueno, ¿qué le vamos a hacer?”. Me encanta Perales. De hecho, tengo entradas para el Baluarte desde hace dos años. Pero claro, como se va posponiendo…

P. ¿Cuándo te llega por primera vez el rock? 

R. Bueno, propiamente dicho, al principio me llega un poco más de rebote, cuando tendría como trece años, o catorce, algo así. En octavo de EGB, que es una cosa que había antes y que no voy a explicar ahora porque a los chavales explicarles lo que es la EGB se me antoja ya un poco de abuelo Cebolleta. Yo me acuerdo, y me acordaré toda la puta vida, una excursión que nos llevaron al Castillo de Olite, el castillo medieval mejor conservado de España, que está en Navarra. Es donde llevaban a todos los niños de excursión, no había muchos más sitios a los que ir (risas). El Castillo de Olite, Castillo de Javier o a Isaba a esquiar. A mí me llevaron a Isaba a esquiar y era como una semana para aprender a esquiar, y el primer día había un grupo que era el de los inútiles, a los que ya veían que en toda la semana lo único que iban a conseguir era un ingreso hospitalario, los ponían en un grupo que había una cuesta como esa mesa y los tenían ahí toda la semana subiendo y bajando. A mí me pusieron ahí el primer día. 

Pero a lo que voy, aquel día, en aquella excursión, fíjate, un recuerdo, y a todos nos pasa, un recuerdo de la infancia que se te queda como clavado. Entonces, un chaval que se llamaba Javi Caballero, que luego tuvo muchas cosas que ver en mi vida, pero bueno, que estudiábamos juntos y tal, llevó una cinta de La Polla Records, el Salve, y me acuerdo que ponía la cinta y nos daba la sensación de que estábamos acudiendo a un acto prohibido. A una misa satánica, porque ese tío se cagaba en Dios, decía mierda. Era lo que se supone, en aquella educación posfranquista o de supuesta democracia, que ya se podía decir, no había existido. Entonces, un tío que escribía aquellas canciones y que las cantaba, y que había grabado ese disco, lo escuchamos y decimos: ha dicho mierda, se ha cagado en Dios. O sea, hoy en día cualquier niño, a los cuatro años, es un choni ya. Pero entonces veníamos de una educación ultracatólica, en la que si te la zurrabas te iban a implosionar los ojos. Con unos profesores franquistas, generalmente, porque estábamos en los 80. Te quiero decir, todavía pensabas que si te la zurrabas en el baño iba a bajar el ángel vengador y te iba a cortar la chorra con la espada de Darth Vader, sabes. Había que andarse al loro. 

La felicidad absoluta es tener a los míos cerca

Y eso no trascendió mucho en mí. O sea, me acuerdo de aquel momento, pero yo estaba a otra cosa. Y ya, al año siguiente, cuando entro en el instituto, que es donde yo digo que se forja la personalidad de todo el mundo. También sales al mundo, te quitas el plumón y te sale el plumaje y saltas del nido al suelo, y ya en el instituto, pues evidentemente, en aquella época ochentera, en la cual estaba en plena ebullición todo el Rock Radical Vasco. Teníamos las mejores bandas de todo el país. Y nos reíamos de la Movida madrileña como me rio hoy, porque la Movida madrileña fueron cinco pijos haciendo cucamonas. Pero en Euskadi teníamos a La Polla Records, Cicatriz, M.C.D, Eskorbuto, Barricada, lo teníamos todo. Entonces, yo tuve la suerte de que todo aquello influyó en la personalidad y en la manera de ver la música de muchísimos adolescentes como era yo. Y creando el caldo de cultivo para que, hoy en día, Euskadi propiamente dicho, Euskal Herria, sea la punta de lanza del rock. Del rock como yo lo entiendo.

Te digo un dato, por ejemplo. En 2008, el festival más grande de España, que es el Viña Rock, en los escenarios principales tocaban 20 bandas. El sábado de aquel año, eso se puede comprobar, en los dos escenarios tocaban diez bandas en uno y diez en otro. Pues once eran de diez kilómetros a la redonda alrededor de Pamplona (risas). O sea, eso es un dato empírico tangible, no es algo que me esté inventando yo ahora. 11 de 20 en un festival a nivel nacional. 

P. Y la influencia que sigue teniendo hoy en día…

R. Brutal. Entonces, yo cuando voy a Madrid y me cuentan de la Movida. ¿Qué es la Movida? Sí, muy bien. Los cuatro hijos de burgueses que sabían llevar una guitarra eléctrica como podían llevar una tabla de planchar. El talento brillaba, sobre todo, por su ausencia. 

P. Y lo que ha influido luego en Andalucía, Valencia. Los grupos que han salido. 

R. ¿Hablas del Rock Radical Vasco?

P. Sí, sí, claro. 

R. Por supuesto. En todo, en todo. El rock ha salido de la calle. El rock, como lo quieras llamar. Yo siempre digo que cuando me hacen comparaciones con otros grupos de, ¿este grupo es rock urbano?, digo no, es rock de urbanización, que es distinto (risas). Sabes, está el rock urbano y el de urbanización. Antes los grupos salían de las calles, ahora salen de las universidades. De las universidades tienen que salir mentes lúcidas que nos saquen de esta puta mierda, pero tampoco. Lo que quiero es se vayan a Alemania o por ahí, que es donde van a hacer vida, que aquí luego van a acabar trabajando en un Carrefour o en un Mercadona y España no se merece esos cerebros. Que se vayan.

Soy súper fan de Perales

P. ¿Fue ahí cuando se te despertó eso de yo quiero hacer esto?

R. No, no. 

P. Pero no profesionalmente, solo tocar. 

R. (Niega con la cabeza) A mí me encantaba escribir desde pequeño. Quiero decir, desde pequeño, pequeño. Me gustaba escribir, el acto en sí. No como ahora, no tener un Facebook de decir: ay mi mundo interior, lo tiene que conocer el mundo. No, me gustaba el acto en sí de escribir, porque zurrándotela tampoco ibas a estar todo el día. Entonces, había un grupo, en Berriozar, punk, que eran ATZ, que eran amigos, conocidos del cole y tal. A mí me parecían el mejor grupo del mundo, porque yo nunca había visto tocar a nadie de cerca. Entonces, seguramente ahora si los viese… Pero bueno, de aquellas ver tocar a gente era… La primera vez que ves tocar a alguien de cerca un instrumento no se te olvida nunca. Que empalme tres notas con gracia no se te olvida nunca. 

Había un grupo en Navarra que se llamaba Tijuana in Blue, que por aquellas estaban muy en boga, y tenían dos cantantes, entonces ellos también querían tener dos cantantes. Entonces, ellos hicieron el grupo pero no sabían escribir canciones, no tenían la mínima habilidad, y alguien dijo: el chaval que juega a baloncesto está todo el día escribiendo. Y me dijeron si les escribía las canciones. Y les dije, claro tío, no voy a escribir canciones, eso está chupado. Y durante un par de años o tres les escribí todas las canciones que hicieron. Un día de 1993, hostia, 27 años, la virgen, qué viejo estoy.  Un día de 1993, septiembre, ellos tenían un concierto el sábado y el miércoles tuvieron una movida con el local de ensayo y el cantante se fue. Tenían un concierto tres días después en el pueblo, en una peña. Entonces me dijeron, Kutxi vente a cantar que eres el único que te las sabes. Tampoco había una legión de fans detrás, los colegas, las novietas, tal. Yo no había cantado nunca, jamás. Ni había pensado ponerme un día delante de un micro. Ni pasárseme por la cabeza. A mí lo que me gustaba y me gusta es escribir. Entonces dije vale, vamos a probar. Ensayé el jueves con ellos y el sábado hice el concierto, y no me gustó nada la experiencia. Me acuerdo que me bajé del escenario diciendo esto es una puta mierda, tío. No me gustó. Idos buscando a uno rápido. Pero tenían doce o trece conciertos y me dijeron: quédate. Digo bueno, me quedo, pero esto no me mola nada. Pues fíjate, 27 años (risas).

P. A los pocos años fundas Marea, porque querías hacer la música que te diese la gana. 

R. Luego tuve otro por medio. Con ATZ estuve un año o así, pero nada, éramos críos, yo tenía 17 o 18 años. Ninguno se acuerda muy bien de cómo se acabó el grupo. Algún día habría una pelotera de tú estás muy alto, tú eres muy bajo, a ti te gusta mi novia, tú eres muy tonto. Cosas de adolescentes. Y estuve un par de años con Kintal, que éramos otra gente del pueblo. Aquello también se acabó. Conciertos locales y tal. Con ATZ hicimos una maqueta, luego con Kintal hicimos otra grabación, y luego ya en el 97 decido hacerme una banda con gente que tuviera mis mismos gustos musicales. Lo que me gustaba a mí, pues Rosendo, los Barricada, rock urbano propiamente dicho. Y ahí ya monto los Marea con la gente que peor tocaba del mundo entero, pero que era gente a la que no había que explicarles qué quería hacer porque ellos también querían hacerlo. Entonces ya llamo a Alén (Ayerdi), llamo a Piñas (Eduardo Beaumont), que no había tocado en su vida el bajo, no es que no lo hubiera tocado, es que no sabía lo que era un bajo. César (Ramallo), que llevaba un mes tocando la guitarra. Y luego llamé a Kolibrí (David Díaz), porque estábamos los cuatro pero ninguno distinguíamos un do de un portazo. Entonces llamamos a Kolibrí, que ya era un músico bregado, para que pusiera orden y nada, al año siguiente estábamos de gira con Reincidentes, habíamos grabado un disco con una multinacional y éramos los mismísimos Rolling Stones.

P. Exacto, grabáis La Patera y vuestra primera gira es conjunta con Reincidentes, que ya era un grupo…

R. Fue su gira más importante. 

La primera vez que escuché La Polla Record sentí que estaba acudiendo a un acto prohibido

P. Y estaban más que consagrados. 

R. (Asiente) Aquel año, además, sacaron su directo Algazara, fue su primer y último disco de oro, y era su momento álgido. Estaban haciendo pabellones por toda España, y de pronto nos sacaron a nosotros del pueblo, que teníamos, pues unos niños, y nos invitan a ser teloneros de ellos. No sé cuántas fechas fueron, serían entre diez y quince fechas, pero claro, por toda España, y nosotros no habíamos pasado de la gasolinera. Está la gasolinera a un lado del pueblo y el puticlub al otro, como suele pasar en los pueblos, o están las dos cosas juntas (risas).

Nunca habíamos salido del pueblo y les estaremos eternamente agradecidos, porque ahí vimos por primera vez cómo funcionaba el Rock and Roll a esa escala, porque ellos en aquel momento estaban en el top. O sea, Reincidentes en aquel momento era la banda. Y nos trataron muy bien, como son ellos y como siguen siendo. De una manera muy humilde, nos mostraron las tripas y a partir de allí, nosotros que hemos sido mucho de aprender, sobre todo de los errores, no fijarnos en lo guay. El fuego artificial nosotros no lo hemos visto nunca porque siempre miramos al suelo a ver dónde está la piedra. Somos navarros al fin y al cabo, y desconfiados. Entonces, en vez de ir mirando para arriba viendo los focos, vamos para el suelo mirando las piedras. 

P. Un año después publicáis Revolcón y en 2002 Besos de perro, que es el que os catapulta definitivamente.

R. Date cuenta que, con el Revolcón, hoy en día lo hablo con los Marea y flipamos porque hicimos 84 bolos, en un año y poco. Y trabajábamos en la construcción. Y hoy en día ya estamos más cascados que el copón, tanto por la ingesta de líquidos espirituosos de alta graduación como por la vida del Rock and Roll, que tampoco es picar zanjas, pero tiene su desgaste mental y físico. Entonces esta gira hemos hablado mucho de cómo hostia lo hacíamos. Nos levantábamos a las siete de la mañana, llegábamos a casa a las siete o siete y media de la tarde, comíamos algo y nos íbamos a ensayar hasta la una o las dos de la mañana; los viernes cogíamos la furgoneta, nos íbamos a Jaén, volvíamos el domingo y el lunes estábamos en la obra. Y claro, lo que me dicen siempre estos: compadre, teníamos 20 años. Digo, también es verdad. 

Y aun así, me parece una barbaridad, y ya te digo, hicimos 84 bolos, que bueno eran en dos años o así, pero trabajando es una pasada, y a nivel estatal. Trabajando diez horas, si te mueves por la provincia guay, pero es que nos íbamos a un bar de Málaga, no es que fuéramos a tocar al Sonorama. Decía, oye que te doy 50.000 pesetas, decíamos, ¿con 50.000 pesetas nos da la gasolina para ir y volver?, sí, pues vamos. Todo eso yo creo que también tiene su recompensa. Nosotros íbamos a todos sitios. Hemos estado tocando en bares de la Serranía de Ronda, en un sitio que había quince personas, que al tío le había caído el disco, le había gustado y llamaba: oye, que soy del bar tal, te doy 30.000 pesetas. ¿Me puedes dar 50 que vengo desde Pamplona? Venga, vale. Cogíamos la tanqueta y para allá. Como no nos metíamos cocaína, porque hay gente que se gasta 60.000 en cocaína, nosotros nos lo gastamos en gasolina. Te digo Málaga porque me acuerdo de aquel concierto, como a Caravaca de la Cruz o a Guareña, en Badajoz, que estuvimos. Eran sitios pequeñísimos, entonces no teníamos sitios. O dormíamos en la furgoneta o nos volvíamos. Nosotros hemos llegado a Badajoz, diez horas de viaje, terminar de tocar, montarnos en la furgoneta y de vuelta para Pamplona del tirón. Muchas veces. 

Cuando vas creciendo es más difícil que la música te haga mella

P. Lo hacíais sin pretensión. 

R. De nada. 

P. Y de aquella época han quedado himnos. Han quedado canciones que no se olvidan. 

R. Eso ya lo dice la gente. Lo que a nosotros nos gustaba, y nos sigue gustando, es hacer canciones. Todo lo demás es paisaje. Nosotros nos iremos, palmaremos…

P. Pero que sigáis haciendo conciertos y os sigan pidiendo canciones del 99…

R. Es igual, porque si en el 99 hubiera hecho un disco de eructos, sería el mejor. Lo primero siempre es lo mejor, porque es lo que te sorprende, lo que te pilla en la adolescencia y con lo que has crecido. Luego es más difícil que algo te haga mella. La música con la que has crecido desde la adolescencia, desde que tienes 14 o 15 hasta los 20 y pocos, es la música que te va a acompañar siempre. ¿A ti no te pasa? ¿Cuántos años tienes?

P. 26. 

R. Bueno, todavía puedes (risas). Pero es muy difícil. A partir de ahora ya es muy difícil que algo se quede ya contigo. Luego te podrá gustar otro tipo de música y tal, durante una temporada te agarras a ella, pero para que se quede dentro de ti, es la música que escuchas en tu adolescencia. Eso se va a quedar en ti para siempre, y siempre te va a llevar a ese sitio mágico, donde no hay responsabilidades, donde tienes tus primeras drogas, tus primeros polvos. Bueno, los que follasteis, yo follé a la vez que me entró la menopausia, creo que fue la misma noche (risas). Un poco más y tengo que comprar condones y viagra a la vez para el mismo día. 

La música con la que has crecido es la que te va a acompañar siempre

P. Fue a partir de Besos de perro cuando ya decidís dedicaros solo a esto. 

R. Fue a mitad de gira o así. Nosotros tampoco nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando. El ritmo era tan frenético, que no nos dábamos cuenta de que el grupo estaba creciendo. Sí que cada vez nos llamaban más, de más sitios y de sitios más grandes. Y de pronto íbamos a una sala y se llenaba, y teníamos que hacer dos días, y volvíamos a los dos meses, a una sala más grande y teníamos que hacer dos días. Y ya en Besos de perro se nos fue de las manos, ya eran sitios muy grandes, teníamos que pasar a los pabellones. Pero tampoco nos dimos cuenta. Con Besos de perro nos dieron nuestro primer disco de oro y no hicimos la fiesta porque no encontrábamos fecha. Les dijimos: cuando podamos, que tenemos mucho lío. Y ya en el siguiente disco de oro nos dieron los dos, porque no encontrábamos para hacer una fiesta y celebrarlo. Ni siquiera pudimos celebrar aquel momento, que era mágico. Hacía mucho que no se daba un disco de oro al rock. Muchísimos años. Después, de hecho, se ha vuelto a dar muy pocas veces. Que a un grupo de rock, propiamente dicho, como yo lo entiendo eh, que habrá peña que me diga: oye, tal grupo es rock. Yo le digo, pero tú de dónde has salido ciruelo. El rock es el rock, y esto es una mesa y eso un rodapié. No me cuentes películas. “Pero no, y el indie”. No, el indie son como las hamburguesas vegetarianas. Ponle otro nombre, no lo llames hamburguesa. Es una hamburguesa de garbanzos. No, son garbanzos aplastados. Ponle pan con garbanzos aplastados, y todos de acuerdo. Llamemos a las cosas por su nombre, vamos a dejarnos de eufemismos, que aquí en el rock entra todo. No, padre, lo tuyo no es rock. Tú eres un pijo de mierda. Punto (risas). 

Punto. 

Y si no lo eres, lo pareces mucho (risas).

Te vistes muy bien (risas). 

P. Se produce entonces el primer parón de la banda. Curiosamente en la cresta de la ola. 

R. Tampoco lo decidimos nosotros. Lo decidieron los jefes de las empresas para las que trabajábamos. Yo en mi caso me acuerdo que un día estaba limpiando con ácido una fachada que habíamos terminado y tal, y me viene el jefe que era buen colega y al que le tengo que agradecer muchas cosas porque siempre nos dio cuartelillo porque siempre vio que teníamos mucha pasión y decía: la pala y la carretilla van a estar aquí, no os preocupéis. Y me viene y me dice: Kutxi, tengo que hablar contigo. Digo, ay dios, qué ha pasado; me dice: ¿sabes cuántos días has venido a trabajar este mes? Digo, yo que sé, y dice: once. Digo: ¿Eso es mucho o es poco? (risas). Me dice: Ya piénsatelo, tío. Porque él no era el dueño de la empresa. “Yo os puedo hacer el tapadillo pero es que lo de este mes ha sido tela, ya me están diciendo a ver qué pasa con vosotros”. 

De aquellas estábamos sacando 100.000 pesetas al mes o así. 600 o 700 euros. Y me acuerdo que era viernes, ese día tocábamos además, y cuando acabamos la jornada le digo: Mikel, que he estado pensando y tenías razón, que ya no vuelvo más. “De todas formas, dejo todas mis cosas, mis herramientas y demás, en el almacén, por si vuelvo dentro de dos semanas” (risas). Han pasado 18 años y bueno, a veces le pregunto, pero no, no, aquello fue todo a tomar por culo (risas).

P. En 2004 publicáis 28.000 puñaladas y en 2007, Las aceras están llenas de piojos, con el que cruzáis el Atlántico por primera vez.

R. Ahí ya nos vamos a hacer la gira americana. 

Lo que me imagino siempre es mejor que lo que veo

P. Un pasito más. 

R. Pero como unos pueblerinos. No vimos más que aeropuertos, furgonetas y nada más. Como unos pueblerinos, en vuestro caso no sé, pero nosotros vamos a Berlín, por ejemplo, vamos al hotel, dejamos las cosas, salimos del hotel, y en nuestro caso suele ser siempre igual. Hacemos así (gira la cabeza de un lado a otro), 180 grados de visualización, vemos una terraza y decimos: ahí. Hacemos campamento base, nos ponemos como el atún, decimos qué terraza más guapa, y ya al día siguiente vuelves y no has visto nada (risas). 

El campamento base, nosotros siempre decimos que es a perro parao. Donde más cerca. Para qué más, o sea, ¿hay una terraza mejor que esta?, no lo sabemos, si esta está bien. Somos muy conformistas en ese aspecto. Entonces, yo he estado en muchos países del mundo y yo siempre digo que contra mi voluntad. Bueno, tampoco, pero no tenía ningún interés. Si está lleno de gente eso, y encima, si voy yo, que hago como cinco, pues más todavía. Más agobio. Y a mí nunca me gustó viajar, además, si yo soy como un niño. Lo que me imagino siempre es mejor que lo que veo. Entonces prefiero quedarme con mis ensoñaciones. 

Es como follar. ¿Qué mola más, follar o pensar en follar? Mola más pensar en follar (risas). Esto igual es para justificar mis carencias sexuales. Pero es verdad, mola más ese rollo peliculero que te haces de cómo sería el polvo con Michelle Obama, que luego igual Michelle Obama no mola nada. Luego igual se desnuda y dices pues tampoco era pa tanto. Y luego follar, para tres minutos pues…(risas). Yo siempre digo esto y un día fui a ver un monólogo de Berto Romero, en el que decía exactamente lo mismo, tío. Luego él fue a más y dijo: es más, mola más pensar en hacerte una paja, que en hacértela. Digo hombre…(risas) Ahí no. Berto, ahí no me compras (risas). 

Por eso, siempre la peña flipa. Nos hacen ofertas de todos lados, de habla hispana y tal, y yo voy a veces porque quiero ver a mis amigos argentinos, y mi excusa es la de tocar para ver a todos mis amigos de Argentina, de Uruguay. Además, yo siempre digo que soy tan chulo que me aplaudo yo solo. No me hacen falta ni los focos, ni el aplauso externo. Yo cojo por la mañana me pongo frente al espejo y me aplaudo (aplaude fuerte). Tus huevos morenos. Y ya está. No hace falta más. Me imagino todo lo demás. Soy como un niño para eso. Para eso y porque últimamente me meo solo encima (risas). No sé qué me está pasando en la próstata. Me lo voy a tener que mirar (risas). 

Siempre digo que soy tan chulo que me aplaudo yo solo

P. Barriendo un poco para casa. Éste último (Las aceras están llenas de piojos) sale a la luz por primera vez a través de Aceitunero, donde participa Paco Ventura, de Medina Azahara. 

R. Paco es muy buen amigo, a parte de un guitarrista excelso como todo el mundo sabe. Los Medina Azahara en general, y él en particular, son seres humanos excepcionales. Con nosotros, en el trato que hemos tenido, y yo con Paco le tengo una admiración absoluta, como guitarrista y mucho más como ser humano. Me parece uno de los tíos más educados que he conocido en este mundo de la farándula, y más humildes. Paco Ventura, todos mis respetos. Y el de los Marea, por supuesto, pero la verdad que tenemos muchísimo, muchísimo, muchísimo cariño. 

P. Un homenaje a tus raíces andaluzas, ese tema.

R. Claro, sí, era un decir que soy, y yo soy un aceitunero. Aceitunero del himno. Aceitunero activo además.

P. Son más de 20 años de trayectoria, y os habéis convertido en una de las bandas más influyentes…

R. Ay la hostia, eso ya me da más miedo. Yo me acuerdo cuando los Barricada estaban en el 25 aniversario y les empiezan a hacer homenajes cada quince días. 

P. Os queda poco. 

R. Dos años. A Barricada, cuando les empezaban a hacer homenajes, me decía el Drogas: me quieren enterrar estos hijos de puta. Y con nosotros ya se empiezan a oír cosas, que si somos unos clásicos, que si tal, lo que me estás diciendo ahora. Digo me cago en Dios… Qué mal rollo me da eso. Yo que me llamen leyenda, bien, que te llamen clásico, vale, pero ya si te dicen histórico, es que ya eres historia (risas). 

P. Ya es pasado (risas). 

R. Pretérito. 

En el rock no hay egos, aquí los famosos son los toreros y los futbolistas

P. En relación a esto, estoy pensando en el texto que aparece en León manso come mierda, a modo de epílogo, ‘Menos tontería’, creo que se llama, y que viene a decir algo así como que no se te suba a la cabeza que tampoco es para tanto esto.

R. Sí, bueno, era una conversación real que nos decían los de la obra. Una conversación ficticia pero que era lo que nos decía toda la gente de la obra. En plan pero a dónde vais por ahí, quédate aquí echando cemento que no vas a pasar más que hambre. Luego el tiempo nos ha dado la razón, o se la ha quitado a ellos, tampoco es que nosotros buscáramos razón alguna. 

Como puedes ver, todo ha sido un cúmulo de causalidades que se han dado. Pero bueno, hay que estar predispuesto también. Te quiero decir, que la predisposición siempre estuvo las 24 horas del día, con lo cual, cualquier elemento que se cruzara en el camino, cualquier propuesta siempre iba a ser aceptada o sopesada porque estábamos en canciones. Teníamos condones (risas). 

P. Estoy recordando lo que me decía mi compañero cuando habló contigo para cerrar la entrevista y eso, que le decías que no te prodigabas mucho en medios porque no tienes mucho que decir. Bueno, tu última obra, La sangre al río, es una conversación epistolar con Kike Babas. Algo que decir tiene que haber. 

R. Es un capricho. No sé cuantas copias habrán salido del libro, pero con que hubieran hecho dos, una para él y otra para mí, valía. Valor literario propiamente dicho, no tiene, lo que tiene es valor humano, que es de lo que sinceramente carece la sociedad o el mundo desde el principio de los tiempos, y que a mí se me antoja mucho más necesario e importante que el valor literario que pudiera tener, que en realidad no lo tiene. Es una conversación de 300 páginas entre dos amigos, sin más. Enseñarle a la gente cómo se riega la amistad, porque la amistad, como el amor, como la familia, hay que regarlos. No solo hay que plantarlos y dejar que los achicharre el sol, hay que regarlos. Cuidarlos, deshojarlos, quitarle los pulgones. Digamos que esta es la recolección de esa cosecha. 

P. Siempre existe esa aura, que no sé si es más cliché que otra cosa, con respecto a los músicos, y en concreto los rockeros. Por tu experiencia, ¿hay mucho ego en la industria? 

R. En el Rock and Roll no. En lo demás no sé, no he tratado con otros ámbitos. No he estado en las grandes élites, ni con gente que no tuviera ningún tipo de percepción de la realidad propiamente dicha. Yo en mi caso no. Me imagino que habrá y que no habrá, pero en el Rock and Roll no. Esto no son Los Ángeles, tío. Aquí los famosos son los toreros y los futbolistas. Si viviéramos en Los Ángeles, en San Francisco o en Nueva York, mira, pues igual allí puedes ir haciendo el Axel Rose por la avenida, sabes, pero yo en Pamplona, ya ves tú, soy el tonto del sombrero (risas). 

P. Has contado que allí todavía os preguntan si seguís con esto. 

R. Allí lo que te dicen, a mí todavía a día de hoy. Pero niño, tú, a parte del conjunto, tú de qué vives. Todavía. A parte del conjunto, que me encanta. Yo en vez de grupo y eso, uso conjunto. En mi casa siempre se ha dicho: el niño, que tiene un conjunto… (risas). 

Mi padre vino a verme muy tarde. Yo ya llenaba pabellones con los Marea, y mi padre no había venido a verme nunca, nunca. Luego ya mi padre cuando ya vio que tenía la barra libre y eso, que ya estaba bien, ya vino muchas veces. Le decían: don José, qué quiere usted, quiere un sandwichito, siéntese aquí que está más cómodo y tal. Ya se ha enganchado a toda la gira (risas).

P. La música en un segundo plano (risas). 

R. Él no entiende… No es que no entienda que le gustemos a alguien, es que no entiende que alguien, ni aún siendo gratis, pudiera venir a verme. O sea, que encima paguen y que venda discos y los discos de oro. Él tiene en el salón un par de platinos que le he regalado, y se mea de la risa. No entiende nada. Y mi abuelo, que fue cantaor semi profesional, digamos de alguna manera, cantaor de atrás que se decía entonces, en un cuadro flamenco. Y me decía: Joselito, vamos a ver, ¿tú haces rock no? Y yo: sí, abuelo. “Bien, ¿pero rock qué?”. Y yo, Rock and Roll. “Sí, pero, ¿Rock and Roll qué?”. Decía: vamos a ver, flamenco son fandangos, bulerías, seguiriyas, soleá, farrucas… O sea, él no entendía que el rock fue una cosa, no le entraba en la cabeza. Y a ver cuántos pases hacíamos al día. Le decía tocamos una vez el vez el sábado y otra el viernes. “¿Y así tú quieres comer de esto?”, me decía. Claro, estaba acostumbrado a hacer dos pases todos los días, durante 365 días. 

Sí que es verdad que empecé a salir en traje en los conciertos por él, porque él me vio en un DVD que hicimos, y yo salía pues como voy ahora. Con mi chándal de mierda, mis botas. Yo voy vistiendo igual desde el 92. Las botas de monte, la riñonera, el chándal, las llaves… Entonces, un día me debió ver en un videoclip y me dijo: Joselito, no te da vergüenza ir haciendo risión con la mariconera colgando, las llaves… “Nosotros teníamos nuestras mujeres -fíjate cómo eran aquellos tiempos- que nos planchaban los trajes, las llevábamos a la gala”. Y la siguiente gira la hice en traje entero y tal. “Asin, sí, Joselito”, me decía. Con el abuelo me meaba.

Lo que hice es una cosa una vez, y lo sigo haciendo hasta ahora. Una vez me acuerdo que quedábamos con el autobús en el pueblo, entonces íbamos todos a la gasolinera que de mi casa está a nada, a 300 metros. Y yo iba con el bolso, la maleta, con lo que fuera. Iba pasando y estaba mi abuelo sentado en un banco del parque. Y le digo, abuelo, que me voy a tocar a no sé donde y me están esperando en la gasolinera. “¿Qué vas a la gasolinera? ¿A qué?”, dice, “¿pero no te van a buscar a tu casa”, y digo, no. “Vamos a ver, ¿pero tú has llamado a alguien o te han llamado a ti? Pues te tienen que ir a buscar. A dónde vas tú ahí…si quieren que vayas, que te vayan a buscar a tu casa”. Y desde entonces me tienen que buscar a mi casa, lo que se ha transformado en que mi casa es el lugar desde el que se sale para todos los conciertos. Es una putada porque todo el mundo tiene que venir a mi casa (risas). Las mañanas que salimos de gira, en la puerta de mi casa hay 200 millones de personas (risas). 

La amistad, como el amor y la familia, hay que regarla

P. Hay una cosa que siempre me ha llamado mucho la atención. Teniendo raíces jiennenses, siendo de Pamplona, me resulta llamativo lo muy presente que ha estado siempre el mar en tu música.

R. ¿Sí? Pues no me lo habían dicho nunca. 

P. El nombre, Marea, el primer disco La Patera, en 'Que se joda el viento', en El Azogue, que es el último disco…

R. Coño, pues me has pillado con los calzoncillos por las rodillas. Pues no sé por qué. En Jaén, mar chungo, y en Berriozar ni te cuento (risas). Pues no sé, no sé. La imagen del mar siempre es muy poética, entonces para hacer metáforas siempre me resultará recurrente. Ahora, por experiencia propia, poquita, poquita. Bueno, yo tengo el mar a una hora, pero no es algo. No es ‘Marinero de luces’ (risas). Pero sí, supongo que es muy recurrente el mar para hacer metáforas, para la peña que somos escritores siempre, como todos los elementos naturales. La luna, el viento, el fuego y la tierra, que es lo que somos. 

P. Para ir cerrando. Tengo entendido que os habéis puesto fecha de caducidad ya. 

R. Sí, sí. César, que es una persona de muy pocas palabras. De hecho, si nos hubieran dado un euro por cada palabra que ha dicho en los últimos 30 años, tendríamos seis cada uno. Pero cuando habla sube la chapada 100 duros. A César le llamamos el jefe, a parte que es el compositor musical, digamos, es el que pone las cosas en su sitio, el administrador de los Marea. A mí me dicen: ¿tú vives de la música? Y digo no, yo vivo del César. Yo a César le digo por qué le has pagado a todo el mundo 3.000 euros de este bolo, y a mí me has dado 2.500. Y hace así, saca su libreta, sábado 23, Sevilla, seis de la tarde, Kutxi me pide 200 pavos para comprarse un no sé qué; día 23, Kutxi lleva 30 cubatas y me pide para tomarse otros 32. No sigas, no sigas. Bien. Vale, César. Es el jefe. Es un tío al que le tengo admiración y devoción absoluta. La frase suya fue, literalmente, que a partir de los 50 años, en la vida, y especialmente en el Rock and Roll, mayoritariamente lo que se hace es el ridículo (risas). Salvo honrosas excepciones, que no sabemos si será el caso. Entonces, yo creo que llegará el día y dirá: recoged las cucharas y buscaos un trabajo, anda.

P. ¿Qué te gustaría hacer después?

R. No sé. Nosotros siempre creemos que eso va a ocurrir desde hace 20 años. Como nunca hacemos planes, pues igual…Con los Mareas todo es una incertidumbre, yo creo que por eso hemos seguido vivos, porque no había ningún fleco. Como no hay plan, ese plan no puede fallar. Entonces todo ha sido correcto. Lo que hemos hecho en la farándula ha sido acertado, pero lo que no se ha hecho ha sido mucho más acertado. Y eso en nuestra vida creo que también lo hemos llevado, y cinco empujando hacia el mismo sitio, con no hacer cierto tipos de cosas, es lo que nos ha llevado a que tú y yo estemos hablando ahora mismo de los Marea, estando yo vivo contra todo pronóstico, claro. 

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