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Los patios de Córdoba, testigos de la Historia
Córdoba, con otro puente… y las Cruces en los patios

1953. Los Patios de Córdoba, testigos de la Historia

Todo hacía indicar que el certamen ya sería perenne. No era para menos, ya que logró encadenar nueve ediciones. Se trataba del período más amplio, sin interrupciones, de celebración desde 1921, en que tuvo lugar la primera. Pero la realidad, en poco menos de 12 meses, fue muy distinta. La década completa, a las que aspiraba el evento por primera vez desde su creación, no se cumplió. De nuevo, el Concurso de Patios quedó fuera del calendario del Mayo Festivo de Córdoba. Al menos, las emblemáticas casas tuvieron su presencia durante esos días de alegría en la ciudad. Fue, al igual que entre 1925 y 1929, mediante el de Cruces, que no se celebraba desde entonces. Por tanto, la capital recuperó una tradición y provocó el letargo de otra, aún sin saber en ese momento que las dos se complementarían como citas ineludibles, y cada cual con identidad propia, tiempo después.

Quizá el motivo de que el Concurso de Patios desapareciera otra vez, ésta de forma mucho más breve, fue que no conseguía atraer las deseadas participación y difusión mediática. A esta probable causa de la decisión del Ayuntamiento se unió la voluntad del mismo de devolver a la capital la costumbre de las Cruces de Mayo. En realidad, ésta no se había perdido, pero desde el gobierno municipal se pretendía reforzarla con un evento competitivo. La iniciativa corrió a cargo del alcalde en ese instante, Antonio Cruz-Conde y Conde, hijo y sobrino de otros regidores de Córdoba y hombre que, a pesar de su posición ideológica y de la situación del país, desarrolló la primera etapa de grandes renovaciones de la ciudad. Gobernó entre 1951 y 1962, una época en que, aunque no pueda intuirse por lo descrito en estas líneas, el certamen de las viviendas clásicas se afianzó para persistir hasta la fecha.

En cualquier caso, en 1953 se modificó el plan y se varió el Concurso de Patios por el de Cruces de Mayo, aunque los recintos y los monumentos florales estuvieran ligados. La fiesta llegó, por cierto, días después de que la capital empezara a contar con una infraestructura más esencial que necesaria, y esto último lo era también. Básicamente porque cruzar el río Guadalquivir resultaba muy complicado en esa época. Sólo existía una pasarela, que ni siquiera era de construcción moderna. Córdoba había heredado el Puente Romano y ésta era la única vía por la que podían desplazarse los habitantes de la zona sur al casco urbano como tal -hoy todo es un conjunto, si bien con notables diferencias todavía en cuanto a medios-. Por eso, resultaba fundamental la edificación y apertura de otro puente, y ése fue el de San Rafael.

Vuelven Franco y el No-Do

Fue el 29 de abril cuando Córdoba comenzó a tener ese segundo puente. Ese día tuvo lugar la inauguración, que se convirtió en un acto de enorme relevancia no sólo por lo que significaba. La cita la protagonizó Franco, que fue el encargado de cortar la cinta y marcar el inicio de un punto de tránsito muy requerido. El dictador regresó a la capital en una visita que se desarrolló con gran boato y a la que no le faltó absolutamente nada. Bueno, la libertad, que durante décadas fue una utopía como consecuencia del régimen establecido por el Generalísimo. Hubo entrega de más viviendas en Fray Albino, con una celebración muy al uso en ese período, en el estadio San Eulogio, hoy camino de la ruina. Después, otros compromisos tuvieron al tirano de paseo por toda la ciudad.

A diferencia de otros viajes oficiales, en éste hubo pernoctación de la autoridad. Quizá esto permitió a Franco conocer de cerca la singularidad de los patios, aunque no fuera en su vertiente más popular. Porque el dictador se alojó en el Palacio de Viana, lugar en el que ya estuvo, sólo un rato, Miguel Primo de Rivera en 1929. Lo cierto es que la agenda del caudillo fue extensa e intensa, con la celebración incluso de un desfile militar en el Paseo de la Victoria. El mismo generó imágenes propias del 12 de octubre actual. Tal grado de interés tenía el desplazamiento a Córdoba del tirano, acompañado de su mujer, Carmen Polo, que no faltó la grabación de cámaras para el No-Do. En el reportaje se reflejó, y puede verse todavía hoy, cada movimiento del Generalísimo, de nuevo entre vítores de miles de personas. Entre los momentos captados estuvo, claro está, la inauguración del puente de San Rafael, que hasta 2004 mantuvo placas con motivo de esa fecha. Entonces, ya en el siglo XXI pero casi 30 años después de la muerte de Franco, se retiraron.

«Entre aplausos de los cordobeses, Franco se dirige al puente enclavado en la carretera de Sevilla-Córdoba, sobre el río Guadalquivir. […] La construcción tiene una longitud de 240,6 metros y consta de ocho arcos de 25 metros de luz cada uno», se narró en el audiovisual del Noticiario Documental. El Puente Romano ya tenía, al fin, un hermano sobre el cauce fluvial a su paso por la ciudad. También fue señalado ese día el homenaje que los altos mandos, con el dictador al frente, realizaron a la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba. Esto es, al Gran Capitán, en un acto que albergó la plaza de Las Tendillas, entonces llamada de José Antonio -por Primo de Rivera, fundador de Falange (FET de las JONS)-. A razón de esta cita, se colocó una placa conmemorativa en uno de los laterales del monumento al militar natural de Montilla.

Sin Concurso, pero con patios

Por tanto, en 1953 hubo un segundo puente en la capital. Sin embargo, ésta se quedó sin el Concurso de Patios. Precisamente porque se quiso recuperar el desaparecido de Cruces de Mayo, que se desarrolló hasta ese instante sólo entre 1925 y 1929. Pese a ello, el alcalde procuró el mantenimiento de las tradicionales viviendas en la vida festiva de Córdoba. Lo hizo también para dar realce al certamen de los monumentos florales, que se ubicaron únicamente en casas con recintos abiertos. Así se explica el hecho de que, de nuevo, surgiera el número 15 de la calle Badanas. Este espacio fue el que obtuvo el primer premio en esta conjunción de costumbres. El segundo lugar se le otorgó al 30 de Montero, otro escenario relevante en la historia del evento, mientras que el tercero recayó en el 9 de Enmedio.

Si se resalta el último de los mencionados, ese año empezó a cobrar notoriedad en el Mayo Festivo el barrio del Alcázar Viejo. Aunque su definitiva explosión no se produjo hasta bastante tiempo después. La celebración concebida por Antonio Cruz-Conde y Conde se repitió en 1954. En esa segunda edición del ciclo, el triunfo fue para la Cruz erigida en el número 50 de Enmedio, precisamente en el entorno de San Basilio. Aun así, el 15 de Badanas no dejó de estar en el palmarés y sumó un segundo premio a su ya extensa lista de galardones. Con la idea de impulsar la cita, el Ayuntamiento tomó la medida, ya en esta ocasión, de ofrecer ayudas económicas a los participantes. La intención era compensar los gastos y el sacrificio de los cuidados de los recintos y al mismo tiempo, sucintamente, fomentar las inscripciones.

Hasta ahí se escribió la historia de las Cruces en los patios pues en 1955 el certamen ideado dos años antes se abrió a otros espacios. El escenario no tenía por qué ser siempre una casa. Un hecho éste que no evitó la entrega de premios a monumentos florales levantados en los emblemáticos recintos. Otra vez se impuso el número 15 de Badanas. El segundo y el tercer puesto fueron, respectivamente, para el 2 de la plaza de San Pedro y el 9 de Enmedio. Lo cierto es que en 1956 volvería la celebración que hoy es reconocido a nivel mundial para quedarse ya para siempre. Por mucho que a lo largo de las décadas haya tenido altibajos, ha proseguido y, en cierto modo, ha sido testigo de acontecimientos señalados. Como los primeros vuelos de pasajeros en un aeropuerto ahora -desde hace…- infrautilizado. Pero ésta es otra historia, quizá parte de la siguiente relacionada con el Concurso de Patios…

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