José Carlos Ruiz: "La felicidad en el fondo sería seguir deseando lo que ya tienes"

José Carlos Ruiz, profesor de Filosofía | ÁLEX GALLEGOS

El protagonista de esta entrevista es un profesor de Filosofía que se ha hecho famoso hablando de su materia. Bajando la Filosofía de su pedestal teórico, académico y jeroglífico y llevándola al terreno de la divulgación. José Carlos Ruiz (Córdoba, 1975), saltó a los medios y a miles de lectores gracias a libros como De Platón a Batman (Toromítico, 2017) y El Arte de Pensar (Berenice, 2018), una obra que ya va por su quinta edición y que tiene su versión infantil, aunque enfocada a los padres.

Entre libro y libro, radios y televisiones, la rutina de este profesor se pasea por las aulas del Instituto Ángel de Saavedra y las facultades de Filosofía y Letras y Magisterio, donde experimenta con la chavalería desde secundaria hasta la universidad. Una mina. Su sueño es el de recuperar la parte práctica filosófica que existía en la Grecia antigua, muy útil a la hora de encontrar un modo aplicable de ver la vida y que puede ayudar mucho a la gente, dentro de cada circunstancia, a entenderse mejor y a entender mejor a los demás.

Especializado en pensamiento crítico, este profesor es de los que creen que pararse a pensar significa hoy agonizar porque la acción está ganando la batalla. Lo esperanzador en medio del caos es que su discurso se encuadra dentro de un optimismo confeso.

PREGUNTA. Si Kant invitaba a atreverse a pensar, tú te has atrevido a divulgar.

RESPUESTA. Bueno, divulgar era una cuestión de necesidad. Llevaba tiempo intentando comprender un poco cómo funcionan los mecanismos de la sociedad contemporánea desde que comencé la tesis doctoral. Una de las cosas que quería hacer era intentar que la filosofía que había trabajado durante mucho tiempo como docente y como investigador me ayudase a comprender mejor la sociedad que tenemos. Entonces me propuse conectar los problemas sociales, por ejemplo la posverdad, con alguna solución que la filosofía hubiese puesto sobre el tapete en tiempo anteriores. Lo único que hice fue coger la filosofía que se había hecho hasta entonces y conectarla con los temas contemporáneos, dando una especie de panorama divulgativo porque hay una parte de filosofía y también hay un panorama analítico para comprender el mundo que tenemos. Y de esa conexión resultó El arte de pensar.

P. ¿Lo más complejo se puede explicar siempre de forma sencilla?

R. Se puede explicar si comprendes la complejidad. La complejidad cuando se profundiza en ella. Al final, si consigues entender bien los rudimentos, el siguiente paso es conseguir que alguien que todavía no ha llegado a esa profundidad pudiera tener el interés en acercarse a comprenderla. Cuando consigues llegar al fondo de la cuestión explicarlo es mucho más sencillo que si sólo te has quedado con los titulares. Para mi, por lo menos como docente, la facilidad viene también por la práctica. Será fácil para mí, después de veinte años, darme cuenta cuándo alguien está entendiendo un mensaje o no e ir modificando mi capacidad de transmisión del mensaje en función de la capacidad de comprensión. Entonces, llegar al fondo de la cuestión y trasladarlo a un lenguaje cotidiano, fácil y asequible no siempre es sencillo, pero cuando llevas veinte años haciéndolo en clase facilita la labor para hacerlo en un libro, por ejemplo.

P. ¿Por qué cuesta tanto divulgar en el mundo académico?

R. Porque no se valora, no se merita. Es decir, los méritos académicos siempre están enfocados a la investigación y a la innovación. El mundo académico tiene la sección de Innovación y de Investigación donde lo que se busca es que haya un progreso. La divulgación en una faceta que no tiene, a la hora de acreditarte como profesor universitario, apenas peso específico. Con lo que, bueno, todo docente universitario que quiera ir progresando en su carrera académica tiene que investigar y publicar a nivel de universidad, mientras que los que tenemos otras inquietudes a la hora de divulgar lo hacemos a través del ensayo, por ejemplo.

P. ¿Y os toman menos en serio en ese mundo por ello?

R. Bueno, yo no percibo que sea menos serio, sí percibo que son dos ambientes muy diferenciados. Es decir, hay un ambiente académico que yo también lo trabajo, en el que tengo artículos más especializados publicados en revistas especializadas hechos para un público concreto. Se te merita dentro de esa línea de trabajo. Y luego está el otro ambiente. Yo siempre digo que la divulgación es la base para que los alumnos se acerquen a las facultades. Cuando yo consigo hacer bien mi labor divulgativa, por ejemplo, a un chaval de dieciséis años en Filosofía, puede que le despierte la inquietud de matricularse en asignaturas de Filosofía. Entonces, para que llegue el momento en el que el académico tenga alumnos que también sostengan económicamente su labor, junto con las ayudas que hay de fondo, para que lleguen esos alumnos antes tenemos que tener una capacidad divulgativa. Hacer la divulgación es muy importante de cara a suministrar la inquietud y el interés entre la gente que todavía no conoce nada de esos temas, de manera que si hubiese cualquier desprestigio del concepto divulgativo estaríamos echándonos tierra encima en el mundo académico.

"Si hubiese cualquier desprestigio del concepto divulgativo estaríamos echándonos tierra encima en el mundo académico"

P. ¿La Filosofía aplicada a la práctica te puede valer mucho más que un libro?

R. Yo creo filosofía al final tiene que ser útil y real. Si yo tengo un problema, tengo que tener una solución real. No puedo tener un modelo teórico, epistemológico, que te diga cómo son las ideas de dónde proceden... Eso forma parte de la filosofía teórica, que funciona muy bien cuando eres un filósofo teórico. Pero luego está la filosofía práctica, sobre cómo enfocar la vida, y es muy útil por sus consejos vitales y reales.

P. ¿La Filosofía ha dejado bastante de lado toda esa utilidad y se ha dejado ganar el terreno por la psicología?

R. Por psicólogos, coachings, pedagogos...

P. ¿Pseudofilósofos?

R. Bueno, mi pelea constante con mis compañeros es que nos hemos dejado ganar el terreno, se han comido nuestro terreno de juego otros que han visto que nuestra filosofía práctica era útil y han creado nuevas disciplinas. Y esto viene también porque hay un elitismo académico de la Filosofía que se dedica a investigar asuntos teóricos. Cuando en la universidad empezamos a hacer papers y papeles universitarios dedicados solamente a cuestiones epistemológicas, ontológicas o metafísicas, nos estamos alejando de la realidad de la Filosofía enfocada hacia la vida. Y esa separación ha hecho que los que han visto que la Filosofía era útil hayan cogido su utilidad y se la hayan llevado a su terreno de juego y se han convertido en coach, se han convertido en motivadores.

La Psicología ha cogido mucho de la Filosofía y al final nos estamos quedando como una disciplina que no tiene ningún apoyo práctico, sino que está en una especie de nebulosa. Entonces, mi intención es recuperar esa parte práctica que existía en la Grecia antigua y que es muy útil a la hora de decir a la gente: oye, esto es la Filosofía. La Filosofía no es la Metafísica en exclusiva o la Ontología, la búsqueda del ser o la discusión en torno a la existencia. No, la Filosofía es un modo de ver la vida que se puede aplicar y que te va a ayudar mucho dentro de tus circunstancias, te va a ayudar mucho a entenderte mejor y a entender mejor a los demás. Y eso es lo que se ha dejado hacer.

"La Psicología ha cogido mucho de la Filosofía y al final nos estamos quedando como una disciplina que no tiene ningún apoyo práctico"

He terminado hace poco un articulito que habla del desprestigio intelectual de la felicidad por parte de la Filosofía. Los filósofos han dejado de publicar libros sobre la felicidad hace mucho. ¿Por qué? Porque piensan que es un tema menor, que es un tema que se ha orientado hacia el coaching, hacia la autoayuda... Entonces ¿para qué vamos a hablar de felicidad? Aristóteles, Platón, Séneca o Diógenes hablan de la felicidad. El modo de enfocar la vida estaba en torno al modo de ser feliz, pero ahora mismo estamos en otro nivel de juego.

P. Sin embargo, tú hablas de la maldición de la felicidad.

R. De la maldición de la felicidad contemporánea, de cómo estamos enfocando la felicidad como un objeto de consumo y no como un modelo de vida, que es muy distinto. La filosofía de la Antigüedad tenía la necesidad de entender que la felicidad era un modo de vivir y que no era algo concreto, especifico, que no consistía en hacer algo determinado o consumir un tipo de modelo de vida determinado que venía impuesto del exterior, sino que era una congruencia entre el pensar, el sentir y el actuar. Y en esas tres cuestiones se encontraba la uniformidad de poder acostarte todos los días sabiendo que has sido honesto contigo, con los demás y con tu manera de enfocar la vida. Eso se ha perdido y como se ha perdido al final la Filosofía se ha dedicado a otros menesteres. La felicidad que se ha vendido ahora creo que es una felicidad que está orientada a la sociedad de consumo contemporánea. Es una felicidad no diré superficial, pero sí es consumible.

P. Y tirana.

R. Tirana porque esclaviza si no tienes la capacidad crítica de llegar a tu propia conclusión en torno a la felicidad. Porque el concepto de felicidad o el que se está generando en torno al modelo de consumo contemporáneo es un concepto de felicidad uniforme, realmente no tiene mucha aristas. Todos repetimos lo mismo, hacemos lo mismo, consumimos lo mismo y pensamos que la felicidad está en el mismo sitio. Y se olvida de la identidad del sujeto. Entonces, cuando tú te olvidas de que tú eres un sujeto con una identidad muy concreta, muy específica, que acarreas una herencia muy personal que nadie más tiene, que son las circunstancias con la que te has criado y los contextos en los que has desarrollado tu vida, si tú olvidas ese concepto de identidad específica, al final lo que vas a comprar son genéricos de felicidad que puede que no te encajen porque no tienen nada que ver contigo. Pero seguimos consumiéndolo porque la desesperación en torno a ese concepto de felicidad que se vende es muy grande.

"Estamos enfocando la felicidad como un objeto de consumo y no como un modelo de vida"

El sistema contemporáneo de mercado ha conseguido que el consumo material, que sabemos que es contraproducente para el planeta, empiece a tener connotaciones inmorales. Sabiendo esto le ha dado la vuelta y ha desarrollado -de manera muy virtuosa, hay que decirlo- un concepto de consumo emocional. En vez de tener, sentir. Ya no se trata de que la gente compre y consuma cosas, eso ya se da por superado. Incluso empezamos a tener ciertas connotaciones negativas de aquel que consume demasiado, que tiene demasiado y la posesión empieza a tener una inmoralidad en este mundo. Vamos a darle la vuelta y que consuman de otra manera. ¿Cómo consumo de otra manera? Consumiendo experiencias. Viaja cuando puedas, como puedas, porque si no tu vida no va a tener sentido, porque viajar es fundamental. Intenta probar el último restaurante de moda, porque si no estás perdiendo la novedad, intenta experimentar la última aplicación que hemos descargado, intenta tener los últimos filtros, intenta y siente que todo ese proceso de consumo que estás haciendo te provoque sensaciones positivas y estés todo el rato buscando un modelo de consumo emocional que te haga sentir bien mientras lo estás consumiendo.

El problema es que, claro, cuando hablamos de consumo emocional es infinito, porque la emoción está constantemente en nosotros, desde que te despiertas hasta que te acuestas. Con lo que en vez de ser consumidores, digamos, más racionales a la hora de decir compro menos cosas, lo que estamos haciendo es preparar nuestra vida en torno a consumir más cosas a nivel emocional. Y esas experiencias, salir los fines de semana, buscar trabajos que te estimulen constantemente, intentar que la felicidad forme parte de las veinticuatro horas del día y no exclusivamente como un modelo, un proyecto vital, sino que sea algo concreto, es algo que hay que revisar si queremos entender que lo que está desde fuera vendiéndose como felicidad no tiene nada que ver con lo que realmente es la felicidad.

P. El libro Cartas a Lucilio de Séneca se tradujo al italiano como Lettera di la felicitá (Cartas de la felicidad), según me contó el también profesor de la UCO Manuel Bermúdez.

R. Ah, eso no lo sabía. Lucilio creo que fue el primer editor, si mal no recuerdo, de Séneca y también un amigo íntimo. Cuando se trata, por ejemplo, el concepto de amistad, que es una de las cosas que yo he tratado también en el libro, cómo se disipan las amistades contemporáneas, que cada vez van teniendo más problemas a la hora de buscar profundidad. Y es que el concepto de amistad implica que tú eduques a la persona en entender que el otro es importante en su vida. Y el concepto de otredad o los otros no estamos teniéndolo en cuenta a la hora de construir la identidad de contemporánea. Entonces en una sociedad donde el ego está desarrollando por encima de los otros, estás desacompasando el equilibrio entre la construcción de tu identidad y la inserción de tu identidad de la sociedad. Y ese equilibrio es importante.

No es solo que tú vayas fabricando tu identidad de manera estable, sino que además seas capaz de que tu identidad se acople en un entorno social, porque somos seres sociales. Ahora, en una sociedad hiperindividualista, donde hay un narcisismo muy grande en torno al yo, donde además gran parte de las aplicaciones que tenemos y que usamos, y de los proyectos vitales, de las redes sociales… es para la exposición del yo y no para la transmisión de lo que sucede en la sociedad, al final el otro va desapareciendo de tu interés. Y el concepto de amistad, fundado en que al otro lo consideres como un yo duplicado, está en desuso. Todo eso al final genera problemas, problemas de relaciones, personales, genera problemas de autoestima, también, y los libros de autoayuda se han convertido en bestsellers y esto es para analizar. Las secciones de autoayuda se multiplican por cien mientras las de Filosofía se van encogiendo.

Cuando haces este análisis te das cuenta de que la gente tiene serios problemas para entenderse a sí misma. Necesita ir a un externo, ya sea un libro de autoayuda o un psicólogo para que le ayude a organizar mentalmente quién es y eso la Filosofía lo hacía antes de manera muy específica y ayudaba bastante. Pero claro, requiere un esfuerzo y requiere tiempo. Y en esta sociedad esos dos factores, el esfuerzo y el tiempo, no están de moda precisamente.

"la posesión empieza a tener una inmoralidad en este mundo (...) ¿cómo consumo de otra manera? consumiendo experiencias"

P. ¿Cuándo dirías que comenzaste a atreverte a pensar?

R. ¡Uf! Yo, tarde. Probablemente sería con dieciséis años. Cuando leí lo primero que me impactó, y por lo que quise dedicarme un poco más filosofía fue la lectura de 1984, el libro de George Orwell. Recuerdo que lo leí con un interés que no había tenido nunca por ningún libro, porque yo no leía, yo no era lector, y cuando leí ese libro, que me obligaron a hacerlo en el instituto, me dio que pensar el hecho de que pudiera una sociedad con un gran hermano que todo lo controla, alguien que puede manipular la historia a través de los medios de comunicación como hace Orwell en el libro. Y para mi sorpresa, poco a poco veo que algunos de los augurios del libro se están cumpliendo con internet y con la llegada de la globalización. Ese fue el primer momento en el que yo comencé a tener una inquietud filosófica por querer dedicarme a esto, pero también tuve muchas más. Y sigo teniéndolas.

Antes de matricularme en Filosofía me habría prematriculado de un montón de carreras que no tenían nada que ver. De Economía, de Filología Árabe, de Rusa. A mí me gustaba todo y me gustan todos los campos del saber y tengo mucha curiosidad por todo, pero la Filosofía me parecía el campo más completo.

P. Acabaste doctorado en Filosofía con una tesis doctoral titulada El paso de la categoría de lo social a la categoría de lo individual. De Guy Debord a Gilles Lipovetsky, sobre cómo la sociedad se disipa a favor del individuo. Una descripción de nuestro tiempo.

R. Cuando la presenté en 2010 aquí en Córdoba aún más que cuando comencé en 2004. Entonces ya pensaba que el concepto de sociedad estaba desapareciendo, que cada vez veía más individualismo y por aquel tiempo todavía no estaba internet a la orden del día. Pero yo veía cada vez más individualismo a la hora de cómo el ser humano enfoca su vida y parecía que el concepto de grupo se había disipado. Entonces, me puse a investigar y me di cuenta que los últimos movimientos internacionales fuertes fueron en mayo del 68 y la Internacional Situacionista de Guy Debord [1957-1972] que hablaba de una sociedad del espectáculo donde el espectáculo iba condicionando mucho, ya no solamente el tiempo de trabajo, sino el tiempo de ocio. Guy Debord dice en 1968 que hay un factor novedoso en la sociedad que él percibe y es que el tiempo de ocio se está alguien alienando igual que el tiempo de trabajo. Que el espectáculo está consiguiendo que la gente no tenga tiempo para pensar.

"El concepto de otredad o los otros no estamos teniéndolo en cuenta a la hora de construir la identidad de contemporánea"

Cuando tú te das cuenta de que el concepto de espectáculo está inundando nuestras vidas en el siglo XXI y todo ese entretenimiento hace considerar el aburrimiento como algo negativo, que ya la gente no quiere aburrirse porque tiene un factor de entretenimiento muy sencillo en el bolsillo que es el teléfono móvil, no aburrirte implica no activar el pensamiento para que el aburrimiento desaparezca. Cuando ves cómo los resortes de la sociedad contemporánea van modificando el estatus social, el estatus grupal va haciendo que el individuo, por ejemplo con el teletrabajo, puede estar en su casa sin necesidad de interactuar con otros o que la interacción se convierta en un proceso mediático, mediatizado, te das cuenta de que cada vez más la gente se comunica con la otra a través de una pantalla. Mensajes de Whatsapp, SMS, vídeo, videoconferencias.. Pero al final, poco a poco se disipa el concepto de grupo y van quedando individuos.

Cuando vi lo que pasaba, quise profundizar un poco más en el tema y encontré dos autores que para mí fueron referencia aquí. Guy Debord era el autor de la revolución ultima social de, digamos, los últimos movimientos grupales medio potentes. Y Gilles Lipovetsky, con La era del vacío, empieza a decir que se está generando un movimiento socioeconómico que está haciendo que la gente empiece a separarse unos de otros y llega a la sociedad hiperindividualista, donde el individuo está por encima de cualquier otra cosa.

P. ¿La sociedad continúa diluyéndose?

R. No, estamos en otro camino. Si veo que hay más necesidades o que la necesidad se hace más pública y más evidente. No creo que vayamos a peor. Lo que sí pienso es que estamos cambiando el paradigma a nivel de relaciones sociales y también estamos cambiando el paradigma de felicidad contemporánea. Yo creo que la gente en su intimidad consigue entender lo que necesita realmente y lo que le falta realmente. El problema está en que no tiene las herramientas y los utensilios para salir adelante. En la sociedad contemporánea el principal problema que veo es el hiperindividualismo que lleva al desapego de los referentes. Antes tú creabas tu identidad con referentes cercanos: tu abuelo, tu padre, el vecino de arriba, el barrio, el colegio...  Todo el mundo iba a una y además eran cercanos. Conocías a las personas que podías admirar, sabías lo que no te gustaba de uno u otro y, sin querer, ibas adquiriendo tu identidad. Bueno, el modelo de felicidad que asumías tenía mucho que ver con referentes cercanos.

El problema que veo en la actualidad es que es el referente cercano ha desaparecido y las nuevas generaciones se están criando con una globalización que ha hecho que se acerque gente muy lejana que no tienen nada que ver y se conviertan en referentes. Ya sean youtubers, influencers... pues yo qué sé, la gente que entra en el mundo del espectáculo. Y al final los medios son tan poderosos que cuando miran a sus padres, y esto me ha pasado a mí en algún centro educativo cuando preguntas a los chavales cómo miran a sus padres, los ven como perdedores. Los ven como alguien que no despierta en ellos ninguna referencia ni ninguna admiración, porque ellos quieren ser el Cristiano Ronaldo de turno, el youtuber de turno, les han dicho que con la voz que tienen pueden llegar a ser el David Bisbal de turno y se lo creen y lo sienten como tal. Es decir, han virtualizado al referente que para ello se ha convertido en una especie de guía hacia lo que tienen que hacer y sin darnos cuenta la sociedad está empezando a adolecer de realidad. Estamos

entrando en una virtualización de la vida que para mí sí es preocupante.

Igual que te digo que creo que la gente todavía tiene una autonomía a la hora de saber cuáles son sus problemas, sí estoy dándome cuenta de que las pantallas están virtualizando la vida de las personas a un nivel que nunca ha pasado en la historia de la humanidad. Para mí es un problema, cómo te diría, único, no único, sino un problema que no se ha dado nunca jamás, algo que no ha sucedido nunca. Que sucede por primera vez.

"Las secciones de autoayuda se multiplican por cien mientras las de Filosofía se van encogiendo"

P. ¿Pionero?

R. Una cosa así. La gente está desarrollando una doble personalidad: una para la vida real y otra para la vida virtual. Entonces, el avatar se ha convertido en una identidad más que te lleva tiempo, esfuerzo y que además empieza a ser para ti más admirada. Cómo te presentas tú ante las redes sociales, cómo quieres que te vean. Hay algo muy potente en el avatar virtual y es que tú puedes hacer que la gente mire hacia donde tú quieres que miren, porque tú pones el foco, tú pones los filtros, tú pones la imagen... Entonces, yo quiero que me miren así. Y, además, puedes controlar el tiempo. Quiero que me miren así ahora, durante X tiempo y quiero que piensen que yo pienso así. Pongo la frase que he buscado y he pensado, reflexionado con mucho tiempo… Entonces, mi avatar virtual empieza a convertirse para mí en un referente. Me encantaría que la gente me viese así. Yo no lo voy a decir, pero voy a ir poniéndolo, de manera que cuando apago la pantalla y me miro al espejo mi identidad real empieza a sentir que ya no cumple los cánones que estoy poniendo a mi identidad virtual.

Allí lanzo el mensaje de que soy una persona muy feliz, que cada vez que sale de marcha se hace la foto y tal, aunque luego pase cinco días a la semana triste en mi casa comiendo lentejas. Eso no lo pongo, solo la excepción del momento y entonces le estoy dando tanta importancia que cuando yo me miro en mi yo virtual que he creado, mi autoestima empieza a decaer y al final termino yendo a la autoayuda. Empiezas a pensar que tu vida no cumple los cánones que tú mismo estás poniendo en un mundo virtual. Y ese fenómeno es nuevo. La confrontación entre el yo virtual y el yo real no ha existido jamás. Una cosa era cómo tú idealizabas tu imagen al salir a la calle, pero al no existir nada que mediase entre tu imagen y la red, sin poder condicionar lo que miraban los demás, porque en la realidad no puedes condicionar la mirada, pero en el mundo virtual sí puedes condicionarla.

Y ahora las nuevas generaciones están empezando a dar mucha importancia a ese yo virtual y veremos a ver dónde acabamos. Si no educamos bien el pensamiento crítico, yo creo que haciendo una buena base educativa del pensamiento crítico, no habría ningún problema de saber que lo que yo estoy poniendo aquí es falso y no me va a afectar. Luego está en mi vida real, que va por otros derroteros y que no tiene por qué tener ningún problema de aceptación. Ahora, si no lo haces y estás dejando que la gente genere su identidad virtual con un nivel de satisfacción por encima de la real, la desafección con los demás y los problemas de aceptación van a ser tremendos.

P. ¿Existe Filosofía en el mundo virtual?

R. Sí, sí, mucha, mucha. Lo que pasa es que no discuto con ella y tampoco encuentro Filosofía para debatir. O sea, hay, digamos, píldoras filosóficas en el mundo virtual. Yo encuentro mucha pildorita cuando leo una noticia, cuando entro en foros de Filosofía y tal, pero nunca entro a discutir porque no creo que sea un medio para debatir Filosofía. Los análisis filosóficos si quieres que se hagan un poquito más profundos requieren tiempo y distancia. Necesitas tener más perspectivas, separarte del problema, necesitas consultarlo en otros sitios… Los medios de comunicación nuevos o internet pueden ser un un modelo muy apetecible para ir sembrando de píldoras y para ir estimulando el debate, para que después cada individuo llegue a ese nivel si quiere profundidad en su propio análisis.

"Los medios son tan poderosos que cuando los chavales miran a sus padres los ven como perdedores"

P. ¿Son malos tiempos para la Filosofía?

R. Son malos tiempos para el análisis filosófico en profundidad. La sociedad nuestra es turbotemporal, va muy rápido y el efecto de la sociedad mediática es el efecto scroll, donde todo va pasando y si te desconectas y vuelves a conectar al rato te has perdido cosas. Y esa sensación de perder cosas provoca que la gente esté constantemente conectada. Existe hiperconexión. La Filosofía requiere que dentro de un tema te conectes al tema e intentes desconectarte de todo lo que está alrededor y tomes distancia. Luego hay una segunda cosa que dice Victoria Camps y me gusta mucho y es que la Filosofía requiere duda y cuestionamiento. Que te cuestiones las cosas significa que aceptas también que tú no sabes y hoy en día el reconocer que no sabes no está precisamente de moda. La humildad no es un valor en alza en el siglo XXI, sobre todo, cuando todo el mundo cree que se puede acceder al conocimiento a través de internet. Entonces, si no sé algo no me preocupa, no me afecta, lo clickeo en Google y voy a llegar a la solución. Es una un falso concepto de conocimiento.

Hay gente que cree que no hace falta tampoco estudiar, memorizar, etcétera, etcétera, porque está internet y toda la información está ahí. La Filosofía te va a pedir y te va a exigir primero que reconozcas que no sabes mucho del tema, que tienes unas carencias y segundo, te va a pedir una curiosidad sostenida en el tiempo, constante. Tienes que llegar al fondo del problema y eso te va a demandar una atención específica durante mucho tiempo. Eso en una sociedad donde el estímulo es multidireccional y, además, maravilloso, quieres acudir a todos los estímulos posibles durante mucho tiempo. Eso hace que profundizar en algo a fondo se haga cada vez más complicado. De hecho, están cambiando los modelos de ensayo contemporáneo de Filosofía que van dirigidos al público en general y cada vez son más cortitos. Por ejemplo Byung-Chul Han, el coreano que ha triunfado en la actualidad con su ensayo [La sociedad del cansancio] de ochenta paginitas fáciles de entender en torno a un solo problema. Intenta profundizar en un solo problema porque ir más a fondo implicaría que la gente se desconectase. No son buenos tiempos para la Filosofía en profundidad, pero sí creo que son buenos tiempos para el estímulo filosófico.

"La sociedad está empezando a adolecer de realidad"

P. Tenemos el ejemplo de tu libro El arte de pensar, que va por la quinta edición, y que parece mostrar que el interés por el pensamiento crítico no está tan devaluado en el sistema capitalista.

R. (Risas) Yo creo que es el tema. El público demuestra interés cuando se da cuenta de que hay cuestiones que le afectan y que desde fuera pueden ayudarle a entenderse mejor. Entonces el libro, en el fondo, es una especie de manual para el siglo XXI basado en Filosofía, pero es un manual que lo que trata son problemas suyos, como con la autoestima, por ejemplo, o yo qué sé, la mentira o la posverdad o cuestiones muy de actualidad con una perspectiva filosófica. Entonces, cuando la gente lo lee, muchas reacciones que he recibido por internet son de agradecimiento. Me encuentro mucho a gente que me dice: piensas como yo, pero yo no sabría decirlo como tú lo has dicho. Significa darles la sustancia teórica para tener el apoyo de esto. Y estoy viendo que muchas personas están de acuerdo con el enfoque de la vida del pensamiento crítico, incluso más de uno me dice que su problema es el tiempo, que no tienen capacidad de análisis tan profunda, que necesitarían una ayuda filosófica más fuerte para entender mejor el mundo.

Por eso digo que sí hay esperanza para la Filosofía siempre la Filosofía sea pragmática. Lo que no hay esperanza hoy en día es para algo que se quede en la nebulosa de la teoría. Con una sociedad tan estimulante como la que tenemos, porque es la más estimulante que haya podido haber en la historia, la gente tiene la opción de hacer mil cosas, de consumir mil emociones, de tener mil experiencias, de profundizar en mil temas, porque tienen la panacea del conocimiento que es internet, que bien usada es una panacea. Entonces, en una sociedad donde todo es tan estimulante, tienes que encontrar la fórmula para estimular filosóficamente a alguien para entenderse mejor. La gente quiere que le diga: esta herramienta sirve para eso y se puede utilizar así. Si no entramos en ese modelo de discurso desapareceremos. Ya lo estamos haciendo. Estamos desapareciendo de los planes de estudio.

P. Imaginándote en clase te veo como una especie de Merlí [el profesor de filosofía de la serie a la que da nombre], bajando a la filosofía de su trono.

R. No la he visto, pero los alumnos me lo han puesto hasta en la sopa. Vi el primer y segundo episodio y como a mí me interesa mucho el tema de la Filosofía, cuando llegaba la parte de Filosofía no llegaba a tres minutos y entonces me tocaba mucho la moral. Vale, entiendo a mis alumnos, adolescentes, las historia de amor y tal. Pero claro, yo me ponía la parte donde explicaba Aristóteles cuando estaba dando clase y eso eran tres minutos al principio del episodio y dos minutos después ¿no? Y ahí se acaba la Filosofía. Y en el segundo episodio me pasaba igual. Y me dije, aquí no hay mucha Filosofía y lo que hay me lo sé. Entonces me parecía que era una una serie muy estimulante porque no se había hecho nada de Filosofía, que la gente la ha acogido con un fanatismo tremendo, todos mis alumnos la veían, a un nivel de fanático, todas las temporadas, me lo traían a clase a exposiciones, eso sí, los dos minutos que Merlí habla de de Parménides…. y yo les decía, está muy bien para que os estimuléis pero ¿por qué no habla cincuenta y cinco minutos de Parménides?

"No son buenos tiempos para la Filosofía en profundidad, pero sí creo que son buenos tiempos para el estímulo filosófico"

P. Creo que esa serie va a llevar a muchos alumnos a estudiar Filosofía.

R. Ya los ha llevado. Se han hecho los estudios del año pasado y se han matriculado creo que era un 19% más de gente en la carrera. Es normal porque la gente ve que es algo que te afecta en la vida.

P. ¿La reflexión acaba llamando a la puerta más tarde o más temprano?

R. Siempre, siempre. No conozco a nadie que tarde o temprano en su vida no tenga un momento de crisis. Crisis significa que desde los valores que tienes, el proyecto de vida que tienes, hacia dónde te estás enfocando, de repente se para y no sabes qué va a pasar. Lo digo al principio del libro: tarde o temprano el pensamiento crítico va a aparecer en tu vida. Es mejor que aparezca temprano, que lo vayas educando, que vayas trabajando las perspectivas, que puedas tener capacidad analítica sobre las cosas, sobre tu proyecto de vida, sobre la herencia que ha recibido, que eso es algo que se está desprestigiando. Tarde o temprano, si no lo has hecho, te va a llegar un momento de crisis. Cuando te llegue el momento de crisis lo que me estoy encontrando cuando hablo con la gente, es que si no has desarrollado el pensamiento crítico te vas a llevar un bofetón inmenso.

Va a llegar el pensamiento crítico, te va a decir que estoy aquí, que hay que solucionar el problema y tú vas a decir no sé y vas a tener que acudir a la autoayuda, al psicólogo porque no tienes las herramientas, no las has trabajado. Las tenías desde el principio, todos las tenemos. El problema está en que se han oxidado y que al final, cuando las va a necesitar, ya no sabes cómo utilizarlas. Entonces cuando aparezca el pensamiento crítico llamando a tu puerta con un divorcio, con un fallecimiento de un ser querido muy fuerte, con una infidelidad… con cualquier circunstancia vital que va a aparecer, ahí tienes que tener ya bien asentado tu pensamiento crítico para saber reaccionar de una manera lo más óptima posible para ti. Tienes que conocerte bien a ti, tienes que haber conocido bien a las personas con las que convives, tienes que saber sus circunstancias, los contextos en los que ha sucedido el tema y a partir de ahí tomar buenas decisiones.

Con ese pensamiento crítico trabajado las decisiones seguramente estén mejor justificadas y te sirvan para tu proyecto de vida. Si no lo has hecho bien es probable que tengas serios problemas para saber qué hacer ahora con tu vida. Y esto cada vez se está ampliando más. Por eso creo que el libro, en el fondo, hace que las personas se den cuenta de que o se ponen las pilas para desarrollar esta capacidad analítica o realmente al final van a tener que acudir a alguien que les diga qué tienen que hacer en la vida.

"Cuando te llegue el momento de crisis, si no has desarrollado el pensamiento crítico te vas a llevar un bofetón inmenso"

P. Este libro está dedicado a tus hijos, que intuyo que son pequeños.

R. Bueno, ya no tanto. Pedro tiene catorce y Elena once, va a cumplir doce ahora.

P. ¿Cómo los entrenas en el pensamiento crítico?

R. Bueno, yo tengo suerte porque mi mujer es maestra de Infantil y Primaria y yo soy de Secundaria y Universidad, así que en casa los pobres no se libran del proceso educativo nunca. En infantil ya estaba trabajando con ellos y nos dimos cuenta que Pedro generó una dependencia muy fuerte en las amistades, solo tenía una amistad y los otros niños le interesaban menos. Lo vimos durante un curso y al siguiente. Nos dimos cuenta de que teníamos que hacerle entender que tenía que abrir la mente y las experiencias a otros niños y que tenía sobre todo que conocer bien a menganito. Y a partir de ahí empezamos a trabajar en casa mucho el concepto de diálogo. Es decir, durante la comida, la cena, los viajes en coche, al ir al colegio… haciendo que él hablase mucho sobre cómo analizaba su amistad, que a ver qué le parece lo que ha dicho su amigo, qué le parece lo que ha dicho la seño. Mucho cuestionamiento.

Y a base de mayéutica socrática, es decir, a base del arte de hacer buenas preguntas, de escuchar muy bien a tu hijo, al final conseguimos que, por ejemplo, yo qué sé, con cinco y siete añitos se peleasen todos los días por intentar hablar en casa y tomar la palabra. Nosotros hemos tenido suerte de que hemos conseguido que sean gente que quiera contarnos todo y que, sobre todo, sean capaces de analizar mucho lo que les pasa con las amistades. Ellos saben ya tener la capacidad crítica de saber dónde están en cada contexto vital, porque durante mucho tiempo hemos tenido esos canales abiertos de comunicación que son esenciales en el proceso educativo y luego, bueno, les hemos dado ejemplo en muchas ocasiones.

P. ¿De todo esto surgió El arte de pensar para niños?

R. Surge ya de que quería llevarlo a la práctica. Lo que había hecho con mis hijos quería hacerlo con fichas en colegios, metodológicamente y sistemáticamente y evaluarlo. Diseñé un montón de fichas, sobre todo visuales. Mi mujer consiguió reunir a seis o siete maestras de distintos colegios de Córdoba, de distintos niveles, desde infantil hasta cuarto. Las llevamos a casa, les conté el proyecto, les di las fichas en un pendrive, había vídeos, imagen, textos... Había un poco de todo para que trabajaran en clase con niños de primaria. Cosas que fuesen divertidas. Luego les di una ficha de evaluación. Una de las cosas que hicimos durante todo ese año fue aprender a hacer preguntas. Los niños ya no saben hacer preguntas, pero si me apuras los adultos tampoco. Entonces, me obsesioné con que el arte de cuestionarse las cosas fuese importante.

"Los niños ya no saben hacer preguntas, pero si me apuras los adultos tampoco"

Les dábamos una imagen, se les daba un minutito a los niños en clase, tranquilitos, analizando la imagen y luego tenían que hacer una pregunta que les sugiriese esa imagen. Se apuntaban todas las preguntas en la pizarra y tenían que votar cuales les parecían las tres más interesantes. Entonces se seleccionaban las tres y empezaba un pequeño debate. Jugábamos con una imagen estática, luego con vídeo, publicidad, con texto… Las profesoras me evaluaban diez ítems: si la pregunta era buena, las más profundas de las que no lo eran… Y me di cuenta que después de tres meses, en diciembre, cuando recogí las primeras fichas no había apenas evolución. Me decían los maestros que les gustaba pero les costaba mucho hacer preguntas buenas, identificar un buen tema, organizar mentalmente sus ideas. Sabían lo que querían decir pero no cómo decirlo.

P. ¿La conclusión cuál ha sido?

R. Que al final en febrero empezaron a subir los ítems y cuando llegó mayo era una cosa espectacular. Es como si les hubiese despertado algo y las preguntas eran otro mundo. Ya no preguntan por qué, el por qué había desaparecido. Cuatro meses de trabajo sistemático para ver una evolución y el quinto y sexto fue una explosión brutal. Entonces, cuento en el libro que es un proceso sistemático que lleva tiempo, que se puede hacer en el aula, que no es nada complicado, que se puede hacer en casa también, que tampoco es complicado, y que da resultados aunque no resultados rápidos. Aprender a pensar lleva tiempo.

Recuerdo las primeras preguntas sobre una imagen de violencia. ¿Por qué se pelea la gente? ¿Por qué la gente mira? Cosas así. Ocho meses después de trabajar en esto semanalmente nos encontramos preguntas como: ¿qué provoca que a la gente le guste la violencia? Ninguna pregunta empieza con por qué. Hay un cambio sustancial, tanto que algunas preguntas te desconciertan como adulto con cosas que uno nunca se le hubieran ocurrido. Luego me di cuenta de otra cosa muy preocupante, ya que la misma ficha la trabajaba con gente adulta, con profesores del CEP de Córdoba (Centro del Profesorado) y resulta que las preguntas que hacían profesores y gente de la de Universidad eran muy parecidas a las de un niño de doce años, con lo que me di cuenta de que a partir de cierta edad se estanca nuestra capacidad de cuestionamiento. Nuestra capacidad de análisis se queda en la superficie. Se queda en lo evidente, en lo simple, lo anecdótico, en el eslogan, y si no la trabajas no va a pasar de ahí.

"Aprender a pensar lleva tiempo"

P. ¿Crees en la objetividad?

R. No, no creo y no le veo tampoco sentido. La objetividad para mí es la suma de subjetividades. Ortega y Gasset decía que yo soy yo y mi circunstancia y no salvo a ella y no me salvo a mí. Bueno, tiene una cosa muy interesante Ortega. Hay un ejemplo que pone muy bonito que dice que dos personas que están mirando el mismo paisaje, uno está viendo una parte y otro está viendo otra. La pregunta es: ¿qué paisaje están viendo los dos? Si resulta que yo me fijo en los olivos y tú te fijas en la puesta de sol estamos viendo cosas distintas, de manera que al final la suma de perspectivas es la realidad. La única opción que existe de objetividad, digamos, sería la suma de subjetividades. Entonces, para mí la objetividad no tiene una trascendencia ni epistemológica ni moral tampoco y no tiene ningún calado filosófico importante para mí.

P. En la época con más gente formada que nunca en la historia, ¿cómo podemos ser tan manipulables y picar en tanta noticia falsa?

R. No hay tiempo para analizar las noticias. Estás comiendo y te están contando que  desembarcan ciento treinta inmigrantes en una patera y diez segundos después te están diciendo que el Madrid ganó tres-uno. La noticia se ha convertido en un eslogan que hace que tu cerebro acuda a la parte del eslogan emocional y evite la parte analítica. Y esto lo ha hecho muy bien, por ejemplo, Donald Trump. La posverdad tiene una definición muy específica en torno a cuál es su objetivo. En la posverdad los hechos objetivos interesan menos que los llamamientos que se hacen a la emociones, a las creencias. De modo que yo sé que tú estás teniendo problemas de trabajo en España y hay mucho paro en Andalucía, entonces voy a sacar un titular que diga que van a venir cinco mil inmigrantes, y voy a amenazar a tu parte emocional, no a la parte racional. Porque claro, te dices, yo tengo mi carrera y no encuentro trabajo aquí en Andalucía y ahora van a venir inmigrantes y habrá más competencia.

Tendrías que pararte a pensar si el inmigrante indocumentado y sin carrera y sin nada encuentra trabajo y tú no. A lo mejor tendríamos que dar una vuelta de tuerca a ver cuál es tu situación y cuál es la del inmigrante, pero eso no lo vas a hacer porque el eslogan va a la parte emocional tuya. La posverdad se ha aprovechado del consumo emocional en el que hemos entrado en donde privilegiar la emoción está por encima de privilegiar el análisis. Y la emoción significa la capacidad de entrar después en acción en busca de consumir esas emociones. Por eso la enfermedad del siglo XXI en el fondo es esa drogodependencia emocional. Una drogodependencia que hace que necesites estar experimentando emociones constantemente con un síndrome de abstinencia, cuando lo pasas mal, que hace que generes actividad. Una hiperactividad como síndrome de abstinencia contemporáneo que hace que todo el mundo esté constantemente buscando hacer cosas para no tener que entrar en ese autoanálisis o en el análisis de la realidad que le lleva esfuerzo, tiempo, separación, distancia... Así que yo creo que la posverdad se ha beneficiado mucho de las circunstancias contemporáneas, de la turbotemporalidad y de la potenciación de la faceta emocional del ser humano.

"La enfermedad del siglo XXI es la drogodependencia emocional"

P. Todos creemos que hemos conquistado la libertad. ¿Realmente somos libres?

R. Bueno, es una pregunta que te llevaría cuatro tesis doctorales. Lo primero, habría que definir el concepto de libertad. Pero sí, yo creo que el individuo tiene todavía capacidad autónoma de decisión dentro de un marco. Lo que no puedo pensar es que la libertad es hacer lo que te dé la gana cuando te dé la gana, que es una definición de libertinaje muy básica. Pero yo todavía tengo la sensación de que la gente tiene cierta capacidad de controlar esa parte de voluntad, de intentar enfocar la vida como quiere. Otra cosa es que después no lo hagan. Pero la capacidad de ser libre, de controlar hacia dónde diriges tu vida, creo que todavía existe.

P. ¿Pero no crees que las opresiones hoy día son bastante más sutiles, bastante más sofisticadas?

R. Bueno, lo son si tú te dejas oprimir porque no tienes esa capacidad analítica desarrollada. Es decir, el sistema va a intentar venderte la moto siempre. Es inevitable que el sistema tenga sus mecanismos de influencia cada vez más potentes en forma de pantalla; por ejemplo, la omnipantalla que todo lo invade. Pero bueno, también está ahí el criterio del sujeto que es capaz de enfrentarse a esos mecanismos de seducción continua que forman parte de la sociedad actual. Nos van a intentar seducir siempre y al final van a intentar convencerte de que lo mejor para ti es lo que a ellos les interese. Y cuando digo ellos hablo del sistema. El problema es que el sistema somos nosotros; es decir, que no creo que exista una conspiración brutal en torno a los sujetos individuales para controlarlos al estilo orwelliano. Pero sí es verdad que hemos hecho dejación de nuestras funciones como individuos y como sociedad. Entonces, cuando haces dejación de tus funciones a la hora de analizar, de decidir y hacerte responsable de tus decisiones, al final a lo mejor a quien hay que pedirle cuentas es a ti por hacer esa dejación de funciones.

"El problema es que el sistema somos nosotros"

P. Yo tampoco creo en ninguna gran conspiración, en eso estoy de acuerdo contigo. Pero, sin embargo, cada vez se encuentro a más gente que tiene miedo de decir lo que piensa.

R. Bueno, claro, es que hemos entrado en una sociedad donde las redes sociales se han convertido en el control de la opinión pública. Nosotros estamos autocensurándonos, que es lo peor de todo, ¿no? La autocensura es cada vez más alta porque hemos entrado en la sociedad de lo políticamente correcto. Y, por eso, cualquier cosa que no forme parte de esa cuestión políticamente correcta es directamente atacada, vorazmente, por las redes sociales. Entonces la gente, con tal de encajar en el sistema virtual, va a estar de acuerdo y conforme con casi todo lo que se va vendiendo como tal. La única esperanza que han encontrado es el modelo troll. Yo genero una personalidad disfrazada en internet y entonces ahí despotrico contra todo y critico a quien haga falta y parece que me desahogo. Pero a nivel personal no soy capaz de decirlo porque sé que hay una censura mediática que hace que entre todos estemos controlándonos constantemente a nivel de opinión. Así que

la gente cada vez va a tener más problemas de decir lo que piensa en público.

P. ¿Crees que en la mitad de la población, las mujeres, puede existir un doble miedo a la autonomía y a la libertad de pensamiento?

R. Yo creo que no. Yo espero que las mujeres no tengan ese miedo. No te sabría decir porque no es un tema que haya analizado a fondo, pero si eso es así, me parecería de una tristeza tremenda que en el siglo XXI, cuando estamos empezando a ver que hay un cierto progreso en ese plano, haya mujeres que tengan miedo a decir lo que piensan. Veo que quizás haya ahora más valentía por parte de las mujeres de empezar a solicitar la atención que no se les ha dado durante mucho tiempo. Por esa parte me alegro mucho del progreso, ya que los medios de comunicación, que para otras ocasiones se convierten en una especie de estigma social hacia el que dice una opinión contraria, en este caso se han convertido en un altavoz maravilloso para empezar a hacer que la mujer pueda recuperar todo lo que ha perdido bajo el estigma del poder del hombre, del patriarcado.

"La gente cada vez va a tener más problemas de decir lo que piensa en público"

P. Hablabas antes del fin de los movimientos sociales tal y como lo conocíamos. Sin embargo, ¿esta última ola de feminismo no es uno de los grandes movimientos sociales del siglo XXI?

R. Sin duda, sin duda. Como movimiento social, sí; como grupo, no. Yo te decía que se ha terminado el concepto de sociedad o de grupo. Cuando tú lo único que haces con respecto a otras personas es compartir solamente una idea, no eres un grupo. Me da igual si es el feminismo o yo qué sé, el cine de autor. Entonces creas una comunidad de gente aficionada al cine de autor. No, porque de lo que estamos hablando es de un movimiento social en torno a una idea y a una reivindicación de una sola idea. Antes la sociedad se movilizaba a nivel de grupo y salía la calle y se manifestaba por múltiples cuestiones.

Ahora mismo, por ejemplo, una de las cosas que me ha alegrado ver es que en Hong Kong están saliendo a la calle para que China no le coja sus derechos y está saliendo la ciudadanía completa porque quieren cambiar un sistema de vida. Entonces de ahí sí sale un grupo entero que está diciendo que le están modificando su estatus vital y que no quiere que se les lleve a China a juzgarlos y que se les condene a muerte.

P. ¿Entonces eso sí es político y el feminismo no?

R. No, no político. Mi tesis fue cómo la sociedad ya no tiene la potencia como grupo y se va potenciando el individualismo. Un movimiento social en torno a una idea, una cuestión sí me parece muy potente, pero un movimiento social en torno a esa idea. Ahora, lo que tienen en común todas esas personas habría que analizarlo. En este caso solamente es el feminismo. Dentro de esa reivindicación tendríamos que ver qué tienen en común todas ellas para saber si ese grupo tiene un concepto de sociedad.

"Cuando lo único que haces con respecto a otras personas es compartir solamente una idea, no eres un grupo. Me da igual si es el feminismo o el cine de autor"

P. Tienen en común la lucha por la igualdad.

R. Sí, sí. A ver, sociedad como sociedad, luchar por la igualdad luchamos todos. Tú estás hablando de feminismo pero no de igualdad.

P. El feminismo es un movimiento político que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Estamos de acuerdo en eso?

R. Si lo definimos así, bien. No me atrevo a decir nada porque he encontrado tantas definiciones, algunas con las que estoy más de acuerdo y otras menos, pero en ese concepto, sí. Un grupo de personas que luchan por un concepto de igualdad, bien.

P. ¿Entonces es un grupo social?

R. Sí, pero no, no, no. A ver, cómo te diría, la pérdida de la categoría de lo social es que la sociedad a nivel de categoría ya no tiene la idiosincrasia definida en torno a un modelo de vida. Cuando la gente sale a luchar porque su modelo de vida se ha puesto en jaque o se le va a cambiar su concepto de felicidad y tal, salen todos por un modelo de vida, por un sistema que es lo que hacía antes la gente, salía, se revolucionaba, es decir, cuando ya se moría de hambre a la gente en Francia sale y se va a por el rey a Versalles, a eso me refiero.

P. Hablando de Francia. ¿El movimiento de los chalecos amarillos entraría en la categoría de los social?

R. El motivo no lo tengo muy claro. No sé si eran los agricultores.

P. El inicio del movimiento fue la subida del combustible y lo protagonizó la Francia rural, pero después se fue extendiendo.

R. Ahí tienes un modelo de vida que se ha puesto en ciernes y que supongo que tratan de recuperarlo. Esa es la única diferencia entre sociedad y grupo. Ahora, cuando reivindicamos una idea es solo esa idea, tú y yo no tenemos nada que ver. Solo compartimos esa idea.

Podemos salir a manifestarnos con que al Córdoba se le pague una cláusula. Y son cincuenta mil personas que salen a la calle a decir le paguen una cláusula a los futbolistas, pero ya está, no tenemos nada más en común. Tenemos esa lucha de fondo que no va a cambiar ni tu vida ni la mía ni la de muchas personas. Esa potencia de la gente que sale a luchar por un modelo de vida creo que se ha perdido. La difuminación de la sociedad en pequeños grupúsculos en torno a una pequeña idea es lo que ha hecho que se generen miles de grupos en torno a miles de cuestiones. Si hay millones de reivindicaciones de gente que se apunta a esa reivindicación, pero no tiene nada que ver uno con el otro, ni tampoco le interesa al otro lo que le interesa exclusivamente es la reivindicación y el sistema ha sido muy listo porque lo que ha hecho coger los grandes grupos, seccionarlos, difuminarlos y dejar cuestiones concretas, de manera que luchamos por esa cuestión concreta y cuando se acabe se acabó. Ya no somos grupo ni seguimos ni tenemos contacto ni luchamos por otras cuestiones. Es muy difícil movilizar a la gente en el siglo XXI. Las movilizaciones sociales son complicadas y cuando se hacen son muy puntuales.

"Es muy difícil movilizar a la gente en el siglo XXI"

P. Yo creo que son diferentes. Y más globales. Ahí tienes a los jóvenes protestando cada viernes contra el cambio climático.

R. Yo creo que son complicadas. Movilizar a mucha gente es muy complicado. El feminismo sí que moviliza obviamente, pero me da a mí que vamos a tener una lucha todavía larga.

P. ¿Parte de lo que somos se define por lo que hacemos?

R. Sí, una gran parte sí, sí, pero también por lo que sentimos y por lo que pensamos.

Son los tres factores de la identidad. Lo que haces te va a definir, pero también es verdad que lo que sientes es una parte importante de lo que tú eres y también lo que piensas, el criterio, la identidad de la persona se va a juntar en ese pensar. Cuando hablo de pensar, habló de sentir y de analizar, las dos cuestiones del pensamiento. Sería la capacidad de reflexión que tienes junto con la capacidad de sensaciones y eso se transmite en un modo de actuar. Si no consigues que los tres pilares vayan a una, entonces, vas a tener una disonancia interna que desde fuera muchas veces también se percibe.

P. ¿La incoherencia forma parte de la libertad?

R. Yo te diría la paradoja. Fíjate, no me gusta hablar de personas incoherentes, me gusta pensar que somos seres paradójicos. La paradoja forma parte del ser humano. A veces nos apetece una cosa y diez días después nos apetece justo la contraria, la justificamos y simplemente has cambiado y no sabes muy bien por qué. A veces somos contradictorios y no pasa nada. El problema está cuando nos obsesionamos en que la gente se defina de una sola manera y se ancle a esa definición como persona. Entonces, somos muy duros o bien con nosotros, pero sobre todo con los demás, cuando se saltan la definición que nosotros teníamos de ellos o las exigencias teóricas que teníamos en nuestra cabeza en torno a ellos.

Cuando alguien demuestra cierta incongruencia en la figura intelectual que nosotros nos hemos hecho, nos indignamos muchísimo y nos cabreamos, ya sea con un político, ya sea un presidente de fútbol, ya sea un escritor… Lo que no entendemos es que realmente somos seres paradójicos. Y para mí eso es básico para entender por qué las personas cambian de opinión o por qué dicen algo que no te cuadra dentro de su sistema.

"Lo que no entendemos es que realmente somos seres paradójicos"

P. Hablemos de Córdoba. El profesor Ramón Román me descubrió una cita hace años de Ortega y Gasset, un filósofo que tuvo cierta vinculación con Córdoba. La cita es de 1930

y dice que Córdoba es un rosal que tiene al viento la sórdida raíz y da sus rosas bajo tierra.

R. Qué mal nos dibuja, ¿no?

P. Depende de cómo se enfoque.

R. Hombre, si da sus rosas debajo de tierra...

P. A lo mejor se refería a que la riqueza está en el subsuelo.

R. Claro, pero si no la sacas... Y es un rosal.

P. Yo creo que definió muy bien la ciudad.

R. No te sabría decir. Yo llevo poco tiempo aquí porque he estado veinte años fuera. Nací aquí, estudié aquí, pero me fui a estudiar la carrera a Sevilla y luego me fui a París a terminar la carrera y al volver di clases en Salesianos un par de años, pero luego me saqué la oposición y volví a marcharme. De hecho, mi primer hijo nació fuera. Volví hace 11 años. A mí Córdoba me parece la ciudad del retiro. Es ideal para retirarse, una ciudad tranquila, de reposo, de paseo, tiene una belleza señorial, única.

P. ¿A la que no se le ha pegado nada de sus pensadores?

R. Es que todos salieron de aquí, no han dejado de salir. Tenemos un tejido productivo muy, muy débil que hace que el estímulo de la gente para quedarse en la tierra sea complicado. Es una ciudad de reposo cuando tienes la vida hecha, como en mi caso, por ejemplo, que el sustento económico lo tienes solucionado con el funcionariado o bien, cuando estás buscando tranquilidad.

P. Algunos dan sus razones de amor y odio a la ciudad a lo Spinoza.

R. Bueno, yo creo que eso es muy normal en muchas ciudades. Quizás aquí la parte que más puede reprocharse es esa parte productiva. Incluso la parte intelectual, cuando decían aquello de mil tabernas y una librería, igual. No hemos cambiado mucho. Pero yo creo que la ciudad poco a poco va progresando. Por ejemplo, la universidad se está expandiendo. Cada vez hay más actos culturales, cada vez la gente llena más los sitio donde hay conciertos o donde hay presentaciones. Poquito a poco veo un ambiente que es ciertamente estimulante para los que hemos visto un páramo a nivel, por ejemplo, filosófico. En esta ciudad a nivel de Filosofía no existía absolutamente nada y Ramón Román era el único que podía hacer algo de vez en cuando. Ahora en el departamento Filosofía estamos seis profesores, está empezando a ampliarse la rama de la Filosofía en Estética, se están haciendo cositas en el debate... Y me parece que es una ciudad que desde esa perspectiva tiene mucho potencial. Ahora, también veo que hay que invertir en ese potencial. Hay que hacer inversiones durante un tiempo para estimular que la vida cultural de la ciudad vaya subiendo, pero no tengo ningún reproche con Córdoba. Sé que hay mucha gente muy crítica pero no es mi caso.

"No tengo ningún reproche con Córdoba"

P. ¿Por qué no terminamos nunca de estar satisfechos?

R. Porque la idea del progreso pasa por ahí. Es decir, una parte fundamental del ser humano está en no ser un conformista con lo que ya tiene. Aunque hay una definición de felicidad de San Agustín que a mí personalmente me gusta mucho, que es seguir deseando lo que ya se posee. La felicidad en el fondo sería seguir deseando lo que ya tienes. Al ser humano, una vez que ya tiene lo que posee, ya sea un logro personal o un logro académico, le gusta seguir progresando. Entonces, el estar satisfecho sería, digamos, el punto y final al proyecto vital. Siempre hay una inquietud, siempre hay un estímulo porque estar satisfecho significa que has cerrado todo el ciclo y entonces te quedas ahí. Y no creo que el ser humano esté hecho para eso. Fíjate, solo tienes que ver la historia de la humanidad, de la evolución para ver que siempre está esa parte en la que, bueno, ya hemos conseguido esto pero voy a seguir.

Yo de chico me preguntaba mucho ¿por qué los ricos no dejan de trabajar? Estudié un tiempo a la gente a la que le tocaba la lotería, gente que no era rica y le tocaba mucho dinero. Les hacían una encuesta de satisfacción cuando les tocaba y salían unos índices de felicidad altísimos, obviamente. Al año siguiente le volvían a hacer la encuesta y estaban por debajo que antes de que le tocase. ¿Por qué la gente era más feliz cuando le había tocado la lotería que un año después de que le tocase? Porque hacen un mal uso del dinero. Si tú vives, por ejemplo, en Santa Rosa, te tocan diez millones de euros y te compras un chalet en el Brillante, eso es tremendo. La gente no es capaz ni de aplicar su propio concepto de felicidad. Se da cuenta de que su felicidad está en, por ejemplo, las conexiones sociales que han formado su identidad. Si vives en Santa Rosa, cómprate allí tres áticos. O sea, pero en Santa Rosa y sigues bajando a la cafetería Roldán. Pero cuando tú rompes las bases de tu vida de verdad, de tu identidad, lo que te ha creado como persona lo rompes y te vas a un sitio nuevo, a partir de ahí, olvídate.

"La gente está desarrollando una doble personalidad: una para la vida real y otra para la vida virtual"

P. ¿Habría que estimular el pensamiento como una experiencia vital?

R. Para mí es la base de la felicidad. Lo tengo clarísimo porque yo lo he experimentado a nivel personal y con mi familia. Y cuando alguien aprende a pensar bien es muy difícil que le tambaleen los cimientos de su felicidad. Muy, muy difícil. Para que yo entre en depresión siempre he pensado que necesito una desgracia brutal. El resto de cosas sé relativizarlas y darles el justo valor en el momento adecuado. Como explico con Epicteto, soy una persona que tiene muy claro qué cosas dependen de uno y qué cosas no dependen de uno y a las cosas que no dependen de mí intento no darles apenas importancia.

P. ¿Eres pesimista ante el futuro?

R. No, no, ni mucho menos. Al revés. Yo creo que al final la capacidad de acceder a las personas hoy día es más fácil. Tenemos más medios de comunicación entre nosotros y hay mecanismos de solución que están más al alcance que antes. Si antes el hecho de que hubiese canales de comunicación muy estrechos, muy condicionados por el dinero, por la economía, por la clase social, hacía que buscar soluciones fuese una especie de proceso para la élite, hoy, por fortuna, podemos tener la capacidad de solución a cuestiones haciendo un tutorial de Youtube en casa, algo que antes era impensable. Bueno, pues hay cosas buenas y cosas malas, pero yo siempre he sido optimista y sigo siéndolo. Creo que hay más fuentes de solución que nunca para los problemas que existen.

P. Como te dice todo el mundo, eres muy normal para ser un filósofo.

R. (Risas) Me lo dice mucha gente. Claro, ¿qué quieren?, ¿que vaya con la barba y hablando raro o en plan dejao? Soy un tío muy normal que es lo que hace que funcione el libro, creo.

"Cuando alguien aprende a pensar bien es muy difícil que le tambaleen los cimientos de su felicidad"

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1 de septiembre de 2019 - 02:05 h
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