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Cristóbal Blanco: “La sociedad ya ve el ajedrez como una estrategia terapéutica en la sanidad”

Entrevista N&B al neurocirujano Cristóbal Blanco

El cerebro de Cristóbal Blanco (Venezuela, 1981) nunca para de pensar. A los seis años empezó a interesarse por un deporte que cambió por completo su forma de ver el mundo: el ajedrez. Entrenamientos, campeonatos y su familia -no entiende el mundo sin ella- lo convirtieron en uno de los mejores jugadores de ajedrez tanto de su país como a nivel mundial. Entre tanto se fue enamorando de otra pasión: la Medicina. Pero la exigencia y la dedicación que requerían ambos le llevó a decantarse por una. Lo hizo y desde hace más de una década es neurocirujano en el Hospital Reina Sofía, en el Hospital Cruz Roja y en otros centros privados.

Recientemente, Blanco ha finalizado un estudio que ha respondido a una de las preguntas que lleva rondando su cabeza desde hace un tiempo: ¿Los cerebros de los ajedrecistas guardan diferencias con los de la población en general? A este respecto, ya hay literatura científica que incide en la importancia que tiene el ajedrez en el desarrollo del cerebro. Ahora, este estudio, que ha elaborado junto a a ambos hospitales, al Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic), neuropsicólogos de Granada y la empresa privada HT Médica, viene a confirmar su hipótesis: los ajedrecistas tienen una parte del cerebro mucho más desarrollada de lo que, incluso, él mismo pensaba. Esa parte coincide, además, con las áreas que más sufren cuando una persona padece alzhéimer. Por tanto, se podría concluir que los ajedrecistas, en caso de sufrir alzhéimer, el desarrollo de la enfermedad sería más lento que en la población en general.

En un pequeño despacho del Reina Sofía, Blanco atiende a sus pacientes a diario, a los que les recomienda que hagan algo lúdico para potenciar su cerebro, más aún tras una operación. Junto a este estudio, este neurocirujano está produciendo un documental de diez episodios en el que mezcla ajedrez y cerebro. Pura divulgación. En su cabeza ya está el mantener conversaciones con plataformas como Netflix para darlo a conocer.

P. ¿Has visto Gambito de dama?

R. Sí, sí. A los ajedrecistas nos pareció un poco chocante porque había cosas que no eran reales, pero entendemos que es una buena serie porque al ajedrez lo ha enaltecido. Lo que no me gusta es que se relaciona el ajedrez con vivencias raras porque no va por ahí, sino todo lo contrario. El ajedrez es un apoyo. Entiendo que el escritor le tiene que poner drama y que la chica sea de un orfanato… En realidad no hay nadie en el ajedrez que cumpla esas características, pero es parte de la novela. Lo importante es que ha sido un exitazo y estamos súper agradecidos. Me gustaría hacer la mitad de Gambito de dama (risas).

P. ¿Cuántos años llevas jugando al ajedrez?

R. Desde los seis años y tengo 41. He sido multicampeón, he representado a mi país en las Olimpiadas, soy Maestro Internacional de ajedrez… A los 16 años tuve que decidir entre apostar por la carrera ajedrecística, que es muy dura porque requiere una entrega total cuando quieres un nivel competitivo, o por la Medicina, donde me apasionó el cerebro. Quizás es el órgano que más se parece al ajedrez. La vida me fue llevando de la mano del ajedrez y del cerebro. Me hice neurocirujano en el Hospital Reina Sofía y llevo casi 16 años viviendo en España y como neurocirujano, casi 11 años.

Los ajedrecistas tienen una parte de su cerebro más desarrollada que la población en general

P. ¿Tus padres jugaban al ajedrez?

R. Sí, sí. A mi padre siempre le gustó el ajedrez. Llegó a un nivel experto porque para llegar a un nivel de maestría requiere dedicación y preparación, que es la capacidad que tienes de que te gestionen entrenadores. Sino, el camino es imposible. Los entrenadores son los que te van llevando y te van posicionando. Hay un dicho que dice que no puedes cometer todos los errores en la vida porque no hay tiempo para cometerlos todos y en el ajedrez, la figura del entrenador y la familia como motivación, son fundamentales para no cometerlos. Luego está la dedicación. No te puedes dedicar a esto dos o tres horas. Durante mis primeros años dedicaba entre ocho y diez horas diarias. Así fui entrando en los mejores de mi categoría, como de 14 o 16 años. La dedicación que requiere el ajedrez es incompatible con otra carrera universitaria. Así que, le bajé la intensidad y decidí hacer Medicina. Estoy muy agradecido de la decisión que tomé porque en el ajedrez no hay garantías de que estudiando demasiado y sabiéndolo todo, vayas a vivir de él porque no es el tenis, por ejemplo. Solo los primeros del mundo viven bien y llegar a esos puestos es tan complejo como hacer alguna especialidad de cualquier índole y estar toda tu vida dedicándote a ella. El sacrificio con garantías difíciles es una decisión bastante compleja.

P. ¿Y cómo llegaste a la Medicina?

R. Porque mi padre es médico y medio me inoculó el tema médico. Desde pequeño, uno aprende por imitación y jugaba a ser médico. Además, nos inoculó el ajedrez a mi hermana y a mí. Mis padres me metieron en todos los deportes: en kárate me dieron una paliza y el fútbol se me daba muy mal. Parece que con el ajedrez nos engancharon porque no fueron directamente a enseñarnos este deporte, sino que nos dieron unas opciones y nos dijeron que hiciéramos lo que nos apasionara. Curiosamente, el ajedrez nos acercó, nos gustó tanto y empezamos a viajar. En mi casa teníamos recursos limitados porque mis padres se casaron muy jóvenes y no teníamos ninguna capacidad de viajar por medios propios. Al ganar un campeonato y montarme en un avión… Se me abrió el mundo y dije: “Esto me gusta”. Me motivé. Y eso es el plus de energía que te meten para seguir adelante. Mis padres siempre han sido muy dóciles con nosotros; nunca han visto la derrota como una especie de castigo o amenaza, sino que todo consistía en disfrutar. Cuando perdíamos, se reían de una manera graciosa y utilizaban esa psicología inversa. Nunca hubo un maltrato por un resultado malo y hasta día de hoy. El secreto es tener entrenadores, apoyo familiar y ganas.

P. Desde el primer minuto visteis el atractivo del ajedrez.

R. Sí, sí, porque una vez que te metes es mucho menos aburrido de lo que se puede ver desde fuera porque no se entiende qué esta pasando. Cuando es un reto mental, ahí se mezcla el orgullo, tus emociones y tus ansias. Es como un deporte. Hay un reto y nadie quiere verse vencido. El ajedrez tiene una connotación adicional, que es tu mente. Hay un ego ahí oculto. Quizás en un deporte te puede ganar una persona por ser más alto o por tener mejores condiciones pero, en el ajedrez, ¿por qué en cerebro me vas a ganar? ¿Acaso tienes uno diferente al mío? Para nada. Nuestros cerebros son similares aunque diferentes en la estructura. Hay gente cuyas condiciones físicas no van compaginadas con su actividad cerebral.

P. El ajedrez nos iguala a todos, al fin y al cabo.

R. Sí. Esa sería la respuesta. Nos iguala a todos. No hay género ni nada de nada. El hombre no piensa más que la mujer, ni mucho menos. En la mujer no hay menos nivel, para nada, lo que pasa es que hay más practicantes varones. En el ajedrez, una chica que tenga un nivel Maestra es tan fuerte mentalmente que un chico con el mismo nivel. Sus condiciones físicas pueden ser lo que quieras. Es el cerebro de una persona contra el de otra.

Le haría jaque mate al cáncer porque aún nos vence

P. ¿La concentración de una partida de ajedrez le ha ayudado a tenerla en el quirófano?

R. Sí. El ajedrez ha sido una de mis piezas angulares para mi forma de pensar. Yo todavía juego y esta tarde voy a un campeonato en Linares. Siempre dejo un huequito para el ajedrez. Lo utilizo como una forma de desahogo. A un alto nivel profesional no sé hasta qué punto genera tanto placer porque intervienen muchas cosas. Cuando tienes que jugar una partida porque te estás jugando la comida de tu casa es diferente. Pero yo lo veo como algo sanador y es lo que me ha dado la tranquilidad, aunque no es un deporte tan tranquilo como parece. Se mete en tu cabeza y no quieres perder. Yo juego esta tarde y aunque estoy mucho más relajado y puedo tener un modo zen más que el resto, no quiere decir que quiero que me ganen o que no me ponga tenso en un momento dado. Es verdad que me siento afortunado de poder compaginar mi profesión con el ajedrez porque verme en la necesidad de jugar para vivir, creo que es una carga extremadamente difícil porque en el ajedrez no te van a regalar nada dado que no interviene el azar, como puede pasar con el póker. Si no estás preparado no hay posibilidad alguna de que ganes nada. Quizás sí venzas en una partida en un momento dado porque a cualquiera le puede pasar, pero en un torneo tienes que enfrentarte a siete, a diez o a 11 personas y la virgen no se te aparece en todas las partidas. Para que la virgen haga eso tienes que estar arriba y se te aparecerá de refilón para que tú la reconozcas. Además, en el ajedrez, si estas agotado mentalmente, no puedes jugar. Tiene esa arrogancia de que te quiere para él exclusivamente. En general, cuando estás en un nivel top, no puedes compaginar dos cosas. No creo que Messi juegue al mismo nivel y en el mismo momento a fútbol y a otro deporte.

Otra cuestión interesante del ajedrez es que lo puedes practicar desde casa porque ya hay ordenadores que te dicen hasta las respuestas. Ha igualado al mundo, salvo a África porque la hemos tenido olvidada. Un chino te juega igual que un americano, que un latinoamericano o que un ruso. La diferencia entre países es el nivel, que viene todo de la cultura y del desarrollo del ajedrez. El número 1 del mundo, Magnus Carlsen, es de Noruega, algo impensable hace 20 años porque allí no hay tradición de ajedrez. El número 2 es un ruso, Nepomniachtchi; el número 3, un norteamericano, Nakamura. Es el deporte de la mente. ¿Qué te dice esto? Que somos iguales en todo el planeta. Como te decía antes, tampoco hay diferencias de sexo y, si me apuras, las mujeres pueden tener capacidades asociativas mayores por la multitarea que hacen También hay personas con minusvalía que son grandes maestras. Hay más de 200 millones de practicantes, sin contar la gente que juega en las plataformas, que no es federada. Pero creo que el ajedrez ha estado dormido: quizás no se ha entendido, publicitariamente hemos sido muy modestos, no ves sangre ni nada de eso… A lo mejor a las televisiones no les llama la atención, pero ya se están animando. Ahí tienes Gambito de dama.

P. ¿El ajedrez le ha hecho ser mejor neurocirujano?

R. Totalmente. Si me preguntas que soy, soy mucho de mis padres, mi familia… Soy un proyecto al que le echaron agua, sal y salió una cosa rara (risas). Tanto el ajedrez como la neurocirugía se retroalimentan. El primero es el Windows de mi ordenador. Si no lo tuviera, estaría disperso. El ajedrez me ha ayudado a tener todo ordenado y a ser mejor profesional en todos los aspectos. El ajedrez me ha enseñado la igualdad de género y de razas; es un ambiente noble, hay pobres y millonarios. Eso me hace ver que la Medicina es igual. A la Neurocirugía le debo mi vida porque vivo gracias a ella. Me ofrece una concentración absoluta. Ha habido operaciones que han durado de diez a 12 horas y en el ajedrez hay partidas de ocho y diez horas. Me resulta muy fácil estar concentrado porque la concentración la manejo desde muy pequeño. Pueden estar 500 personas en el quirófano que yo estoy en mi mundo operando, y eso me lo ha dado el ajedrez. La Neurocirugía complementa esto.

P. ¿Ser tan metódico y organizado le ha restado humanidad en el trato con el paciente?

R. Es verdad que te hace ser un poco más directo y quizás el paciente lo puede entender como que tengo frialdad, pero pienso que, hoy día, el paciente quiere la eficiencia. A medida que van pasando los años y las profesiones se van haciendo más técnicas, la gente quiere respuestas. Ya no se está valorando tanto la empatía, aunque cura un 40% de la enfermedad. La empatía es ponerse en el lugar de la persona. Eso nunca lo puedes perder, es tu esencia. El que se diagnostica es el paciente mismo y tú, mediante la empatía, tienes que acceder a su ordenador y revisar lo que está pasando. Si no eres empático, no te dediques a la Medicina. En el ajedrez, si eres muy metódico, te pones un poquito más serio pero eres más eficiente y vas directo a lo que quieres lograr. Antes valía con dejar vivo a una persona, pero ahora no vale solo eso, sino hacerlo en condiciones dignas. Si uno no cumple esos requisitos, algo está pasando. Eso requiere una preparación constante y que continuamente te estés actualizando. Pero tu empatía no puede perderse. Tampoco se puede excusar que “porque hago esto”, no soy empático.

El ajedrez y la medicina son una toma constante de decisiones

P. ¿La empatía se enseña en las facultades?

R. Sí. Todos los que hemos pasado por la universidad queremos imitar a un profesor o a un profesional de la carrera. Es algo que se contagia. Aún así, la empatía se da como materia en Psicología Clínica, en Psiquiatría y, en la práctica, en el trato médico-paciente. Muchas veces se pierde porque la presión del sistema global hace que se llegue a pensar que no se quiere “perder el tiempo”. Ese pensamiento es erróneo para todas las partes.

P. ¿Cómo ha surgido el estudio que se publicará en breves?

R. Surge porque como neurocirujano tengo acceso a los softwares más avanzados del cerebro ya que son nuestra herramienta para operar. Al ser también jugador de ajedrez quería ver si los ajedrecistas, al igual que un tenista hipertrofia la muñeca, tienen una parte de su cerebro más desarrollada y así es. No puedo ir por la calle abriéndole el cerebro a la gente porque estaría mal y antes de obtener resultados, estaría preso (risas). Cuando salen estos softwares, que cuestan entre 500.000 euros y un millón, dije: “¿Qué pasa en estos cerebros?”. En el 2006 salió un trabajo que señalaba que a los taxistas de Londres que se sabían todas las rutas de Inglaterra se les hipertrofiaba un área del cerebro. Ahí se vio cómo tu actividad modifica tu cerebro. Después salieron estudios sobre los boxeadores que apuntaban  que el impacto cerebral producía daños en la base del cerebro y que estos deportistas podían desarrollar encefalopatías traumáticas de tantos golpes. ¿Y qué pasa con el ajedrez si estamos todo el día dándole vueltas a la cabeza? Ese software no lo tiene casi nadie: uno está en el Reina Sofía y otro, en la empresa HT Médica que trabaja en San Juan de Dios. Hablé también con los compañeros del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic) porque es la parte científica para que el estudio cumpla los requisitos mínimos para poder acceder a un trabajo científico. Utilicé mi amistad con ajedrecistas e hice 15 viajes a Linares, a donde todos los años acuden a jugar un campeonato muy concreto. Les dije a mis amigos que les tenía que hacer una resonancia para ver cómo era su cerebro. Esa prueba vale casi 5.000 euros y el tiempo dentro de la máquina se acerca a una hora. Después, analizamos cada paciente desde distintas variables. El software dio unos resultados y en el Imibic hicieron un análisis estadístico. Por su parte, dos neuropsicólogos de la Universidad de Granda valoraron esos análisis. A partir de ahí vimos los cambios estructurales del cerebro. Se prevé que el estudio se publique este año. Cada profesional ha analizado los resultados de manera ciega, lo que hace que el trabajo tenga una mayor relevancia y credibilidad. Lo más importante es la reproducibilidad, es decir, que los resultados se puedan extrapolar y reproducir. Estoy seguro que aprender un nuevo idioma puede ser tan bueno para el cerebro como hacer algo mental, pero no puedo saber qué idioma tienes que aprender para que tu cerebro se modifique realmente. En el ajedrez, como tenemos ranking y fuerza de juego, se puede decir que, a mayor nivel, diferentes estructuras del cerebro se hipertrofian.

P. ¿Qué futuro se abre con este estudio?

R. Aporta nuevos horizontes y nuevas ideas porque hoy más que nunca, el cerebro está en peligro por el tipo de pensamiento que estamos teniendo; un pensamiento superfluo que aparentemente parece resolutivo pero que tiene poco recorrido. En el ajedrez no puedes pensar superficialmente porque la capacidad del error es inmediata. En la sociedad, todo está hecho para que sea rápido y eso tiene una ventaja porque parece que estás haciendo una multitarea, pero no te está generando la capacidad de la reflexión y la autocrítica. Ambas son súper importantes para que tu progreso sea a pasos sólidos. Si no hay una reflexión, un pensamiento predictivo y un análisis previo de tu situación, no puedes mejorarla porque no dependerá de ti, sino de tu entorno. La enfermedad del alzhéimer es una de las más devastadoras de nuestro cerebro. En teoría todos la vamos a pasar de aquí a los 100 años. ¿En qué influye que algunos lo tengan antes o después? Hay un componente genético importante, pero también están tus hábitos, como el sedentarismo, la alimentación… En casos excepcionales, como quien ha sufrido una vida traumática, el alzhéimer viene bien. Incluso pienso que puede ser una bendición de Dios, pero a nadie nos gustaría sufrir alzhéimer al final de tu vida o a los 60. La diferencia entre vivir más o menos es el cerebro: puedes correr o andar y eso te llevará hasta los 80. La gente que llega a 100 generalmente son las personas que han tenido el cerebro más desarrollado porque lo han nutrido de alimentación y procesos cognitivos.

La concentración en el quirófano me la ha dado el ajedrez

P. Entonces, el estudio relaciona directamente el ajedrez con el alzhéimer.

R. Correcto. Podemos sacar conclusiones muy interesantes. Ya sabemos que hay unas zonas concretas del cerebro que comienzan a degenerarse y, al final, hay una degeneración masiva en los lóbulos. Precisamente, lo que hemos encontrado es que las áreas del cerebro que se hipertrofian con el ajedrez son las que se ven afectadas por el alzhéimer. Nos llamó muchísimo la atención. Es cierto que no conocemos ajedrecistas con alzhéimer, pero no puedo ser temerario y decir que el ajedrez te lo va a curar porque sabemos que una enfermedad degenerativa siempre se presenta. Lo que podemos es inferir en que se pueda ralentizar. Pero sí hemos visto que, al comparar los cerebros de los ajedrecistas con los de la población general, se establece una relación causal que apunta que las áreas que se hipertrofian en el ajedrecista son las que se deterioran en el alzhéimer. Para estar seguro de que exista una relación directa entre este deporte y la enfermedad tendríamos que coger a dos personas y estudiarlas desde los diez hasta los 100 años. Ese estudio es inexistente e imposible de realizarlo. Lo que uno puede decir es que el ajedrez tiene un factor neuroprotector aunque no se pueda asegurar al 100%.

Otro de los hallazgos interesantes es que el cerebro del ajedrecista no cumple el patrón normal de deterioro que produce el alzhéimer. Primero se pierde un poco la visión, después la audición y, por último, la cabeza. En el ajedrecista, ese patrón no se cumple. El desgaste parece más parcheado y en diferentes zonas.

También ha quedado demostrado que la inteligencia no influye para ser ajedrecista. A los participantes les hicimos un estudio del cociente intelectual y pruebas neuropsicológicas y nada de nada. El cociente intelectual era el adecuado: ni el bueno tenía el de Einstein ni el malo tenía uno bajo. La inteligencia por sí sola no es un factor determinante para jugar al ajedrez y tiene lógica: ver a Messi y sabes que no va a tener un premio Nobel de la Física al igual que Einstein no metería cinco goles en un partido. Eso hace ver que el cerebro tiene funciones determinadas y uno tiene que desarrollarlas. Creo que la preparación, el trabajo, la perseverancia y la pasión son aspectos tan importantes como el grado de inteligencia. Por tanto, se demostró que las personas con mayor nivel ajedrecístico no tenían mayor coeficiente intelectual.

P. ¿Cuál es el nivel mínimo de juego de ajedrez al que se puede extrapolar estas conclusiones?

R. Es una de las preguntas más importantes y más difíciles de contestar por lo siguiente: no sabemos qué necesitas o cuánto tiempo necesitas para que tu cerebro se desarrolle de una manera u otra, pero nuestro punto de partida puede ser un acercamiento: si un jugador de ajedrez es capaz de jugar a ciegas, tiene ya metido el ajedrez en su cabeza. Jugar a ciegas es vendar a los jugadores mientras que estos van diciendo sus jugadas y hay otra persona moviendo las fichas. Hay gente que lo logra muy rápido y otras personas que no lo consiguen. Ambos tenemos el tablero incrustado en nuestro pensamiento. En el ajedrez hay jugadores con déficit visual y juegan muy bien; personas que la sociedad ha excluido y que aportan muchísimo. ¿Por qué una persona con una minusvalía no puede aportar? Qué bonito es insertar a personas de todas las características. Por que tenga un déficit no te va a regalar el punto. En otro deporte, una persona con una minusvalía queda excluida.

P. ¿Jugar presencialmente u online implica el mismo desarrollo del cerebro?

R. La fuerza de juego se mide por lo que juegas presencialmente. La diferencia entre jugar online y presencial son unos 200 puntos de fuerza. Por ejemplo, yo tengo una fuerza online de 2.700.

El cerebro es el órgano que más se parece al ajedrez

P. ¿A qué hace referencia la fuerza de juego?

R. Es como un ranking mundial, como la ATP en tenis. Si tienes 8.000 puntos eres el número 1 y si tienes 7.000 a lo mejor eres el número 15. Pero, en la realidad, mis 2.700 puntos se transforman en 2.400 puntos porque online intervienen factores como el ordenador. Si tienes uno rápido, puedes ganar a tu contrincante por tiempo y por la diferencia que se puede producir. Hay gente que se copia también, por ejemplo. En el juego presencial hay mucha gente a tu alrededor, tienes a tu contrincante mirando, molesta que te atornillen la pieza porque es de mala educación… Hay gente que online juega muy bien pero cuando está sentado frente a otro, no lo es tanto.

P. ¿Estas conclusiones se pueden aplicar ya a la Medicina?

R. Totalmente. Hay estudios con pacientes con esquizofrenia, déficit de atención en los niños y presos. Extremadura se ha enfocado a la parte social del ajedrez e instruye a los presos en este juego. Han mejorado las penas de prisión, las reducciones, las recaídas y la adaptación. En la cárcel están las personas que han violado las normas y el ajedrez las tiene muy claras y hay que respetarlas. Se ha aplicado también para valorar alumnos de rendimiento escolar y se ha demostrado cómo mejora entre un 20% y un 30%. Eso es muchísimo. El estudio viene a apoyar teorías estructurales. También se está utilizando mucho en el ámbito de la neuropsicología. Todo apunta a que el ajedrez va sumando.

P. Viendo este potencial médico del ajedrez, ¿la sociedad lo ha infravalorado?

R. Sí. El ajedrez ha pasado por muchas etapas. En los años 1.500, si jugabas, te mataban porque pasó a ser un juego de guerra y de incitar a la violencia. Luego llegó un paradigma que decía que si lo aprendías, te volvías loco antes. Una cuestión curiosa es que la forma actual de jugar al ajedrez se hizo en España. A pesar de que tiene un origen que todavía hoy se discute, las reglas actuales son españolas porque los reyes pusieron una cruz sobre el rey y le dieron más poder a la reina por la reina Isabel lo dijo así. Antes, la ficha de la reina se movía solo un paso. El primer campeón mundial no oficioso es un clérigo de Zafra: Ruy López de Segura. La apertura más famosa del mundo y la que más se juega es la que lleva su nombre y se le denomina también como la apertura española. Es la favorita de todos los campeones mundiales. La segunda apertura de reina que más se juega, que no es el gambito de dama, es la que se denomina catalana.

Sobre el avance que ha seguido teniendo el ajedrez, las últimas etapas están marcadas por el trabajo científico. Todavía vas a la RAE y te dice que es un juego de mesa y no lo es. El Monopoly, sí. En el ajedrez te dejas la cabeza y pierdes entre cuatro y cinco kilos en un torneo por el enorme gasto metabólico de este deporte. El cerebro gasta más que un riñón, el hígado o el corazón. El problema es que no se ve por fuera y la taquicardia te la llevas para tu casa. El ajedrez también pasó por una etapa de misticismo, de que quien lo practicaba era un bichito raro… A una sociedad más moderna que lo está viendo como una estrategia terapéutica en la sanidad. Hoy día hay pacientes a los que les ha dado un ictus cerebral y se les recomienda que jueguen un poco al ajedrez para que su reconexión cerebral se vuelva a activar. De hecho, en el documental aparece un gran maestro que sufrió un ictus. El ajedrez es un fármaco protector para tu cerebro.

El ajedrez mejora tu nivel de inteligencia

P. ¿Y la inteligencia se hereda?

R. Um… No. Se heredan los patrones. Si no nutres la inteligencia, no se hereda. Si nuestro cerebro lo usamos más, nuestras generaciones heredarán esas semillas, como los hábitos.

P. ¿A sus pacientes les recomienda el ajedrez?

R. No tanto como quisiera porque mi cirugía va destinada a operar cerebros, pero siempre les recomiendo, para no ser invasivo en su intimidad, que hagan algo lúdico. Yo espero que hagan algo con la cabeza. No le voy a decir: “Mira, toma, aquí está el ajedrez completo y el tratado. Soy ajedrecista así que estúdielo porque me lo va a decir mañana” (risas). Todo lo impuesto genera rechazo. Yo les invito siempre a que hagan algo lúdico con su cerebro: juegue a las cartas, al dominó… Y cuando la persona pide más, le doy más, porque una vez que toque el ajedrez, ya tiene para el resto de su vida. Es infinito. Yo no critico a alguien que no se acerque al ajedrez por desconocimiento porque puede tener sus propios valores, pero si sabes los beneficios es triste que no se los digas a alguien que lo necesita. Inconscientemente, nuestra especie humana todavía mantiene ese germen de búsqueda de lealtad, de esa nobleza, porque en el fondo siempre somos buenos. Hasta la persona más mala tiene esa semilla de corazón. Sé los beneficios que tiene el ajedrez y mi posición siempre será exponerlos para quitarle los estigmas que puede tener. El respeto va de que cada uno sea libre en decidir.

En un torneo de ajedrez pierdes entre cuatro y cinco kilos

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