Carlos Baquerín: “Si UCOR ganase en 2015, Córdoba sería el infierno”

Carlos Baquerín FOTO: MADERO CUBERO

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FOTO: MADERO CUBERO - VIDEO: VICTOR MOLINO

Terminamos la entrevista en su despacho con vistas a la nave central de la iglesia del Palacio de la Merced, sede de la Diputación. Carlos Baquerín, el edil díscolo de Unión Cordobesa (UCOR), el nuevo archienemigo de Rafael Gómez, con quien comparte partido y bancada también en el Ayuntamiento, se despide con un apretón de manos y una sonrisa afable. “Sigo sin saber quién es usted”, le dice uno de los periodistas de CORDÓPOLIS. Baquerín encaja el comentario con educación y caballerosidad. “Bueno, tal vez tengamos que hacer otra entrevista más adelante”.

El concejal y diputado es un hombre alto, pausado, de aspecto desgarbado y a veces taciturno. Pero engaña. Controla el discurso, elabora perfectamente sus respuestas, desarrollándolas más como el abogado que es, que como el político que quería ser. Porque Baquerín es miembro fundador -ahora a su pesar- de uno de los experimentos políticos más extraordinarios que Córdoba haya parido en democracia: Unión Cordobesa, el partido apolítico y extremadamente populista de Rafael Gómez, conocido popularmente como Sandokán.

UCOR es una criatura concebida por este empresario imputado en el caso Malaya de corrupción urbanística y el mayor deudor del Ayuntamiento de Córdoba por la construcción ilegal de cuatro hectáreas de naves y almacenes en terreno protegido. Pero ni los 24,6 millones de euros que Gómez tiene pendiente de pagar a las arcas municipales ni los antecedentes judiciales del líder de Ucor hicieron que Baquerín se lo pensase dos veces antes de dejarse seducir. Un día de 2011 cruzó la puerta del despacho del joyero y constructor para dotar a un proyecto personalista y visceral de unos mimbres suficientes y un esbozo de coherencia que lo terminaron aupando a primera fuerza de la oposición en el Ayuntamiento de Córdoba.

Pero como si Baquerín fuese una suerte de doctor Frankenstein, la criatura a la que ha ayudado a dar vida, ahora le ataca. Pocos meses después de llegar al Consistorio y a la Diputación, sus choques con Gómez y el resto de compañeros de grupo se hicieron evidentes. Su visión de un papel de oposición contrastaba con lo que Gómez tenía en mente. Y sus desavenencias, además de alcanzar cotas de auténtico surrealismo, han terminado en los tribunales.

P. La pregunta que nos hacemos todos es qué hace una persona como usted en un lugar como este.

R. (Risas) Y por este no nos referimos a la Diputación, ¿no? Vamos a ver cómo os lo explico, porque yo muchas veces también me levanto por la mañana y me preguntó lo mismo. Y de hecho, a veces yo tampoco tengo una respuesta demasiado clara. Yo vi en prensa una noticia muy corta que simplemente decía que Gómez, al que yo no conocía, se quería presentar a las elecciones municipales y que había creado un partido para ese efecto. Me pareció interesante. Por lo pronto, era una iniciativa ciudadana, pura y dura, para acceder a las administraciones y hacer las cosas de manera diferente. Aunque luego he visto que no hemos hecho las cosas de manera diferente o no las han hecho, pero eso es otro cantar. En cualquier caso, me hacía ilusión tener esa oportunidad. Por otro lado, yo tenía y sigo teniendo una cierta rebeldía por lo que creo que Córdoba podría ser y no es. También había cosas que yo creía que podía aportar por mi experiencia profesional, que es larga. Y bueno, sin más, me fui a ver a Gómez para que me explicara qué idea tenía en la cabeza. Me contó que quería crear un partido político para presentarse a las elecciones [locales] y ser alcalde. Literalmente, esa era la idea. Pero estaba todo por hacer. Me contó sus ideas, que eran muy básicas. Yo le di otras. Charlamos una hora y media. Y al día siguiente, me llamó diciéndome que quería que participara en este proyecto con él. Lo primero que hice fue ver cómo estaba el proceso de creación del partido. Vi que estaba atascado en el Ministerio del Interior, es decir no estaba ni creado ni registrado. A partir de ahí, tratamos de crear una estrategia, estábamos en enero, si no recuerdo mal y teníamos que presentarnos en las elecciones de mayo.

Yo vi en prensa una noticia muy corta que simplemente decía que Gómez, al que yo no conocía, se quería presentar a las elecciones municipales y que había creado un partido para ese efecto. Me pareció interesante. Por lo pronto, era una iniciativa ciudadana, pura y dura, para acceder a las administraciones y hacer las cosas de manera diferente

P. Dice que antes no conocía Gómez.

R. No le conocía.

P. ¿Y no le dio por entrar en Google y teclear Rafael Gómez Sánchez a ver qué salía publicado?

R. Vamos a ver, yo no conocía a Rafael Gómez personalmente. Lo había oído nombrar. Yo llevaba por entonces en Córdoba aproximadamente seis años y pico. Pero era un estar y no estar, solo pasaba los fines de semana aquí para estar con mi familia y mi vida profesional y social estaba en Madrid. Así que sabía quién era pero no tenía más referencias. Sí es verdad que con ocasión de aquello [su interés por la formación del partido de Gómez] pedí alguna información. Y vi que había dos cuestiones claves: por un lado, el tema de las naves; y por otro, el tema del caso Malaya. A parte de eso, en Córdoba cada uno contaba una historia sobre Rafael Gómez. Algunos hablaban muy bien, algunos hablaban muy mal. No tenías certezas de si era un ángel, si era un monstruo o si era un demonio porque cada uno te da una versión diferente. Había quien decía que ayudaba a mucha gente y había quien decía todo lo contrario. Yo me preocupé con el tema de las naves y con el tema del caso malaya y lo hablé con él. Desde el principio lo dejamos claro. Es decir, que el tema de las naves era algo suyo que correspondía a su etapa empresarial y que si nos metíamos en un proyecto político, yo, desde luego, iba a mantener mi opinión con respecto a ese tema. Conocía poco de lo que había pasado, pero luego me fui enterando y ya tengo una idea más clara. Pero sí dejamos claro que era un tema suyo y que en su momento, si tenía que asumir las responsabilidades por lo que había pasado, tendría que asumirlas él y que no era un tema de partido. Era un tema suyo. Con el caso malaya exactamente igual. Estaba y está imputado, pero correspondía a su vida empresarial y tampoco era un tema que me afectara. Eran dos temas que a mí me preocupaban pero eran dos temas personales suyos. Sí es cierto que de cara a la campaña los tuvimos en cuenta porque no cabe duda que eran dos temas de peso pero que, bueno, a mí no me sirvieron para prejuzgar si Rafael Gómez era mejor persona o si tenía unas intenciones peores. Simplemente eran dos circunstancias y las dos estaban pendientes de resoluciones judiciales. Tanto en vía administrativas, unas, como en penal, otras. Por tanto, a mí me preocupó el tema, pero no sirvió para alejarme de la primera intención que teníamos: crear un partido político para ayudar a la gente, hacer política de manera distinta, para hacer lo que no se venía haciendo en el ámbito de la política local. Para hacer algo que a mí me ilusionaba en ese momento.

No tenías certezas de si Gómez era un ángel, si era un monstruo o si era un demonio. Porque cada uno te da una versión diferente. Había quien decía que ayudaba a mucha gente y había quien decía todo lo contrario. Yo me preocupé con el tema de las naves y con el tema del caso malaya y lo hablé con él

P. ¿Nunca pensó que Rafael Gómez podía haber entrado en política buscando un beneficio propio en esos dos casos, precisamente?

R. En aquel momento no lo pensé en ningún caso. Si hubiera tenido la más ligera idea de que Rafael Gómez quería aprovechar una iniciativa política, incluso un éxito político como en teoría tuvimos para buscar un beneficio personal, jamás me hubiera prestado a este proyecto. En ningún caso. No tenía yo ninguna necesidad. Luego ya, viendo el devenir de los acontecimientos, sí me he planteado serias dudas y hasta unas certezas, pero en ese momento, en ningún caso. También es cierto que fueron solo cuatro meses, fue una actividad frenética y tampoco hubo mucho más tiempo que para desarrollar una campaña, montar un programa, buscar a las personas para integrar una lista y poco más.

P. Pero en esos cuatro meses tuvo tiempo de conocer a Rafael Gómez. ¿No empezó a darse cuenta de su personalidad?

R. Verás...

P. Sus mítines nos sirvieron a los periodistas para confirmar que Gómez era... Rafael Gómez.

R. Hay que decir que Rafael Gómez tiene bastantes habilidades. Y una de ellas es mostrar a cada persona con la que se topa, la imagen más adecuada. Creo que Gómez tiene muchas caras y, en función de con quién está y a qué finalidad quiere llegar, es capaz de mostrar caras muy diferentes. Y es muy bueno haciendo eso. Al final, con el transcurso del tiempo, esas caras muchas veces se caen, pero es muy bueno haciendo eso. Por lo tanto, en ese periodo de tiempo yo vi a una persona bondadosa. Hasta en mi propio discurso en la Diputación hice constar que Rafael Gómez es un hombre bueno. Y a fecha de hoy, tampoco voy a decir que sea malo, no voy a juzgar la ética de nadie. Lo he considerado un hombre bondadoso, he visto cómo, cuando estábamos en campaña se acercaban personas con problemas personales y yo le vi siempre con intención de ayudar. De hecho, ayudaba. Muchas veces me conmovió en el ámbito personal. Yo vi bondad. Y eso, para mí, es muy importante. Era casi más importante que el hecho de considerar que una persona pueda tener buenas intenciones y buen fondo. En esos meses también comprobé que había una serie de limitaciones, derivadas de la propia formación académica y otras de su trayectoria personal. Pero algunas de esas limitaciones, a efectos de campaña, eran hasta útiles. Esas limitaciones no eran un pasivo, eran un activo.

Rafael Gómez tiene bastantes habilidades. Y una de ellas es mostrar a cada persona con la que se topa, la imagen más adecuada

Era un hombre muy populista de manera clara, con un mensaje muy elemental, pero era el mensaje oportuno para vender en ese momento. De hecho, yo no tuve participación activa en la campaña. No parecía oportuno que lo tuviera. Así que el protagonismo fue suyo porque era un poco lo que vendíamos. Y su discurso era distinto y mucho más moderado. Por eso, no recuerdo nada en esos cuatro meses que me hicieran sospechar de esa otra identidad diferente que he descubierto después. Salvo una vez, en una reunión con empresarios de Apreama, en la Torrecilla, en la que hablamos de las necesidades del polígono, sus deficiencias, lo que había que hacer. En un momento dado, a Gómez se le fue un poco la cabeza y con respecto a unas cosas que yo estaba comentando a los empresarios y que eran muy razonables prácticamente se puso.... Yo creo que se enajenó y empezó a decir que todo eso era una tontería, que lo que había que hacer eran viviendas y en fin... Por unos minutos apareció un Gómez que yo no conocía.

P. El Gómez de los plenos del Ayuntamiento.

R. Ese Gómez y peor. Y después de esa reunión le dije: “Rafael, esto que me has hecho hoy, nunca más. O me voy”.

P. ¿Y qué le respondió?

R. Me pidió perdón, me dijo que estaba muy nervioso porque tenía muchos problemas, cosa que era verdad; y me dijo que no volvería a ocurrir.

P. Gómez nunca ocultó que la esencia de su programa era la misma que contó en esa reunión de empresarios que usted comenta. Aquello que a usted le asustó era algo público.

R. Lo que me asustó no fue que incidiera en el tema de la construcción, que pude ser una salida como otra cualquiera y que de hecho el alcalde ahora mismo ha vuelto a apostar por ella. No fue eso, fueron las formas y el contexto. Estábamos hablando de una forma distendida sobre proyectos para un polígono concreto y en un momento se alteraron las formas y el discurso derivó hacia algo que no tenía nada que ver con lo que estábamos hablando. Aquella reunión fue desastrosa para el propio Gómez y para los ocho o diez empresarios, que seguro que no nos votaron. Y para mí fue una sorpresa. Es cierto que en nuestra primera reunión ya me habló de la construcción, yo le insistí en el tema del empleo y él me habló de un megaparque temático en Córdoba que en seguida se lo quité de la cabeza.

P. ¿Cómo explica que de la noche a la mañana, llegando de la nada, sin conocer a Rafael Gómez, se convierte en su mano derecha y en el cerebro de su campaña electoral, en la que tanto había apostado?

R. Cuando yo conocí a Rafael Gómez estaba absolutamente solo, aislado. Yo creo que estaba olvidado. Era casi un juguete roto. Le conocí en unas naves que estaban prácticamente a oscuras porque no había presupuesto para tener luz, donde hacía un frío que pelaba porque no había presupuesto para calefacción. Yo no quiero pensar que cualquiera que hubiese aportado ideas a Gómez de cara a su proyecto hubiese sido bien recibido, pero tampoco me quiero atribuir ningún mérito innecesario. Le presenté un currículum largo que supongo que no leyó él pero sí su yerno y su entorno. Mi bagaje es demostrable. Pero probablemente, si otra persona con menos formación hubiese ido en esas circunstancias a echar un cable al señor Gómez, él también lo hubiera podido considerar y hasta aceptar. Porque en aquel entonces, yo creo que Rafael estaba en uno de sus peores momentos. Eso fue lo que yo pude captar. Tenía muchos problemas.

P. ¿Con problemas hasta para encender la luz de las naves?

R. Eso fue lo que me dijeron, sí.

P. El caso es que usted se convirtió en la mano derecha de Rafael Gómez, fue nombrado portavoz en la Diputación, alguien con mucho peso en el Grupo Municipal de UCOR a pesar de que la portavocía fuese para Alburquerque. Pero una actividad tan intensa se rompe y se convierte en el edil díscolo de Ucor.

R. A ver, el que decidió venir como portavoz de la Diputación fui yo. En aquel momento yo era un poco el que tomaba las decisiones. La idea era extrapolar a los pueblos el proyecto que habíamos tenido en la capital, de cara a unas próximas elecciones. Yo me responsabilicé un poco de montar esa estructura. Decidimos que el señor Alburquerque se ocupara del Ayuntamiento porque yo me iba a ocupar de la Diputación. Con respecto a por qué sucedió lo que sucedió, la ruptura, pasó el verano postelectoral y en septiembre se dieron los primeros problemas. El Gómez que yo conocí, ese Gómez del que yo hablaba, cambió radicalmente. La idea que Gómez tenía de UCOR después de ese verano de 2011 ya era muy distinta. Ya no era la de un partido con ideas propias, independencia y capaz de hacer cosas diferentes y que se iba a democratizar, dejar de ser un partido presidencialista y abrirse a un proceso asambleario. Todo eso ya pasó a la historia. De proceso democrático, nada. Y lo que me encontré es que en lugar de hacer lo que era esperable, una oposición leal pero una oposición, en el Ayuntamiento se hizo seguimiento del PP.

Cuando yo conocí a Rafael Gómez estaba absolutamente solo, aislado. Yo creo que estaba olvidado. Era casi un juguete roto. Le conocí en unas naves que estaban prácticamente a oscuras porque no había presupuesto para tener luz, donde hacía un frío que pelaba porque no había presupuesto para calefacción

P. ¿Cuál fue el punto de inflexión que le llevó a escribir aquel primer artículo?

R. Pues el primer artículo con el que él se enfadó mucho -pero que en realidad era bastante light- surgió porque Gómez nos reunió y nos vino a decir que nosotros teníamos que seguir las líneas marcadas por el PP porque había ganado las elecciones. Y dijo algo que luego volvió a repetir en un Pleno del Ayuntamiento: que todos los votantes de Unión Cordobesa estaban con el PP. Yo le dije entonces en privado y después públicamente, que si los votantes de Unión Cordobesa hubiesen querido votar al PP lo hubiesen hecho. Pero si nos votaron a nosotros era para hacer algo diferente. Su vínculo era entonces claro con el PP y cómo yo veía que el PP estaba usando a Unión Cordobesa para sus intereses, como un colchón. Eso fue lo que hizo rebelarme. Por eso me granjeé una enemistad importante de muchos concejales del PP que parecían no entender que yo fuera un tipo incómodo. Tampoco mis propios compañeros en el Ayuntamiento lo entendieron. Incluyendo al propio señor Gómez, que veía muy claro que su idea, su línea era servir de apoyo al PP. Y las cosas no han cambiado en ese sentido.

P. ¿Y por qué no deja el partido y se convierte en concejal no adscrito?

R. Lo normal en una relación como la mía sería pasar a esa condición. Y no lo he hecho porque no he podido hacerlo. Nosotros firmamos dos documentos de lealtad, entre comillas. Fue una exigencia del señor Gómez y yo, que nunca pensé que fuésemos a tirar de eso, tampoco le puse muchos inconvenientes. Uno se hizo notarialmente con carácter privado-público y otro de carácter privado fue firmado por todos los miembros de la lista. Se dijo que se nos iba a dar una copia a cada uno y nunca se hizo. Lo que se venía a decir era que existía una sanción económica de 100 millones de euros para aquél que abandonara, sin autorización del partido, el grupo municipal con intención de irse a otro grupo. Pero no recuerdo si también se incluía al grupo mixto o incluso la posibilidad de convertirse en un concejal no adscrito. O incluso, para abandonar el grupo sin más. Yo siempre he dicho que ese documento es nulo de pleno derecho.

P. Parecería obvio, ¿no?

R. Sí, pero también digo que, a pesar de que pueda ser nulo de pleno derecho, si el señor Gómez, a malas, decide interponer una demanda, seguro que entra en el juzgado y se tramita. Conozco bien el sistema procesal español. Los costes iniciales de ese proceso son astronómicos y los riesgos también. Porque, por mucho que me parezca que es nulo, no tengo ni idea de lo que puede decidir un juez. Estamos acostumbrados a ver resoluciones judiciales dramáticas. En mis circunstancias, meterme en una batalla legal de semejante calado, con los costes que eso supone de procurador y abogado, no me compensa. Por eso, desde el primer momento, le dije al señor Gómez si me firmaba una exención de responsabilidad, yo de inmediato me convertía en concejal no adscrito. Pero él nunca lo hizo. Por eso se han complicado tanto las cosas.

P. Tampoco creemos que tenga 100 millones de euros en el banco. Y tiene posibilidades de volver a perder, como le ha ocurrido en su último juicio por la pintada del cártel de Rafael Gómez.

R. Pues no apostaría yo tampoco, la verdad (Risas)

P. ¿Por qué le pintó una nariz de payaso al cartel con la cara de Gómez?

R. Una nariz de payaso no pinté. Pinté un cartel. Pensé que era una tontería pero cuando vi que el tema trascendía y el señor Gómez preguntaba por este tema, yo mismo reconocí que había pintado el cártel. ¿Por qué lo hice? Porque he pasado las de Caín. En estos dos años he tenido de todo. No solo me he sentido coaccionado e insultado, sino que he tenido situaciones de tensión extraordinarias. Buena parte del entorno de Gómez utiliza unas técnicas que prefiero no calificar pero que son durísimas. En un momento de máxima tensión, tras un Pleno en el que habían vuelto a engañarme para que yo no pudiera reaccionar, entré a mi despacho a dejar unas cosas. Hay que decir que fuera del mismo había varios carteles colgados, pero que dentro eran cerca de 30. Empapelaban aquello de carteles con la intención clara de coaccionar y molestar. De pronto salí y vi el cartel del señor Gómez en la puerta. Tuve un arrebato, cogí un bolígrafo e intenté pintarlo. No pintaba ese boli. Entré de nuevo, y el segundo que cogí seguía sin pintar. Solo conseguí rayarlo, pero allí no había una nariz. Sí, fue una chiquillada y no estoy contento de eso. Pero otra cosa es que, cuando el entorno del señor Gómez ya veía que no podían engancharme con nada, utilizaron eso. Y vino un abogado a los tres días con un cartel que no es el que yo había pintado, que tenía una nariz de payaso en la cara de Gómez. Un juez ha considerado en primera instancia que efectivamente hay una nariz. Pero las pruebas se impondrán.

Una nariz de payaso no pinté. Pinté un cartel

P. Volvamos al principio, cuando entró usted en el proyecto de UCOR ¿Rafael Gómez le prometió algo?

R. No, en ningún caso.

P. ¿Y al resto de sus compañeros de filas?

R. No lo sé. La lista la hice yo en base a personas que fueron llegando y es cierto que todas tenían un vínculo directo o indirecto con el señor Gómez. Yo no sé qué pudo prometer o dejar de prometer a otras personas pero, desde luego, delante de mí no le ha prometido nada a nadie. A mis espaldas no lo sé. A mí nunca me prometió nada ni yo nunca lo hubiese permitido porque yo en todo momento pensé que este era un proyecto común y por tanto no tiene sentido que nadie te prometa nada. Otra cosa es que después él nos aclarase que el proyecto era solo suyo y solamente importaba lo que él opinara.

P. Políticamente, usted se considera ¿de izquierdas, de derechas, de centro? Y al partido, ¿en qué punto del espectro lo coloca?

R. Empezaré por el final. Creo que Unión Cordobesa no es clasificable desde el punto de vista de las ideologías políticas. También puede que esté inscrito en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior, pero desde el punto de vista de lo que exige la Ley de Partidos Políticos con respecto al funcionamiento democrático, creo que no cumple los requisitos. Y desde un punto de vista ideológico, creo que es inclasificable. De hecho, la idea era que el partido no tuviese ideología. Lo que se pretendía era que, al margen de las ideologías, fuese capaz de ayudar a los ciudadanos y prestar servicio público. Esa era la idea, que tampoco es fácil de llevar a la práctica. En todo caso, ahora solo obedece a los caprichos a los bandazos que el señor Gómez vaya teniendo; a lo que vaya intuyendo u oyendo. Y en función de eso, el partido se va posicionando, así como los concejales que son un poco marionetas del señor Gómez. Que no es mi caso.

Personalmente yo tampoco tengo una ideología política muy clara. Dependiendo de en qué faceta política nos movamos, yo puedo coincidir con planteamientos más propios de la izquierda y en otros con políticas de corte liberal. Si tengo que escoger, creo que soy más socialdemócrata que otra cosa. Pero tampoco puedo encasillarme excesivamente.

A mí Gómez nunca me prometió nada ni yo nunca lo hubiese permitido

P. ¿Espera llegar a cumplir los dos años que le restan?

R. Me gustaría, sí. Más por cabezonería que por que sea algo práctico. Me gusta asumir mis responsabilidades y las sigo teniendo porque iba de número dos en una lista. Y no se debe ceder ante unas presiones tan fuertes. Hay días que tras hacer mi trabajo y atender a gente tengo la sensación de que he hecho un trabajo bien hecho. Y eso me sigue dando satisfacciones.

P. ¿Y tras mayo de 2015 quiere seguir?

R. No, la política es provisional, nunca es para lucrarse y siempre ha de ser un servicio público. En mi caso van a ser solo cuatro años. Y tras mi experiencia, no tengo ganas de seguir. Tengo un acuerdo con un bufete de Madrid para incorporarme en cuanto termine la legislatura.

P. ¿Está contando los días?

R. Los hay que se me hacen más largos que otros. Por desgracia, son la mayoría.

P. ¿Qué ocurriría si Unión Cordobesa, ese monstruo que usted ayudó a crear, ganase las elecciones?

R. Bueno, a mí me cuesta mucho imaginar ese escenario. Podría ser el infierno (risas). El auténtico infierno. No creo que eso ocurra, pero si lo hiciese, Córdoba sería una ciudad bastante caótica. Gómez se mueve por impulsos, recomendaciones, consejos. A él no le importan las estructuras o las normas. Es un poco alegal en ese aspecto. Eso sí, de ocurrir, creo que se habría caído tan bajo que la ciudad tocaría fondo. Porque eso sería tocar fondo de forma absoluta. Y las cosas tal vez podrían empezar a cambiar de verdad. Pero insisto, no veo a Gómez como alcalde. Él quería ser alcalde cuando se presentó por primera vez, pero ya sabe lo que es y creo que es listo y sabe que no puede serlo, que no tiene esa capacidad. Pero no descarto la posibilidad de que Unión Cordobesa pueda ser llave, eso no lo descarto. Es una formación que está callada y hay una masa de votantes muy desinformados que no sabe lo que está pasando; una población que no sabe que Unión Cordobesa no ha hecho oposición en ningún momento. Y si en mayo de 2015, Gómez apareciese con un discurso parecido y nadie lo remedia, puede tener un resultado aceptable. Y si hay una bajada importante del PP, que es factible, y el resto de los partidos tampoco alcanzan una mayoría absoluta, que es algo que se puede dar, el escenario puede ser muy curioso. Encontrarnos con una UCOR que decida quién va a gobernar esta ciudad, que no es ser alcalde, pero casi, sería muy curioso. Aunque personalmente creo que sería algo desastroso para esta ciudad y espero que no ocurra. De verdad.

No veo a Gómez como alcalde. Él quería ser alcalde cuando se presentó por primera vez pero ya sabe lo que es y creo que es listo y sabe que no puede serlo, que no tiene esa capacidad

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